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México y Venezuela: datos en el tiempo (I)

El día 31 de agosto de 2017, diversos medios electrónicos de comunicación dieron cuenta de una entrevista que el periodista Ciro Gómez Leyva le realizó a Enrique Peña Nieto horas antes de que éste rindiera su quinto informe de gobierno; también fue publicada por el propio entrevistador, al día siguiente, en el periódico ‘Excélsior’ (http://www.excelsior.com.mx/nacional/2017/09/01/1185223 ). Se abordaron diversos temas, dados los momentos que vive el país en estos días de inicio de las campañas electorales para la presidencia de la República; cito textualmente algunas cosas de las señaladas por Peña durante esa entrevista:

“Lo que sí advierto, con preocupación, es que en varias partes del mundo, y en la región en particular, han surgido movimientos que han enarbolado una retórica populista, donde todo se le facilita a la población. Nunca se le dice exactamente cómo se van a resolver los problemas, y eso, al final, termina matando iniciativas, termina matando instituciones, termina destruyendo democracias, termina cancelando a los opositores a ese gobierno”.

El caso venezolano.

“Es el caso muy particular de Venezuela, y el discurso que en su momento, y no quiero ser irrespetuoso diplomáticamente, enarboló Chávez y ha continuado el presidente Maduro. Un discurso que no es muy lejano, ni muy distinto, de quien hoy es un claro contendiente a la Presidencia en México”.

López Obrador.

López Obrador. Y no soy yo el que lo dice. Lo han dicho muchas voces con un dejo de preocupación. Han dicho que es muy parecido, que su fórmula es muy parecida y que les preocupa que, el día de mañana, ese discurso prospere; que el día de mañana, México, en vez de avanzar, como ha ocurrido en los últimos 25 años, se parezca a lo que hoy es Venezuela.”

Durante sus respuestas, Peña Nieto no aportó ningún dato preciso, como tampoco lo han aportado esas “muchas voces” que se han expresado al respecto, esas muchas voces han sido las del presidente del partido al que pertenece el propio Peña, lo dijo Beltrones en su momento, lo ha dicho y lo dice Ochoa Reza como actual dirigente del PRI, lo ha dicho y lo dice Videgaray, antes, desde la Secretaría de Hacienda y ahora desde la de Relaciones Exteriores, lo dice el actual secretario de Hacienda, Antonio Meade; el de Gobernación, Osorio Chong y otros colaboradores directos de Peña Nieto; lo han dicho también diversos integrantes del partido Acción Nacional, incluyendo a su presidente Anaya.

Pero todas esas voces, no han aportado ningún dato sustancial que abone a favor de su discurso. Luego entonces, ¿por qué tenemos que creerle tanto a Peña Nieto como a todas esas voces? como lo dice el periodista José Blanco en su columna de ‘La Jornada’ del pasado 10 del actual: “El Miedo del poder” (http://www.jornada.unam.mx/2017/10/10/opinion/017a1pol), sólo porque lo dicen él o ellos, pero se les olvida que ni Peña Nieto y casi ninguno de los mencionados anteriormente, tienen credibilidad en la sociedad mexicana y no solamente en los días presentes, ya la sociedad ha demostrado que no le cree, a lo largo de estos cinco años que lleva el actual gobierno.

Después de leer la entrevista, yo mismo me pregunté si en realidad el discurso de López Obrador se parece al enarbolado por Hugo Chávez, en su momento, o ahora con el del presidente Maduro de Venezuela. Quise indagar más allá de la mera retórica que se plantea en los discursos ya que el discurso de Chávez se parecía mucho al de Echeverría, al de López Portillo, al del propio Colosio en sus respectivos momentos, toda proporción guardada y dicho con respeto a la memoria del expresidente venezolano.

Hugo Chávez asciende al poder en 1999 y se mantiene hasta 2013, año en que fallece; desde su campaña por la presidencia promueve una serie de políticas de corte social para beneficiar a la población, aprovechando los ingresos petroleros extraordinarios captados a partir del año 2000; pone a andar lo que se conoció como “Las Misiones Bolivarianas”, con programas de alfabetización, apoyo alimentario, a la vivienda y sobre todo, acceso a la educación, acciones emprendidas fundamentalmente entre 2003 y 2008.

