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Días aciagos: La (in)seguridad en Querétaro

Deben ser identificadas situaciones de riesgo, pidió Alejandro Ley Peralta, presidente del Consejo Consultivo del Observatorio de Seguridad

Foto: Gabriela Lorena Roldán

Por: David Eduardo Martínez Pérez

Igual que muchos obreros que trabajan en la zona norte de la ciudad, un hombre de 55 años volvió a su casa a su casa en Loma Bonita el 4 de octubre. Para la mayor parte de los queretanos no había nada extraño en aquel día fuera de los cuetes para San Francisco. Él, en cambio, estaba viviendo una de las peores situaciones de su vida, pues tenía un cuchillo atravesado en el cuello y no podía sacarlo sin riesgo de muerte.

Llegó a su casa diciendo que lo perseguían y se salvó de puro milagro. Su caso es una muestra de que la violencia no se expresa de forma exclusiva en balaceras, como la ocurrida en Candiles el 17 de septiembre, sino que también está presente en las zonas suburbanas donde la pobreza y la falta de servicios son la norma.

Tan sólo en un mes y medio se registraron nueve homicidios y tres intentos de asesinato en la zona metropolitana de Querétaro. Estas cifras nos hablan de que cada semana se hacen por lo menos dos tentativas de homicidio al margen del crimen organizado.

Aunque la cifra es relativamente baja si se le compara con datos de Saltillo o Ciudad Juárez, resulta notorio que estos homicidios se desarrollen casi exclusivamente en zonas populares y tengan como principales víctimas a los sectores más jóvenes de la sociedad.

 

Faltan mecanismos de denuncia

Previo a la sesión del Observatorio Ciudadano de Seguridad del miércoles 17, José Alejandro Ley Peralta, presidente del Consejo Consultivo, señaló la importancia de la participación ciudadana para generar mecanismos de denuncia que garanticen la integridad de quienes viven en zonas de riesgo.

Al mismo tiempo, reconoció que existen zonas problemáticas dentro de la ciudad y que deben ser bien identificadas sus situaciones de riesgo para que las autoridades puedan ejecutar operativos más eficaces.

Enrique Fremont Pérez, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad en Corregidora, aseguró por otro lado que es peligroso el crecimiento de los crímenes menores porque puede suponer el surgimiento de delincuentes “de otro tipo” que trabajan para el crimen organizado.

Para Fremont Pérez, toda situación criminal que implique el manejo de armas de alto poder implica necesariamente una implicación del crimen organizado, por lo que juzgó conveniente que la población “vigile a sus vecinos” y sepa qué clase de vecinos son.

En este sentido entró en desacuerdo con la presidenta del Consejo Ciudadano de Seguridad de Querétaro, María del Rocío Barrero Maldonado, quien afirmó que no hay elementos para vincular al crimen organizado con los homicidios llevados a cabo en la zona metropolitana.

De acuerdo con Barrero Maldonado, lo correcto sería establecer redes entre diversos organismos de seguridad ciudadana más que hacer conjeturas sobre una real o supuesta participación del crimen organizado en la zona metropolitana.

También consideró que las autoridades hacen “un buen papel”.

Por su parte, Ley Peralta manifestó que los únicos capacitados para comprender las problemáticas vinculadas con la inseguridad son los residentes de las zonas afectadas por éste fenómeno.

 

Recapitulación de decesos

Los ejemplos de la situación de inseguridad que experimenta Querétaro comienzan a proliferar. Todos han aparecido en su momento dentro de diversos diarios de circulación local.

La cuenta inicia el día 2 de septiembre. Cerca de la carretera a Coroneo, a la altura de La Negreta, un ciclista se dirigía a su casa bordeando la ribera del río que divide esta localidad de Santa Bárbara. Un bulto casi imperceptible llamó su atención y se acercó.

Ahí se dio cuenta de la verdadera identidad del bulto: era un cadáver con un tiro en la espalda. Sorprendido pidió una ambulancia y llamó a la policía municipal para reportar su hallazgo.

El difunto logró ser identificado. Resultó que sus familiares lo habían estado buscando desde la noche del viernes anterior al hecho. Su viuda y sus hermanos se congregaron en torno a su cuerpo inerte para llorar su desaparición.

Todavía no ha quedado del todo esclarecido quién disparó el arma. Hubo quien sugirió un posible suicidio pero el arma no logró ser localizada por lo que la idea no va más allá de lo hipotético.

Como si de un día maldito se tratara, ese 2 de septiembre no se conformó con esa muerte. En la colonia Francisco Villa un matrimonio joven discutía como consecuencia de un ataque de celos por parte del marido. Mientras éste insultaba a su esposa, su único hijo, un niño de tres años, lloraba intensamente.

El enojo del hombre llegó a tal grado que tomó una almohada y la presionó contra la cara de su mujer. Ella murió asfixiada al poco tiempo y cuando él se dio cuenta de lo que había hecho, decidió ahorcarse. Los vecinos no notaron nada extraño hasta que el llanto del niño se prolongó más de lo normal y entonces llamaron a la policía.

Ezequiel, alias “Melecio”, estaba en una fiesta en la colonia Menchaca II, conocida por sus riñas y rivalidades entre bandas. Pensaba pasar un buen rato junto a sus amigos, pero en lugar de encontrar muchachas, marihuana o alcohol, se topó con un grupo rival que lo agredió verbalmente y le arrojó algunas piedras.

Molestos, los amigos de Ezequiel fueron a sus casas para conseguir armamento. Él tomó una pistola calibre 38 que guardaba entre sus pertenencias y la llevó para vengarse.

