El verdadero miedo no está en Gaza, sino en la indiferencia: Arlín Medrano

“Pensar que lo que pasa en Gaza no puede pasar en casa, es pensar que no somos parte de un mismo sistema y de un mismo tejido global,” reflexionó Arlín Medrano Guzmán, en entrevista para Tribuna de Querétaro, quién fue arrestada ilegalmente en aguas internacionales por las Fuerzas Armadas de Israel en octubre.
¿Hace falta cohesión social aquí en México? Y en caso de ser así, ¿cómo afecta esta falta de cohesión ante el ejercicio de la solidaridad con el propio país y mundialmente?
Pensaría que no. Tenemos un pueblo que entiende su memoria, que, al contrario, sabe resistir ante los distintos tipos de opresión que hemos vivido, pero, quizá, lo que hace falta es darnos cuenta qué no estamos solos, solas, sino que lo que vive México también se vive en Venezuela, en Colombia, en Brasil, en Chile, pero también se vive en Palestina y, por supuesto, en Congo y Sudán, donde al final el Sur Global sigue resistiendo y nos quieren indiferentes por las fronteras imperialistas. Entonces, más que cohesión interna sería pensar en cómo tejer internacionalmente para darnos cuenta de que lo personal es colectivo.
En este ámbito que tú ya viviste y que nosotros estamos viendo, ¿consideras que la paz existe sistemática? y ¿crees que el proceso de paz en el mundo obedece a una forma de control? Y en caso de serlo, ¿de qué depende?
La occidentalización del concepto de la paz nos ha llevado a creer que la paz es lo que el Norte Global impone por «paz», y es el mismo norte global que impone el caos o la guerra o el genocidio. Entonces, pensar que la definición de la paz la da el agresor quien hace que no exista, es también no poder escuchar nuestra propia concepción natural. Porque si creemos que la paz es una ausencia de bombas o silencio, esa es una conceptualización occidental, e incluso eurocentrista. Pero cuando nos damos cuenta de que la paz también es el sonidero, que la paz también es ver a los compas bailando, el arte y la forma que se expresa, ver a niños riendo en los parques, escuchar a perros ladrar… o sea la paz es vida al final.
Y ausencia de paz; no puede existir paz si no hay justicia social, si no hay soberanía, si no hay autodeterminación. Entonces, son ejemplos fundamentales para que podamos pensar en qué es «paz» para cada pueblo y, por supuesto, sin imponer nuestra propia narrativa, sino más bien escuchando. Y si alguien nos puede enseñar de esto, son los pueblos originarios de nuestro país, donde como morra blanca, no tengo la posibilidad de imponer ese micrófono, pero sí de abrir quizá otros espacios para que sean los mismos pueblos originarios que resisten y en el caso de Querétaro, ¿cuál es la historia? ¿Por qué es que no existen un montón de tradiciones y culturas y pueblos originarios? ¿Cómo es que el genocidio aquí permeó en la era colonial de una forma que ha llevado a perder muchas de las raíces de pueblos originarios que se viven en todo el país?

¿Por qué es importante observar en estos momentos a la derecha y el ejercicio político que se está haciendo en el marco de un posiblemente, voy a llamarlo así, posiblemente, el simular un falso activismo?
Entender que todo es política, sin embargo, cuando se partidiza una forma de pensar para sacar un lucro, y ojo, no estoy diciendo que los partidos políticos sean negativos, son una vía importante en la que el activismo puede actuar y crear políticas públicas importantes. El problema es que justo estamos viendo a una derecha desesperada haciéndose pasar por la Generación Z, por juventudes, utilizando nuestros micrófonos, utilizando nuestras narrativas cuando nosotras y nosotros tenemos mucho que decir. Entonces, lo que está haciendo la derecha no solamente lo está haciendo en nuestro país, sino lo vemos en Argentina, lo vemos en Ecuador, lo vemos, por supuesto, en Estados Unidos y cómo es que tenemos que unificarnos, pensar que todo va mucho más allá del ego, del; tú no–yo sí, es que tú vistes de tal color y yo de otra forma; y entonces entender que hay algo mucho más grande. Y el adultocentrismo que cae en nuestra generación, donde se nos criminaliza por existir, por ser, por hablar, por tener voz y sobre todo que, cuando tenemos voz somos criticadas y criticados por éstos. Entonces, este tejido es importante verlo porque, ¿por qué es que Miley, Netanyahu, Trump, Noboa, Bukele se unen y entonces ellos sí pueden tejer, pero nosotros no? Ahí es donde nos damos cuenta de que como juventudes tenemos que seguir tejiendo una generación y darnos cuenta de que, de nosotras y nosotros depende que ese algoritmo, que esos micrófonos, que esas cámaras sean para que nuestras voces sean escuchadas. Qué si nosotras y nosotros sabemos utilizar mejor el teléfono que estos boomers que quieren utilizarlo, pues que lo podamos usar para hablar, pero también entendamos que las redes sociales son necesarias, pero no suficientes. También hay que salir. Hay que salir de los espacios de privilegio, hay que cuestionarnos y sobre todo escuchar a aquellos que no tienen esta cámara para comunicarse y tienen mucho que decirnos.
