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Internet, escaparate para la prostitución masculina

Adolescentes y jóvenes utilizan las redes sociales para conseguir clientes; además, algunos jardines públicos sirven como punto de encuentro

Por: Miguel Ángel Rodríguez Vivas

La historia de Carlos en esta actividad comenzó desde temprana edad: a los 14 años tuvo su primera experiencia en la prostitución homosexual masculina. Hoy tiene 19 años y da su testimonio del “negocio”.

Carlos -cuyo nombre ha sido cambiado para proteger su identidad- tuvo varias oportunidades para dejar la prostitución, pero siguió haciéndolo porque ya era una rutina para él. “La primera vez que llegué a prostituirme fue a los 14 años, por medio de internet”. Relató que el hombre que lo contrató tenía 39 años; le propuso ayudarlo económicamente y Carlos accedió. Ese hombre lo contactó a través de una página de internet llamada “Universo gay”. Después del primer encuentro se dio una especie de relación laboral. Así la define Carlos.

“Dije: es lo mismo que si me invitaran a salir, o si me invitaran a un café o al cine, porque es la misma cantidad que gastas en una salida, y pensé… si se las voy a dar, no se las voy a dar gratis”.

Tras esa primera ocasión, se sintió extraño, pues se preguntó por qué lo había hecho si no tenía necesidad económica; y a la vez se sintió feliz porque tenía dinero. Además, el señor que lo contrató en esa primera ocasión no le atraía físicamente.

En Facebook ingresaba a grupos de personas mayores de edad donde publicaba una foto sugestiva y escribía: “Si buscas discreción, salud y placer, comunícate a este número conmigo”. Inmediatamente recibía respuesta a través de mensajes o llamadas.

“Nunca llegué a pararme en ninguna calle, porque no lo veía correcto; claro que, lo que hacía, a lo mejor mucha gente no lo ve como correcto.”

Después de los primeros encuentros, Carlos pensó en dejar a un lado esta práctica. Una de sus razones era que estaba cansado de reflejar la imagen que los clientes pedían: “Delgado y femenino”.

Con apenas 16 años, tenía mucha experiencia en el «negocio» y ganaba alrededor de 5 mil pesos a la semana. En una ocasión fue golpeado por uno de sus clientes porque no accedió a hacer una orgía, cuando él había pactado previamente participar en un trío.

Después de que los hombres -todos ellos mayores de 30 años- lo golpearon, le aventaron el dinero y se fueron dejándolo herido en la habitación del hotel. Fue en ese momento cuando su mamá se dio cuenta de que su hijo se prostituía.

A su mamá no le preocupó -en ese momento- que Carlos se dedicara a la prostitución. Después de recuperarse del incidente, le decía que era preferible que le dieran dinero a que él “las diera gratis”. Mientras, Carlos estaba sorprendido porque a sus 17 años de edad ganaba igual o más que un profesionista, y sin siquiera haber estudiado.

Después de esa experiencia regresó al «negocio», pero ya no había preámbulos: se pactaba el encuentro y eso era todo. Una ocasión, al llegar a cumplir con un servicio, se dio cuenta de que aquella era la casa del cliente; en ese momento, salían de allí una señora con un niño de unos 9 años, aproximadamente. La señora miró a Carlos, él ingresó a cumplir su parte del trato y al salir, la señora ingresó nuevamente a la casa. Era la esposa de su cliente.

Tuvo encuentros con personas mayores que él, de la tercera edad y con sobrepeso. Todos ellos, asegura, lo tocaban “con morbo”.

Facebook y otros “puntos de encuentro” para la prostitución masculina

Existen en la ciudad varios puntos de encuentro para tener un contacto con el cliente Los más comunes los conocía bien. Carlos menciona la Alameda Hidalgo, donde los que se dedican a esta práctica están sentados en una banca; si pasa alguien, se tocan el pene, y después se pacta el precio. “Del lado de Pasteur se ponen las chavas, del lado de Corregidora los chavos, pero ahí son personas que cobran más de 300 pesos.

“Son niños que por una u otra razón lo hacen… se dice que la Alameda es el lugar principal y sí hay niños muy jóvenes”, explicó el psicólogo y activista defensor de los derechos de la comunidad Lésbico Gay Bisexual Transexual Transgénero e Intersexual (LGBTTI), Héctor Morales Reséndiz.

Como parte de la investigación, fue creado un perfil en Facebook en el cual se publicó una oferta de servicio sexual, junto con una foto en los grupos que Carlos mencionó: “Baños Alameda” y “Sexo gay Querétaro”. En menos de dos horas, las solicitudes de amistad comenzaron a llegar; en las primeras horas hubo más de 100, y en varios mensajes preguntaban en qué consistía. La mayoría de los interesados tenía 30 años o más.

La Alameda Hidalgo no es el único punto de encuentro; también está el Jardín Guerrero. Ahí, al caer la noche, se observa a los hombres que han decidido ponerle un precio a su cuerpo. En el ambiente gay es bien conocido esto.

“Es una tradición que, para acabar una buena noche, tienes que terminar dando la ‘putivuelta’, pero eso de cobrar depende… Sí es cierto que muchos terminan ahí esperando a ver qué agarran”, señaló Pedro, quien trabajó de mesero en Maximiliano Bar Gay, un lugar muy conocido en el ambiente gay. Pedro recordó que también llegaron a ofrecerle dinero y muchos de los que lo hacían eran personas mayores o “morbosos pervertidos”, como los define.

«Es muy común la explotación sexual infantil y más por medio de las redes sociales»

La psicóloga Ieremy Adonai Huerta afirmó que es muy difícil salirse de la prostitución ya que existe una remuneración económica. “Es muy común la explotación sexual infantil y más por medio de las redes sociales; Carlos comenzó a ofrecer sus servicios por redes sociales, es común que esto exista, pero no de manera abierta”.

En cuanto a los adultos que buscan un encuentro sexual con alguien menor, la psicóloga consideró que el humano tiene la necesidad de poder y se manifiesta al tener a una persona vulnerable en el aspecto sexual, esto alimenta el ego al saber que puedes manipular a alguien con dinero.

Carlos dijo estar consciente de que las personas que lo contrataban incurrían en un delito, y conoce el caso de una niña que estaba con él en la secundaria, quien ofreció su virginidad por 500 pesos: un señor aceptó la oferta.

 

Ahora, Carlos ha decido alejarse del “negocio”, pero muchos más continúan ingresando. “No lo hagan jamás… no van a ser los mismos y aprenderán de una manera en la que les desagradará”, concluyó.

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