San Juan del Río

Pandemia: mayor barrera del comercio ambulante

Esto llevó a buscar trabajos adicionales en empresas, pero se tornó difícil ya que diversos sectores industriales tuvieron recorte de personal u otras contrataban con salarios bajos.

Con la contingencia sanitaria por COVID-19, los comerciantes se vieron afectados con ventas bajas, restricciones por parte de las autoridades, cierre de negocios, entre otras situaciones más; recordemos que el 1 de julio del año en curso se realizó una protesta por parte de locatarios de San Juan del Río.

Si bien los comerciantes semifijos o vendedores ambulantes enfrentaron un reto mayor, por no contar con un establecimiento pagado o con permiso, tienen que buscar un espacio en las calles del municipio o estar en constante movimiento; por esta razón, la pandemia se convirtió en un reto.

Esto llevó a buscar trabajos adicionales en empresas, pero se tornó difícil ya que diversos sectores industriales tuvieron recorte de personal, otras daban empleo, pero con un pago muy bajo, además que salir a vender representaba una exposición a un posible contagio.

Por su parte, Trinidad lleva 24 años en la venta de rebozos, camisas, pulseras y distintos productos, en el jardín de la “familia” en un pequeño estante. Lamentó que fueron meses difíciles porque —pese a salir a vender— las calles estaban vacías, y las pocas personas que estaban fuera de casa no consumían sus productos.

“Desde marzo fue difícil pa’ nosotros, no había gente, ni nada; para el ingreso trabajaba mi señor y mi hijo”, dijo Trinidad.

Por otro lado, María Cristina Paz dijo que lleva 18 años en la venta de pulseras y collares en un estante o a veces emplea la venta a pie en la zona centro de San Juan del Río: “Me vi perjudicada económicamente, tuve que buscarle, incluso pedirles apoyo a mis familiares”, lamentó María Cristina.

Los comerciantes entienden y son conscientes de que —con la contingencia— se deben tomar acciones particulares, pero esto es imposible con la presión por parte de las autoridades municipales. Aunado a lo anterior, Trinidad aseguró haber estado intimidada al inicio, esto porque creía que se trataba de personal de gobierno, los cuales los vigilan, les exigían el doble de cuidados, y en ocasiones les quieren quitar sus productos. Es por ello que muchos vendedores se niegan a que les tomen fotos, o les realicen entrevistas.

“Pues ellos nos piden desalojar antes de las seis, o muy temprano; así está difícil, con esto esta tremendo, así como lo que te comentaba anteriormente”, enfatizó.

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