Arlin, mientras tú estabas en esta misión o este acto de viajar a Gaza, tú compartiste una a través de Instagram una caja de preguntas para poder interactuar. Yo te hice esta pregunta: ¿Cómo borrar la línea entre tu deber periodístico y el posiblemente sentir miedo? Hoy te vuelvo a hacer esa pregunta, ¿Qué contestarías?
El miedo más grande que vivimos no fue enfrentarnos al ente sionista. Fue enfrentarnos a la indiferencia de una sociedad. El enfrentarnos a la justificación de un genocidio por personas reales, personas de carne y hueso que justifican lo que está sucediendo. Pensar que lo que pasa en Gaza no puede pasar en casa, es pensar que no somos parte de un mismo sistema y de un mismo tejido global.
El miedo más grande ni siquiera está en las armas que ellos tienen. Está en la indiferencia de un pueblo que justifica lo que sucede una y otra vez hablándose de: ¿por qué no van a Sinaloa, por qué no van a Veracruz? Es que también debemos de ir, pero no solamente pensar que lo que está pasando en territorio mexicano es y ya, sino cómo es que las armas, desde el mismo origen que entran a nuestro país y que dejan a cientos de muertos, son también las mismas que tienen un sello para ser bombas en un genocidio en Congo, en Sudán, en Palestina.
¿Y qué nos hace sentirnos exentos de esta situación cuando lo tenemos aquí vecino el problema más grande? Entonces ese es el miedo más grande. Pero también, el papel periodístico no solamente fue una misión de alguien que comunica, sino también en honor a aquellas personas que están fallecidas; los 300 periodistas muertos que van desde 2023 por hablar sobre Palestina, que han resistido en territorio palestino para llevar la noticia y que ahora esas cámaras están bajo los escombros.
La razón por la que ahora escuchamos menos noticias y si se fijan, ya no hay fotografías como antes, sino ahora solamente es texto plano (…) así que la tarea como periodistas es ir más allá del estudio, salir de nuestros espacios y entonces en solidaridad a nuestros colegas internacionalmente, ir allá y poder tener un micrófono, una voz que pueda comentar lo que están viviendo. No querían que viéramos lo que está sucediendo y no pudimos verlo. Lo que sí podemos hacer es apoyar a los periodistas emergentes o a los medios de comunicación que se encuentran allá que están comunicando lo que sucede.
En un mes patrio fue cuando tú representaste a nuestro país y fuiste como parte de esta delegación, y tal vez más allá que representar un país, representaste un movimiento. En ese momento yo te había preguntado, «¿qué se siente estar tan lejos de México?» –Me respondiste– Hoy te pregunto, ¿qué sientes estar tan lejos de Gaza y de haber estado tan cerca?
Primero, dicen que a la historia le gusta mucho las casualidades porque salimos el mes patrio, fuimos interceptados un 2 de octubre. Lo que eso significa ser una estudiante interceptada por el sionismo, un 2 de octubre; por el fascismo, por las derechas que oprimen, pero que también nos sacaron de la cárcel un 7 de octubre. Las fechas parecen muy simbólicas, pero al final de cuentas tienen una narrativa. Y cuando salimos… cuando ellos entraron al barco, lo primero que pensé fue, chingada madre, ya no nos van a poder ver porque, nos estaban esperando y porque estaban en la costa en Gaza esperándonos por un mes, acampaban esperándonos. Fuimos parte de esa esperanza de creer que en algún punto iban a poder esas dos manos que se estaban estrechando tocarse. Y estuvieron tan cerca pensar que el último barco estuvo a 2 horas de llegar a Gaza, a 10 millas náuticas podían ver la costa y las compañeras decían que podían verla y que estaban cantando ‘bella chao‘ cuando llegó el ejército, porque fueron interceptados hasta en la mañana.
Un barco tan chiquito como Mykenos, de menos de 10 personas, que pudieron llegar a lo más cercano. ¿Fue histórico? Sí, pero no fue suficiente. Sin embargo, también pensar que estar lejos de Gaza es una forma de seguir estrechando y, que más allá del espacio físico, creo que está hoy más cerca que nunca. Porque entiendo lo que significa porque vi a esos soldados, porque estuve en esas celdas porque, sé lo que significa no saber si mañana vas a vivir o al día siguiente o al minuto siguiente, y que no se compara absolutamente nada con el pueblo palestino que ha resistido por más de 80 años. Entonces, a pesar de que físicamente ya no estoy cerca, nunca había estado más cerca desde una empatía que no solamente es desde la humanidad, sino desde la vivencia a lo que viven. ¿Y qué se hace con eso? Venir a estos espacios, ir a las universidades, ir a los medios de comunicación emergentes de compas con ustedes, estar en espacios que van más allá de los medios públicos gigantes nacionales… es importante sí y como conductora de medios públicos, creo que la información debe ser accesible, pero también nos tenemos que abrir a una estructura que va emergente y donde se puedan hablar estas cosas.