A partir de 2010, con la caída de los precios del petróleo y otras cuestiones como gastos incontrolados en el gobierno, la economía venezolana entre en una etapa de serios apuros, pero los programas sociales ya estaban implementados y empezarían a dar frutos, y, aunque con limitaciones, han continuado aplicándose.

Mientras tanto, en México, durante esos mismos años, corre el último año de la presidencia de Zedillo; al año siguiente (2000) se dice que se abre el proceso democrático en el país, Fox promete que a la educación se le asignará el 8 por ciento del PIB y se hacen reformas legales en ese sentido, promesa que a la fecha no se ha cumplido; se vive igual que en Venezuela un “boom” petrolero, pero acá los ingresos extraordinarios son aplicados al gasto superfluo de las diversas dependencias del gobierno federal y estatales, se incrementan los salarios de la alta burocracia, se cuestionan los programas sociales y se ajustan los presupuestos dedicados a los aspectos de beneficio directo a la población; Calderón (2006) continúa con esa misma política y declara una guerra contra el narco que su sucesor Peña Nieto (2012) sigue y que ha dejado miles de mexicanos muertos y el narcotráfico parece ir creciendo; se ha hablado de intromisiones de los cárteles en las campañas electorales de diferentes partidos y en prácticamente todos los niveles de gobierno.

Durante el actual gobierno mexicano se habló, en el discurso de refuerzo a diversos programas sociales (PROGRESA, México sin Hambre, entre otros) pero que han visto disminuidos sus recursos a la hora de las aprobaciones de los presupuestos anuales, tanto en las iniciativas que presenta el ejecutivo como en lo que aprueba el Congreso. (Ver presupuesto 2016, 2017 y la iniciativa para el de 2018) en donde se privilegian gastos de la clase política y se ven severas disminuciones en el gasto social y al de servicios básicos como la educación o la salud.

Por curiosidad, busqué algunos datos que intentarán comprobar o reforzar lo que afirma Peña Nieto en la entrevista con Gómez Leyva, que cité al inicio, o lo que en diversos medios se ha venido propalando sobre la situación en el país de Chávez y Maduro; además, como parte de mi trabajo académico y profesional he estado en contacto con el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que construye, desde finales del siglo pasado, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) mediante el programa llamado “Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), sin embargo nunca me había interesado analizar las particularidades del caso venezolano y si otros países de América Latina, como referentes en el ámbito educativo, para compararlos con México.

¿Qué es el IDH y cómo se construye? El IDH es un indicador estadístico que pretende medir el grado de desarrollo de los países que se integran en la ONU. El IDH se construye por la ponderación estadística de un conjunto de factores, los cuales resaltan que toda persona tiene derecho a una vida digna y duradera (traducido en cifras como la esperanza de vida, la incidencia de las condiciones de salud a lo largo de la vida y otros factores); igualmente tiene derecho a recibir una buena educación que le permita hacer frente a los desafíos del mundo actual (esto se traduce en años de escolaridad, proporción de personas en un país en condición de analfabetismo, proporción de personas que pueden acceder a los servicios educativos en las diferentes etapas de su vida, hasta llegar a los estudios universitarios).

Finalmente, el aspecto económico, traducido en los recursos de que dispone una persona para acceder a los bienes y servicios a lo largo de la vida, juega un papel igualmente importante (producto interno bruto del país, ingreso per-cápita o distribución ideal de la riqueza, niveles de ingreso reales de la población, acceso a la canasta básica, entre otros).

Como se puede apreciar, es un conjunto de indicadores de carácter numérico que se combinan bajo la técnica del análisis de varianza, por el método de los componentes principales, se eligen aquellos que sean más relevantes para el fenómeno que se quiere analizar, al final del ejercicio se obtiene un valor numérico. El IDH puede variar entre 0 y 1., mientras más alto sea el valor mejores condiciones tiene ese país. Una vez obtenido el IDH de cada uno de los países miembros de la ONU se lleva a cabo una clasificación de mayor a menor y se hace una serie de cálculos estadísticos incluyendo o eliminando algunas variables con las cuales se construyó el índice.

