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Glenda: un ejemplo de osadía y resistencia

Glenda es una mujer anarquista de 56 años, actriz, poeta y periodista. Es pionera en el activismo trans desde 1998. Originaria de Monterrey, pero queretana por adopción. Estudió la licenciatura en Comunicación en la Universidad Autónoma de Nuevo León, dedicó muchos años de su vida al periodismo, sin embargo, las adversidades de un sistema violento la orillaron a retirarse de su profesión. Ahora, Glenda ha dedicado su vida al teatro y a luchar por la visibilidad y derechos de las personas trans NB.

Glenda compartió con Tribuna de Querétaro como ha sido su vida desde que comenzó con el activismo: “Si yo soy activista, si yo estoy aquí hablando contigo y estoy realizando marchas y todo eso, es porque en principio lo hice para poder sobrevivir. Todas tenemos un antes y un después”.

El antes

En los años 90, Glenda era periodista con aspiraciones dentro del gremio. Pensaba en tener una casita de Infonavit, trabajar en una secretaría de información, tener una revista, conducir un programa de radio y recibir apoyo del gobierno; incluso, tenía aspiraciones políticas y coqueteo con el PAN. Esa persona era lo que los demás veían, pero por dentro, Glenda sufría de una gran disforia de género, “era de esas típicas travestis de closet que no le mostraban nada para afuera” comentó. A partir del ‘95, Glenda comenzó a salir por las madrugadas para poder vestirse de mujer sin ser juzgada o condenada por lo mismo.

Un 7 de junio de 1997, día de la libertad de expresión, fue a trabajar, entrevistó a la alcaldía, le dieron “chayote”, tenía dinero, era feliz. Al caer la noche, como una especie de celebración, decidió salir a la calle vestida, únicamente a dar un paseo cerca de su casa.

Mientras caminaba, pasaron varias patrullas y aunque intentó esconderse, la última patrulla la subió. Al estar arriba, se dio cuenta que era un policía que conocía del trabajo, Glenda relata esta vivencia: “Me sube a la granadera y le digo: ´Bájame pues, no estoy haciendo nada malo, ya me conoces, platicamos ahí en la empresa de gobierno´, voltea y me dice: ‘yo no tengo amigos putos, a ti ya te cargó la chingada’. Fue un golpe muy fuerte para mi”.

Al llegar al ministerio público, Glenda comentó que era reportero y que estaba vestido así porque estaba haciendo una investigación. Finalmente la dejaron ir, días después fue a su trabajo, el jefe la mandó llamar, le dijo que había dejado en vergüenza al periódico, y aunque era un periodista profesional, no querían “putos” en el periodico. Quedó en shock. Llamó a otros medios para conseguir trabajo, pero la respuesta era la misma: “ya se supo todo, cómo crees que voy a aceptar putos”. A partir de ese momento su carrera se vino hacia abajo.

“A principios de enero, me metí a colaborar a un programa de radio cultural. Y  esa semana dije, ‘¿Sabes qué? Ya’. Tenía visión de túnel. Dije: ‘vengo al programa, me regreso a la casa y me mato’», declaró. Luego de su intento de suicidio tuvo un momento de claridad donde decidió seguir viviendo, seguir intentándolo.

El después

Glenda continuó en el programa, se prostituyó y consiguió contactar a un grupo gay que, aunque era muy transfóbico, era lo único que tenía a la mano. La voz se corrió pronto en Monterrey sobre la identidad de Glenda, por lo que era difícil conseguir oportunidades de trabajo, así que se fue a Saltillo donde consiguió un empleo que de alguna manera la hizo sentir que recuperó su dignidad.

Glenda compartió: “quedé consciente de que la única manera de poder sobrevivir era pelando. Porque si me sentaba a esperar que las cosas cambiaran, me iban a aplastar. Entonces me volví activista como autodefensa”. A partir de ese momento comenzó una lucha incansable con la policía, con el gobierno, con los partidos políticos y con la iglesia, “fue agotador” admitió.

En 2003, fue la primera candidata trans en lanzarse por una diputación federal con el Partido México Posible. La primera vez que salió en medios dando una entrevista, el 90 por ciento de la gente la rechazó, así que decidió demostrarles con hechos que era capaz, y así fue. “Señoras que se me acercaban y me decían, ‘Gracias a Dios que estás haciendo esto, yo tengo una hija como tú y desgraciadamente me la mataron’”.

En ese mismo año, entró a la alcaldía el PRI y destruyeron todo su expediente. La llamaron para decirle que ya sabían lo que ella hacía y que ahora que la administración había cambiado, harían las cosas diferentes. Prometieron que ya no detendrían a las chicas trans que trabajan en la calle, mientras no robaran nada, esto con la condición de que Glenda ya no criticara al gobierno. Luego de proponerle ese trato recibió una amenaza de ellos: “Sí violas este acuerdo y empiezas a criticar a los elementos policiacos, más vale que no te eches la soga al cuello”. Glenda añadió: “Entre el PAN y el viejo PRI, era lo mismo. Solo que los del PRI más cabrones, unos te metían a la cárcel y los otros te desaparecían”.

Tiempo después empezó a escribir una columna en la revista Rola Gay, después consiguió trabajo en una revista marginal, la cual, la apoyó mucho, tanto así que pudo ir a la Ciudad de México en 2008 como corresponsal mujer trans: “Fui la primera que se metió al Congreso de la Unión por sus ovarios a entrevistar y ahí tuve la oportunidad de empezar a trabajar como Glenda”, compartió. Como corresponsal, vivió de todo: la intentaron linchar, entrevistó a diputados, la detuvieron, se le declararon, la insultaron, sin embargo, ella lo describe como una de las aventuras más maravillosas de su vida.

Aproximadamente en el año 2011 Glenda ya estaba en la “lista negra” del gobierno de Saltillo por su activismo. Le quitaron la dirección de la marcha gay y terminó pidiendo limosna en las calles porque ya nadie le daba trabajo. Tiempo después, logró construir un centro cultural el cual fue robado y al que le daban mala publicidad para que ella no pudiera salir adelante. También compartió sobre los conflictos que tuvo con el grupo religioso “los aleluyos”, quienes la citaron para hablar, sin embargo, Glenda no fue; años más tarde se enteró por un ex aleluyo que esa reunión era una coartada para asesinarla.

Llegó a Querétaro en 2021 como invitada para un proyecto de la Universidad Autónoma de Querétaro, para hacer el archivo trans, el cual, no se concretó. Aún así, decidió quedarse en el estado. Aquí, pudo consolidar el proyecto de vida que no había podido en ningún otro lugar: su proyecto de Teatro “Fábula”.

Glenda finalizó la entrevista con la siguiente reflexión: “Ese 7 de junio del ‘97, durante mucho tiempo lo vi como uno de mis días más tristes y difíciles de mi vida, pero porque el que lo veía triste y difícil era él. Ese día nací yo”.

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