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Tan lejos del Centenario y tan cerca del Teatro

Un día que no parecía un centenario, sino un tiempo de dudas y preguntas sin responder

David A. Jiménez / Camelia Robles / Marissa Sánchez Suárez

El interés disminuía entre más lejos se estuviera del Centro Histórico. Cerca de las 14:00 horas, la clase polítca abandonaba el Teatro de la República. Al otro lado del retén, en jardín Zenea, un hombre se dirigió a los presentes: “¡Mexicanos al grito de guerra!”. El ataque verbal comenzó. “Fuera Peña”, “Vas y chingas a tu madre”, “Rateros”, “Traidores” y otros adjetivos se lanzaron a los políticos salientes.

Una madre cuidaba a su hija. Preguntaba a los presentes si el presidente, Enrique Peña Nieto, pasaría por la avenida Juárez. “Quiere ver al presidente… lo que es la inocencia”, dijo, mientras la pequeña de seis años se aferraba a las vallas verdes del retén

La salida del ejército mexicano marcó el final de una jornada que pasó inadvertida para algunos queretanos, pero fue molesta para otros transeúntes y residentes ese domingo 5 de febrero de 2017.

Conforme avanzaban las horas, más personas se conglomeraban en el primer cuadro de la ciudad. No para manifestarse, sino para pasear. Los andadores 5 de Mayo y Madero estaban llenos de vida. Turistas nacionales y extranjeros. Comerciantes formales y ambulantes. “Una moneda para la música”. “Los invitamos a probar la nieve artesanal”.

Cerca del medio día, el retén instalado en jardín Zenea se extendía hasta cubrir media plaza, las personas se acercaban con curiosidad e intentaban que las dejaran pasar el cerco “¡¿Se necesita traje para entrar?!”, gritó una mujer a un elemento del Estado Mayor Presidencial, luego de que les permitiera el paso a varias personas vestidas elegantemente.

Con tacones, traje negro y maquillaje corrido por el calor María García Peréz, diputada federal por Acción Nacional, apareció entre la gente cercana. Antes de cruzar el reten se detuvo para que algunos reporteros que se arremolinaron la entrevistaran, habló de todo aunque no dijo nada. Se expresó preocupada por el aumento de la gasolina y desconoció cualquier disminución en las remesas. Después de posar para una foto, se fue presurosa rumbo al Teatro de la Republica.

Un hombre en pantalones oscuros, camiseta gris y mitones en las manos, se acercó al retén. Lo acompañaba una señorita de impecable vestido; una llamada y un par señas a uno de los elementos dentro de las vallas le permitieron el acceso a la mujer. El hombre balbuceo sus órdenes por el aparato y se escabulló entre el gentío ¡Ups! Su complexión física y las claves que usaba al hablar indicaban que no era un civil cualquiera.

El estruendo de las hélices del helicóptero presidencial provocaron que todos vieran el cielo, el “señor presidente” había llegado, y las miradas del pueblo le siguieron hasta que desapareció tras los techos de los edificios.

Pasaban los minutos; un hombre de unos 50 años, que dijo llamarse Armando Santamaría, se acercó para compartir su opinión. Viajó desde San Luis Potosí para ver los festejos por el Centenario de la Constitución, pero se decepcionó al no poder ver el evento oficial en persona. Algunas pantallas gigantes para observar la ceremonia le hubieran gustado, comentó muy afligido.

Mientras el gobernador Francisco Domínguez saludaba a toda la línea de honor, incluidos su esposa e hijos, elementos del Estado Mayor Presidencial y algunos elementos estatales repartían entre ellos las paletas de uva, limón y grosella que recién compraron.

Más al sur, en los alrededores de la Alameda Hidalgo, todos pasaban por alto que Peña Nieto, los gobernadores y su séquito estaban tan sólo a unos metros. En el otro extremo, en avenida Universidad, solamente un carril permitía el paso del tráfico. En ciertas zonas el paso era imposible. En otros, era restringido. Avenida 5 de Febrero fue bloqueada.

 

“El tamaño del cerco de seguridad es el miedo que le tiene a su pueblo”

De la plaza Fundadores partió una marcha con cientos de personas, varias agremiadas a la Unión de Comerciantes Felipe Carrillo Puerto, Coordinadora Nacional del Comercio Popular, Movimiento Democrático Francisco Villa y estudiantes de la escuela Normal Isidro Burgo de Ayotzinapa, etc.

Algunas de las consignas que mencionaron en la marcha hacían referencia a la inconformidad por el aumento de la gasolina, la privatización de los servicios, y la desaparición de los 43 estudiantes en Ayotzinapa. Fueron más de 600 personas las que caminaron por las avenidas, policías tomaron fotos de la manifestación y detuvieron el tráfico para ayudar con el poco flujo vial que había el domingo por la mañana.

Una vez instalados en el jardín Guerrero, bajo una carpa, los dirigentes tomaron el micrófono y hablaron para recordar el Centenario de la Constitución y manifestaron sus necesidades e inconformidades, además de llamar a la unión del pueblo mexicano. Denostaban a la “Constitución burguesa” y llamaron a crear mesas de diálogo.

Algunas banderas rojas con la hoz y el martillo se levantaban. La mitad del jardín estaba cubierta por lonas y pancartas. Rostros de Marx, Lenin, el ‘Che’ y de Emiliano Zapata ilustraban los carteles. Los animosos oradores se desgañitaban llamando al proletariado a alzarse contra el gobierno.

Estaban presentes los Jóvenes Revolucionarios Cardenistas de Querétaro, que protestaban contra la injusticia del gasolinazo y el Movimiento Democrático Querétaro que dejó claro las diferencias de las clases sociales en el estado. Lo curioso es que solo los del frente estaban combativos y animosos, el resto del público lucia aburrido y desinteresado.

La manifestación concluyó cuando cientos de personas levantaron las banderas de sus respectivas organizaciones y pancartas para entonar el Himno Nacional Mexicano. Al finalizar, los asistentes a ese congreso ciudadano se formaban para tomar algo de refresco, tortillas, queso o arroz.

 

“Delincuencia organizada, no pasar”

Avanzada la tarde, las personas se reunieron para ver salir a los funcionarios y demás gente que estaba más allá del alcance. Al frente de las vallas, colocada una tira de cartón donde se leía en letras naranjas, “PELIGRO, DELINCUENCIA ORGANIZADA, NO PASAR”, el hombre que protestaba con su letrero fue el mismo que llamó a todos los presentes “! Griten mexicanos!” y pronto más gente se acercó, en unos segundos unas 30 personas coreaban “¡Esos son, esos son los que chingan la nación!”

El helicóptero presidencial se alzó nuevamente. Los gritos se disiparon tan rápido como aparecieron y mientras los elementos de seguridad retiraban las cadenas de los cercos, la gente se dispersó un tanto decepcionada y un poco más que agotada.

El paso del tiempo continuó como siempre, como cualquier día, excepto que era el día de los 100 años de la prmulgación de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Un día que no parecía un aniversario, sino un tiempo de dudas y preguntas sin responder, de vallas sin poder cruzar y de un presidente que nadie vio.

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