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SOPA

Por Rafael Vazquez

Stop Online Piracy Act (SOPA) es la controvertida ley que en Estados Unidos se está discutiendo para poder establecer un mecanismo que controle el contenido que en la actualidad se comparte gratuitamente. ¿Tienen razón las grandes marcas productoras de material tecnológico y audiovisual que invierten y arriesgan su capital en la producción de videos, música y software? ¿Los usuarios tienen el derecho de hacer uso de este material y reproducirlo, modificarlo y venderlo sin el permiso de los creadores originales?

El dilema no es tan sencillo como parece. Por un lado las grandes empresas tienen razón en algo; al invertir en proyectos –llámense actores y actrices, software, músicos, escritores- están conscientes de que puede o no ser del gusto del público, sin embargo; ¿Quién hace la inversión y se arriesga constantemente al distribuir este material? ¿Tienen o no derecho a proteger el contenido que popularizaron y distribuyeron? ¿No es justo entonces que si las pérdidas son exclusivas de estas empresas también sean exclusivas las ganancias por ello?

Básicamente este es el argumento más fuerte que las empresas esgrimen al defender el contenido que les están pirateando. Quizá para entender a estas industrias y a los usuarios tendríamos que analizar la palabra empleada para ello.

Los piratas antaño, eran hombres dedicados al pillaje, la Real Academia Española de la Lengua -quizá en una herida profunda que tanto afectó las finanzas del reino- los definió como “Personas crueles y despiadadas”. Esta actividad ilícita no sólo fue la causante de la destrucción e invasión de muchos pueblos, sino que además se dedicaron a mermar las ganancias de los tesoros reales que eran transportadas desde las colonias hasta las ricas arcas de los reyes. Por esto último fue tipificada, perseguida y sancionada por el Derecho Internacional.

Pero entonces… ¿Publicar un video con un coro de niños entonando una canción navideña –con derechos de autor- debe ser perseguido por piratería? ¿Utilizar una imagen –como ocurrió en el caso del legislador Lamar Smith creador de la Ley SOPA- en un perfil personal sin el debido señalamiento debe ser castigado como piratería? ¿Escribir un artículo aludiendo a algún contenido previo sin las referencias adecuadas debe ser penado por la ley? ¿Compartir un video en una red social nos vuelve personas crueles y despiadadas?

Y es que para puntualizar las cosas la lucha no es contra los creadores de contenido, que se encuentran en todo su derecho de exigir un pago y un reconocimiento justo por su trabajo. El principal problema que se tiene es con las compañías que funcionan con un modelo que ya no es viable. Quieren seguir persiguiendo ganancias estratosféricas por contenidos que ni siquiera les pertenecen directamente, sino vienen a ser intermediarios entre el productor original y el consumidor final.

El internet acortaba distancias, un grupo musical con mucha calidad o una idea brillante, podía colgar su video en Youtube, contratar un estudio, grabar sus canciones y distribuirlas vía alguna tienda electrónica y recibir todo el capital por el fruto de su trabajo. ¿Cuál es el problema entonces? Esto elimina a las grandes disqueras que usualmente tomaban a estos talentos –o los inventaban por medios del marketing- y distribuían sus discos pagándoles una ínfima parte a los artistas y cobrando millones por la venta masiva del material.

Pasa lo mismo con los escritores, con los que diseñan software, con los que experimentan con videos y con todo el acceso a herramientas tecnológicas de calidad que permiten a los usuarios promedios elaborar contenidos muy buenos, la fuerza del internet radicaba en la construcción colectiva de la información. Sitios como Facebook, Twitter, Wikipedia, Mozilla y Google se habían convertido en unos distribuidores justos, que entraban a la lógica del mercado pero con precios competitivos y con una apertura igualitaria para todos sus usuarios sin posibilidad de restringirlos, censurarlos o cooptarlos.

Pero va más allá del simple ámbito del entretenimiento. Hoy en día muchas ONG´s se nutrían de videos, audios y textos para hacer denuncias públicas. Wikileaks por ejemplo, denunció las malas prácticas del Gobierno de los Estados Unidos y su intervencionismo en los países a través de sus embajadores. Este contenido prácticamente podía ser reproducido por todas las cadenas de información en el mundo. No olvidemos tampoco los videos indignantes de los Marines torturando y pisoteando los derechos de los civiles en los países árabes. Toda esta información podrá en un futuro ser reclamada por derechos de autor y no ser mostrada al mundo, bajo pena de eliminar o bloquear al sitio que la esté difundiendo.

La ley SOPA es clara, en caso de que se violen sus apartados podrán inhabilitar al sitio, bloquearlo, cortarle la publicidad, congelar sus fondos o remover enlaces a conveniencia. Es en definitiva un ataque directo a la Libertad de Expresión.

El mundo del internet contaba con una característica que influía positivamente en el mundo real; nos hacía a todos iguales. Cualquier usuario podía acceder a todo el contenido que quisiera, verlo, reproducirlo y llevarlo a su realidad inmediata a través de dispositivos móviles; impresiones, CD´s, etc. La era de la información estaba llegando a todos los rincones, mejorando comunidades y señalando los vicios de los actores principales tradicionales en los países.

La gente no estaba pirateando contenido como se dice, estaba copiándolo. Pareciera que son términos similares pero la diferencia es grande; el primero implica robar, despojar, tomar lo ajeno y llevárselo en el barco como en los viejos tiempos, lo segundo implica hacer uno más para el que no lo tiene, implica compartir y enseñar, implica vivir en comunidad.

Tener un conocimiento colectivo no sólo implica tener un beneficio para todos, sino también compartir ganancias, y eso es lo que las grandes empresas no están dispuestas a hacer.

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