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“San Antonio, dame un novio”

Por: Ricardo Lugo

Cientos de veladoras aumentaban la temperatura en el mausoleo de la iglesia de San Antonio.

 

De repente, el lugar acaparaba gran multitud y el eco resonante de las impetuosas oraciones de las mujeres para pedir a San Antonio que hiciera el favor –que la suerte cambie y conseguir un novio– nunca terminó.

Grupos de mujeres arribaban al lugar. Sus sonrisas quisquillosas las delataban y su timidez al encender una veladora, depositar monedas en el limosnero o colocar la súplica en el listón que colgaba de la sotana de San Antonio, era inevitable.

San Antonio no dejó de recibir peticiones. Rostros tristes y otros contentos por la sequía amorosa, nunca faltaron frente a la imagen del santo portugués y más de una devota mantuvo la calma y evitó tomar la efigie y colocarla de cabeza en ese instante.

 

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