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Un holandés que se enamoró del Hñähñu

El lingüista holandés admitió que el Hñähñu es la lengua “más bonita” que ha escuchado, pese a tener conocimientos del latín, griego, alemán y francés

Foto: Cortesía

Por: Luz Marina Moreno Meza

La primera vez que escuché el Hñähñu fue en una escuela de Santiago Mexquititlán, Amealco, y desde entonces “me gustó mucho” porque es “una lengua con melodías, con tonos, ¡como el chino! Entonces pensé ‘yo aquí me siento en China’”, manifestó Ewald Ferdinand Rudolf Hekking Sloof, lingüista de origen holandés y catedrático de la Facultad de Filosofía que recibió un homenaje por su labor en el rescate y revitalización de dicha lengua.

Entrevistado antes del homenaje que se le brindó en el Museo Regional, evento que contó con la presencia del Rector Gilberto Herrera y al cual asistieron más de 200 personas, Hekking Sloof admitió que el Hñähñu es la lengua “más bonita” que ha escuchado, pese a tener conocimientos del latín, griego, alemán y francés.

“Cada parte, cada morfema tiene un significado específico muy diferente de las lenguas indoeuropeas (…) Tuve mucha suerte porque cuando me decidí a tener un rescate de la lengua Hñähñu, rápidamente se pudo contactar con la SEP.”

A diferencia del español, el Hñähñu posee cinco vocales más que el español; otra de las diferencias es que posee una estructura carente de preposiciones y conjunciones, es por ello que ésta es denominada como una lengua de yuxtaposición.

Paralelamente, esta lengua sólo tiene dos categorías lexicales, por lo que sus sustantivos y verbos fungen igualmente como adjetivos y adverbios.

Durante la conversación, el académico evocó los primeros días que vivió en Santiago Mexquititlán, y cómo fue su trato con los habitantes.

“Recuerdo que hace 31 años que yo empecé a trabajar (el 13 de octubre de 1981), a mí todo se me hizo muy bonito, la gente era muy amable, la gente estaba muy sorprendida porque yo trataba de hablar algunas palabras en su lengua”, expresó.

El Hñähñu es la quinta lengua indígena por el número de hablantes en México y está en peligro de extinción ya que muchos padres de familia no enseñan la lengua a sus hijos por lo tanto se corre el riesgo de que en una o dos generaciones ya no se hable, advirtió el especialista.

Fue aquí donde le presentaron a Severiano Andrés de Jesús con quien desde aquel entonces ha trabajado para la recopilación del material de la lengua, misma que hoy es tangible en el Diccionario Bilingüe Otomí-Español de Querétaro.

Para lograr la recopilación de material y el rescate de esta lengua, Ewald Hekking tuvo que sumergirse en algunas comunidades hablantes. Fue a través de Severiano Andrés de Jesús, originario de Santiago Mexquititlán, y su esposa Paula de Santiago Quintar –de Tolimán– que logró relacionarse con las personas.

“Desde la edad de 15 años quería conocer más de México porque había leído de las lenguas y culturas precolombinas de México, tenía muchas ganas de conocer lo que quedaba de las grandes culturas, los mayas y los aztecas. También tenía interés de ir a Perú y Bolivia para conocer respecto a los incas”, manifestó.

 

De Ámsterdan a Amealco

Atrás han quedado las calles de Ámsterdam, el clima que se vive en los Países Bajos o la atmósfera europea que respiró en su juventud. Desde 1981 se fue acostumbrando a la gastronomía, las costumbres y la lengua propia de los distintos grupos indígenas.

En cuanto a la comida, “tienen unos platillos muy ricos, sí es diferente de la gente mestiza por ejemplo tienen comida con base en los quelites” y como respuesta a su comida mexicana favorita éste contestó que los nopales y los tacos al carbón son de su elección.

Al preguntarle por alguna costumbre o tradición de estos pueblos que se le haya hecho extraña o diferente, señaló que ésta tomó lugar justamente en Santiago Mexquititlán, durante la fiesta del Corpus Christi, celebración en la que cazan animales, los enjaulan y los cuelgan fuera de las iglesias:

“Pueden ser tlacuaches, serpientes, águilas, de todo. El día del Corpus Christi en la mañana ponen todos los santos alrededor de la iglesia en pequeñas tienditas con sus altares, y enfrente cuelgan todos esos animales vivos (que después los dejan libres)”, describió el holandés.

–¿Qué es lo que más le gusta de México?

–México siempre me ha gustado mucho por sus impresionantes paisajes, hay tanta variedad. Lo que me llama la atención de aquí cerca es que vas en la dirección de la Sierra Gorda, primero todo es pelón y subes y ya llegas a los árboles; empiezas a bajar y llegas a las tierras tropicales. Hekking hilaba sus palabras con cierta admiración.

 

“Me quedo aquí para siempre”

Originario de Holanda, Hekking Sloof lleva más de 30 años residiendo en México, sin embargo para que esto sucediera la travesía tuvo que comenzar con una oportunidad para estudiar una maestría en nuestro país.

“Cambié dos o tres veces de estudios pero finalmente hice mis estudios en Lingüística y Literatura Aplicada al Español, entonces soy hispanista, lo que me dio la oportunidad de venir acá”, recordó.

Durante el año de estancia Ewald Hekking estuvo en la ciudad de México, después tuvo que regresar a su país, lo que generó en él un deseo interminable de regresar a este país de culturas indígenas.

La manera de lograrlo fue hasta que la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) le otorgó la oportunidad de trabajar en un Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios dedicado al rescate de la lengua Hñähñu.

El académico que gusta de los nopales manifestó que desde que fallecieron sus padres ha dejado de viajar a su país natal. Señaló que cuando partió de Holanda, se “da un rompimiento”.

“Esto siempre es una decisión fuerte si uno se queda en otro país, siempre se da un rompimiento, queda la nostalgia; pero después cuando regresas a tu país de origen te das cuenta de muchas cosas de las que te has desligado, las cosas han cambiado o tú has cambiado…

“Generalmente iba a visitar a mis padres cada año, esto ha cambiado porque ya fallecieron, pero ahora estoy completamente seguro que me quedo aquí para siempre”, expresó con cierta nostalgia en sus ojos.

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