Una vez frente a sus enemigos, levantó el arma y realizó algunos disparos al azar hiriendo a un niño de 12 años que era hermano de uno de los integrantes de la otra banda.

El niño no sobrevivió a esa noche, pues la bala quedó incrustada en su cabeza. Tres semanas después, Ezequiel fue detenido y brindó detalles sobre el crimen que cometió.

Estos dos últimos casos corroborarían parte de lo sostenido por Barrero Maldonado cuando afirmó que hay situaciones de violencia que obedecen más a cuestiones de pareja y riñas entre jóvenes dentro de zonas donde “hay mucho vandalismo”, que debido a vínculos con el crimen organizado.

 

Foto: Gabriela Lorena RoldánUn francés entre las cifras

También hay extranjeros entre quienes han sido víctimas del homicidio común en la zona metropolitana.

Christian Marie Charles Rémi era un ciudadano francés que tenía su residencia en la delegación Centro Histórico. Rémi era aficionado al vino y acostumbraba invitar amistades a su casa para beber con ellas.

Uno de esos amigos era Efrén “El Güero” Briseño, un vendedor de computadoras de la colonia San Pablo. Briseño bebió bastante y quedó semiinconsciente. Cuando despertó, notó que tenía la bragueta abierta y enseguida culpó a Rémi pensando que le había hecho sexo oral.

Como forma de recuperar un honor que creyó manchado, Briseño tomó un arma blanca y se la clavó al francés, provocándole una herida de muerte. Sería atrapado por las autoridades el 30 de septiembre en Cuautitlán Izcalli.

 

Balazos y celos

Otro de los casos tuvo lugar el 26 de septiembre en la colonia Las Margaritas. Éste es un asentamiento irregular donde no es posible saber a ciencia cierta quién es propietario de cada terreno.

César y su familia vivían en un pedazo de tierra que era reclamado como propio por algunos vecinos de la colonia. Las discusiones entre César y quienes le reclamaban eran frecuentes y fue en una de esas discusiones cuando ocurrió algo que cambiaría la vida de sus familiares.

Tras discutir por un rato, sus enemigos abrieron fuego y lo asesinaron, hiriendo a César y a otras dos personas, incluyendo un menor de edad. Todos se recuperaron menos César, quien falleció frente a su familia. Los agresores, que eran seis en total, fueron detenidos a los cuatro días de sucedido el hecho. César apenas tenía 22 años.

El 8 de octubre un sujeto conducía su auto hacia la ciudad de León, Guanajuato. La cajuela venía llena, no precisamente de maletas. Estuvo en León un par de horas y volvió a Querétaro con la misma mercancía con la que se fue: su esposa.

La joven de 26 años había sido asesinada esa mañana en un arranque de celos de su marido.

Él la estranguló y la encajueló mientras ideaba una forma de deshacerse de ella. Nunca dio con ninguna y finalmente se entregó solo al Ministerio Público. Ambos vivían en el fraccionamiento Privada Juriquilla.

 

El pretexto: robo de vehículos

Dos días después ocurrió otro incidente en la localidad de Buenavista, cerca de Santa Rosa Jáuregui, en este caso se trató de una muerte en la que un individuo mató a su amigo al dispararse por descuido una pistola.

Ahí mismo, en Santa Rosa, ocurrió otra muerte a la mañana siguiente. Varios ladrones intentaron robar un tráiler pero los conductores los descubrieron y corrieron detrás de ellos. Los ladrones lograron escabullirse pero los choferes dieron con “El Guty”, un habitante del Barrio de la Cruz, el caserío que se ve al lado derecho de la carretera en Santa Rosa.

“El Guty” era conocido por su afición a la bebida, pero no estaba involucrado en el robo. Aun así los choferes lo relacionaron con el robo y le dispararon dejándolo muerto en plena autopista 57.

Como si fuera poco, tres días después se encontró un encobijado cerca de Santa Rosa, el hallazgo se realizó en el kilómetro 42 del libramiento sur-poniente. La víctima tenía el cráneo destrozado y los peritos indicaron que se trataba de un cadáver “sembrado” en ese lugar.

Ese tipo de homicidios donde se identifica alguien abandonado y con las facciones eliminadas, son los que Fremont Pérez consideró como plausibles de ser cometidos por elementos del crimen organizado dentro de la zona metropolitana.

Fue un día complicado porque al mismo tiempo que los peritos verificaban la situación del cuerpo tuvieron lugar otros dos sucesos violentos.

Por un lado, se desató una riña en la colonia Prados del Rincón, ese día le tocó pelear a un chico de 22 años que resultó herido con un cuchillo y murió desangrado al poco tiempo.

En otra parte de la ciudad, a las afueras del Centro Expositor, Ángel se disponía a vender algunos autos que están expuestos en su terreno.

Por ser día laboral no era mucha la afluencia de clientes, así que Ángel se sintió un tanto extrañado cuando vio que un hombre se acercaba para preguntar por una camioneta Ranger.

El supuesto cliente le pidió a Ángel que le permitiera hacer algunas pruebas con la camioneta y el comerciante le concedió su deseo. Sin embargo, la camioneta aceleró súbitamente y el “comprador” se la llevó hacia la autopista.

Ángel alcanzó a subir e hizo todo lo posible para detener al ladrón. Éste notó la presencia del comerciante y realizó algunas detonaciones con arma de fuego. Ángel logró esquivar las balas pero cayó de la camioneta permitiendo que el ladrón se la llevara.

Un susto similar se llevó un taxista el día 20 de septiembre, cuando fue asaltado y encajuelado en su auto por sujetos desconocidos. Los asaltantes realizaron varios disparos hasta que elementos de seguridad lograron liberar al taxista.

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