A partir de los valores tanto del IDH como de los diferentes indicadores que lo componen, realicé la comparación entre México y Venezuela para comprobar lo que se ha venido divulgando en los medios de comunicación. Únicamente haré el análisis a partir de los datos duros que muestran los indicadores, para no caer en la discusión de las condiciones sociales, políticas o ideológicas imperantes en ellos. Una cosa se debe advertir: cualquier programa que se implemente en la sociedad no dará resultados inmediatos, sus efectos son generalmente para el mediano o el largo plazos.

En los últimos años se han incorporado otros aspectos de corte más cualitativo que, si bien no abonan a la determinación del índice, sí dan cuenta de las condiciones de vida de los habitantes de cada uno de los países participantes, pretendo en una siguiente entrega hacer las comparaciones con esos factos cualitativos para redondear la comparación entre estos dos países que se encuentran hoy por hoy en el centro de las miradas no sólo en nuestro país sino en diversos ámbitos internacionales.

Como se puede observar en la tabla 1, los valores del IDH son superiores los de México a los de Venezuela, la diferencia en el año de 1990 era de solamente una centésima y media, para el año 2005 la diferencia se amplía a seis centésimas.

México es un país con una extensión territorial mucho mayor que Venezuela, tiene una población que es hoy superior por poco más de cuatro veces y tiene una economía en valor de su producto interno bruto también por encima de la venezolana.

En la tabla 2, veremos qué ha pasado con los índices en los últimos años y cómo se comportan al interior de ese índice varios de sus componentes.

Según se ve en el reporte del IDH del año 2010, desde el año de 1990 al 2010 el Índice de Desarrollo Humano de México creció a una tasa promedio anual de 0.85 por ciento, mientras que el de Venezuela creció a un ritmo de 0.58 por ciento anual, lo que provocó que la diferencia de poco más de una centésima que se tenía entre los índices en 1990 creciera a casi 9 centésimas para este último año.

Como se puede ver en la tabla 3, la brecha que se venía marcando entre los valores del IDH de los dos países se revierte drásticamente para el año 2014 y la diferencia ahora favorece a Venezuela en poco más de una centésima; los años de escolarización de la población venezolana que para el año 2000 apenas rebasaban los seis años de primaria, con una diferencia promedio de dos años y medio con respecto a lo que sucedía en México, para el 2014 esa diferencia se acorta y llega a ser de solamente 0.2. El ingreso per cápita de los venezolanos ya es superior al de los mexicanos, cosa que anteriormente no se había presentado.

Ahora veamos los datos que nos arroja el último reporte producido por la ONU y el PNUD:

Mientras que la economía venezolana sigue en una situación de estancamiento, y de ahí que el componente económico del IDH muestra una disminución, ya que en 2014 el PIB per cápita de un venezolano promedio fue superior en alrededor de mil 200 dólares anuales con respecto al de los mexicanos, para el 2016 la diferencia es de 5 mil 600 dólares anuales a favor de un mexicano promedio.

Pero esa situación es completamente inversa en los otros indicadores ya que los números, en cuanto a beneficios a la población dan un vuelco sorprendente, es decir los programas que se pusieron en práctica 12 o 15 años atrás (‘con Chávez como presidente’) han empezado a dar sus frutos.

El IDH de Venezuela es superior en 5 milésimas al obtenido por México, la diferencia en la esperanza de vida se acorta, los años promedio de escolaridad de la población venezolana ya es superior a la de los mexicanos igual que los años promedio que se espera tenga la población de adulta.

En el siguiente artículo detallaré, un poco más, cada uno de los diferentes componentes del IDH, me centraré en lo que contiene el reporte de 2016 y abordaremos los aspectos cualitativos que se han introducido por el PNUD para buscar un desarrollo más humano.

Por lo pronto le tendré que dar la razón a Peña Nieto de que México tiene al menos un indicador que es mejor que el de Venezuela, el del ingreso per cápita, lástima que ese ingreso sea sólo ficticio, pues ni en sueños lo puede ver un mexicano promedio. Para ello, recomendaría tanto al señor Peña Nieto como a su equipo de asesores y secretarios que no se guíen por los indicadores de la macro economía.

En México, entre muchos otros problemas, tenemos el de una pésima distribución de la riqueza y un conjunto de políticas sociales que no atienden a las necesidades fundamentales de la población. Lo veremos en la siguiente nota.

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