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Protesta en la Secretaría de Relaciones Exteriores en Querétaro y exigen romper relaciones con Israel

Pese las manifestaciones, pronunciamientos y llamados públicos realizados durante los últimos meses por colectivos, activistas y organizaciones civiles, el gobierno mexicano ha mantenido una postura diplomática sin cambios frente al conflicto en Medio Oriente.

La falta de acciones por parte de las autoridades federales motivó una nueva movilización este sábado frente a las oficinas de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) en el municipio Querétaro, donde alrededor de 40 personas exigieron una condena más firme a las acciones del gobierno de Israel y un replanteamiento de la política exterior mexicana.

La movilización estuvo marcada por banderas palestinas, pancartas y consignas que apuntaron tanto a la política exterior mexicana como a lo que los asistentes consideran una falta de voluntad política para condenar los hechos que ocurren en la región.

“México debería romper relaciones diplomáticas, comerciales y académicas con Israel”, fue una de las demandas más repetidas durante la protesta.

A diferencia de otros posicionamientos oficiales los cuales hacen llamados generales al diálogo y la paz, los manifestantes exigieron medidas concretas. Durante las intervenciones se denunciaron bombardeos sobre zonas civiles, restricciones al ingreso de ayuda humanitaria y desplazamientos forzados de población palestina. Los participantes acusaron a diversos gobiernos, incluido el mexicano, de responder con declaraciones diplomáticas mientras la situación humanitaria continúa deteriorándose.

Esto evidenció una creciente distancia entre sectores de la sociedad civil organizada y las instituciones gubernamentales. Para varios de los asistentes, el conflicto en Palestina se ha convertido en un punto de referencia para cuestionar no sólo la política internacional, sino también las formas en que se ejerce el poder a nivel local.

Conforme avanzaron las horas, las referencias a Medio Oriente dieron paso a denuncias relacionadas con el contexto queretano. Activistas señalaron presuntos actos de vigilancia, intimidación y hostigamiento contra integrantes de movimientos sociales. Algunos afirmaron haber sido objeto de seguimiento por parte de autoridades y responsabilizaron públicamente a funcionarios estatales y municipales de cualquier agresión que pudieran sufrir.

También fueron mencionadas detenciones de personas que han participado en movilizaciones de apoyo a Palestina, así como conflictos que involucran a comunidades indígenas, organizaciones estudiantiles, colectivos de diversidad sexual y espacios culturales independientes.

Lejos de presentarse como una movilización exclusivamente solidaria, la protesta funcionó como un espacio donde se compartieron distintas inconformidades políticas. Palestina fue el punto de partida, pero las críticas se extendieron hacia temas locales, nacionales e internacionales que los participantes consideran parte de una misma estructura de desigualdad y violencia. En ese discurso, Gaza y Querétaro dejaron de parecer escenarios distantes: ambos fueron señalados como ejemplos de gobiernos que, desde distintas escalas, responden con indiferencia a las exigencias de quienes buscan ser escuchados.

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