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Falta de flexibilidad en jornada laboral detona aumento de cursos de verano

Por Luz Marina Moreno

Los cambios en las estructuras sociales, principalmente en la familia, han conllevado a la creación de espacios donde se oferten actividades a niños y adolescentes que durante vacaciones no pueden ser atendidos por sus padres, debido a sus horarios de trabajo; es así como en Querétaro han proliferado los que se denominan como cursos de verano.

De acuerdo con Gisela Sánchez Díaz de León, representante de la organización Salud y Género A.C. en Querétaro e integrante del cuerpo docente de la Especialidad en Familia y Prevención de la Violencia, existe un conflicto ya que ambos padres trabajan y no hay una flexibilidad de horario que permita una convivencia con los demás integrantes de la familia.

“No concilian el trabajo con las necesidades de convivencia familiar, eso es siempre tanto en vacaciones como no vacaciones (…) nos hace falta mucha legislación que permita a los padres y madres tener mayor convivencia”, manifestó.

La biblioteca del Centro Educativo y Cultural “Manuel Gómez Morín”, la Casa de la Cultura “Ignacio Mena Rosales”, y el Instituto del Deporte y Recreación del Estado de Querétaro (Indereq), son instituciones que cada verano ofrecen actividades tanto recreativas como deportivas para que padres de familia inscriban a sus hijos; sin embargo existen restricciones en su mayoría.

Estos centros ofertan cursos de cinco horas, mismas en las que los niños experimentan diferentes actividades, y a veces no resultan ser suficientes debido a los horarios de los padres. Otro de los obstáculos es el rango de edad, para ser admitido se pide una edad mínima de cuatro años y máxima de 14 años, en consecuencia se priva a los más grandes de ser partícipes.

“Se necesita crear instituciones que den opción a niños y niñas en todos los niveles de edad. Las instituciones del Estado deberían asumir y agarrar el toro por los cuernos y ofertar una propuesta educativa”, manifestó Luis Gerardo Ayala Real, catedrático de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales y responsable del Área Educativa de Salud y Género.

En la opinión de Gisela Sánchez, los tiempos han cambiado y las condiciones internas y externas: la seguridad en las calles no es la de antes, lo que prohíbe a los menores jugar en las banquetas con otros niños e inclusive con sus propios familiares, este último como elemento que ha dejado de ser numeroso.

 

“Es urgente una reforma educativa que incluya estos escenarios”

En la ciudad el costo de inscripción de un curso de verano oscila entre 450 pesos y 600 pesos, con una duración de cuatro semanas. Los requisitos anexos exigidos son dos fotografías y en caso de ser una actividad deportiva se requiere de un examen médico.

La demanda se incrementa por lo que las instituciones establecen cupos limitados de 215 personas, como lo estableció el Indereq a principios de julio, cuando pronosticó contar con más de dos mil niños partícipes de actividades como futbol, basquetbol, voleibol, gimnasia, activación infantil, capoeria, judo, expresión corporal, etcétera.

Gerardo Ayala señaló que los cursos son necesarios para otorgar espacio a los padres que fungen como una pareja.

Durante la entrevista con este medio, también abordó el tema de la crianza y cuidado de los hijos y de acuerdo a él ésta no sólo es responsabilidad de los padres, también del Estado, quien debe procurar abrir espacios recreativos y seguros.

“El cuidado y crianza de los hijos hoy se debería convertir en una de las prioridades para las sociedades modernas. Es urgente una reforma educativa que considere que hombres y mujeres tenemos que salir a trabajar y esto ha metido en crisis el cuidado y crianza de los hijos; y pretender que las mujeres regresen a la casa es un sueño que no puede ir hacia atrás”, advirtió.

 

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