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Ilustres pero no todos queretanos

Todos los años en México se celebran a los héroes que se revelaron del yugo español y que como consecuencia, sentaron las bases para lo que es el Estado mexicano actual. Las figuras históricas son bien conocidas: Miguel Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende, Guadalupe Victoria, entre otros.

Para la gente del estado de Querétaro existen personajes específicos que representan la participación de la entidad en la gesta independentista iniciada en 1810.

Esta es ejemplo de los hermanos Emeterio y Epigmenio Gonzáles Flores, quienes prestaron su domicilio para la fabricación y almacenamiento de armas y municiones. Ignacio Pérez, “el jinete del destino”, que llevó hasta Aldama, Allende e Hidalgo la noticia de que la conspiración había sido descubierta.

No puede dejarse de lado a doña Josefa Ortiz de Domínguez, que de acuerdo a la versión romántica de la historia, alertó con sus taconazos que la conspiración de Querétaro había sido descubierta.

Ellos, como muchos otros más, descansan en el Panteón de los Queretanos Ilustres por sus aportaciones que “hayan contribuido de forma eminente a la grandeza y prosperidad del Municipio, el Estado, la Nación o humanidad”, cita retomada del reglamento del Consejo Consultivo del Panteón de los Queretanos Ilustres.

El nombre del camposanto hace creer que todos los que yacen ahí nacieron en Querétaro, no obstante, algunos de los personajes más reconocidos del panteón provienen de lugares ajenos al municipio y estado de Querétaro.

Tan sólo el corregidor Miguel Domínguez nació en la Ciudad de México y su esposa Josefa Ortiz, llegó de Morelia. Ambos son recordados por su participación en la lucha independentista, pero la gente de Querétaro los recuerda también por sus obras de beneficencia y apoyo a la población durante el tiempo que gobernaron.

Arteaga y su sombra en Querétaro

A ellos les siguen la figura de José María Arteaga Magallanes, un renombrado militar mexicano que combatió con los norteamericanos en la Guerra contra los Estados Unidos (1846-1848), en la Guerra de Reforma (1857), y en la Segunda Intervención Francesa (1862) en la cual fue fusilado.

Arteaga nació en la Ciudad de México pero su profesión de militar lo llevó a viajar y combatir en múltiples ocasiones contra enemigos que lo superaban constantemente en número y equipamiento. Durante su periodo como gobernador de Querétaro, Arteaga intentó aplicar la Constitución de 1857, además de heroica pero fútilmente intentar defender la ciudad de Tomas Mejía, líder serrano que apoyó el Segundo Imperio Mexicano.

El periódico oficial ‘La Sombra de Arteaga’ lleva su apellido en su honor. También hasta hace unos años, el nombre oficial del estado era Querétaro de Arteaga, pero fue eliminado por la Legislatura local.

El defensor del estado libre

De manera similar está el caso de Félix Osores Sotomayor, quien igual que Arteaga defendió la patria, pero por la ruta de las leyes. Félix Osores nació en Tulancingo y ahí estudio e impartió clases de filosofía, teología y latinidad. El párroco de Santa Ana fue nombrado diputado en las Cortes de Querétaro.

A él le debe el hecho de que Querétaro exista como dentro de la República como un estado libre y soberano. Con su defensa ante el resto de la política mexicana, defendió a Querétaro, con lo que evitó fuera repartido entre los estados circundantes.

El Marqués y su leyenda

Finalmente está el autor del símbolo que identifica a la ciudad de Querétaro: Juan Antonio de Urrutia y Arana Pérez Esnauriz, también conocido como el Marqués de Villar del Águila. Nacido en España, este personaje mandó construir el acueducto en 1726. Según la leyenda que rodea la obra, Juan Antonio construyó los arcos motivado por una religiosa, de la cual el español se había enamorado perdidamente.

Además de haber financiado los arcos, el marqués también mandó construir diversas fuentes alrededor de la ciudad para dar abasto de agua a toda la población queretana. Por sus obras de beneficencia al estado y su gente, fue inmortalizado con una estatua en plaza de Armas y sus restos depositados en el Panteón de los Queretanos Ilustres.

Si bien, sólo cinco de los 14 restos mortales que ahí yacen son queretanos, ellos son prueba fiel de que el estado de Querétaro no se construyó sólo por la fuerza de su gente, sino por un esfuerzo conjunto y muchas veces, desinteresado de gente de fuera del estado.

Las acciones de estas cinco personas les valen cada uno de los días que han pasado yaciendo en el Panteón. El legado que dejaron a la ciudad y el estado de Querétaro, sumado al recuerdo histórico que yace en la mente de los queretanos, les hace merecedores del título que acompaña su lugar de reposo final.

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