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Un paseo al cementerio del viejo régimen

Por: David A. Jiménez

PARA DESTACAR: Testimonios en video de miembros del CNH recuerdan entre lágrimas y risas aquellos años de movilizaciones masivas, Las marchas silenciosas y los compañeros caídos. «Me quitaron el micrófono -en el mitin- y me tiraron al piso» dice una sobreviviente del 2 de octubre en un video.

Tlatelolco a 48 años de aquella tarde de octubre

Ciudad de México-. Se grita y corre en la plaza de las Tres Culturas, pero son los niños que juegan futbol o pasean en bicicleta. Hay manchas en la plaza, pero de algún aceite o jugo. Poca concurrencia en la zona, lo opuesto a aquella tarde de 1968. Ese día de 2016, efectivamente fue un día soleado.

Sobre la avenida Ricardo Flores Magón, se encuentra una torre blanca de más de cien metros de altura, inaugurada en 1966. El lugar albergó hasta el 2005 a la Secretaría de Relaciones Exteriores. Ahora es sede del Centro Cultural Tlatelolco (administrado por la Universidad Nacional Autónoma de México), donde se encuentra el “Memorial del 68”.

El recorrido inicia con los antecedentes políticos, culturales y sociales de la década de los sesenta. The Beatles, frases de Mao Tse Tung, el discurso y asesinato de Martin Luther King, la Primavera de Praga, movimientos médicos y ferrocarrileros, el Milagro Mexicano (crecimiento del 7 por ciento de la economía), entre otros hechos y personajes que tienen su lugar en los muros del memorial.

El apogeo del movimiento estudiantil, entre julio y octubre de 1968, tiene su explicación detallada en dos salas. Una puerta de madera reposa sobre un pedestal, se trata de aquella que el Ejército mexicano derribó con una bazuca la madrugada del 30 de julio, para luego ingresar y sacar por la fuerza a los estudiantes en la Preparatoria 1.

Testimonios en video de miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH), hoy con una edad avanzada, recuerdan entre lágrimas y risas aquellos años de movilizaciones masivas del gobierno autoritario del Partido Revolucionario Institucional. Las marchas silenciosas y los compañeros caídos. «Me quitaron el micrófono -en el mitin- y me tiraron al piso» dice una sobreviviente del 2 de octubre en un video.

Fotografías de distinta índole dan paso a la última parte del memorial. Toma de los campus de la UNAM y el IPN, jóvenes semidesnudos con la ropa ensangrentada o corriendo, perseguidos por gases lacrimógenos.

Se lee un poco de la prensa del 3 de octubre y días posteriores que dan cuenta de un aproximado de 20 o 30 muertos entre civiles y militares, derivado de un conflicto “de alborotadores extranjeros” contra las Olimpiadas de la Paz de México 68, que serían inauguradas el 12 de octubre.

Entre la censura gubernamental del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, de los pocos que alzaron la voz estuvo el caricaturista Abel Quezada, quien publicó un cartón consistente en un rectángulo totalmente negro, en señal de luto, con el título: “¿Por qué?”

Al salir por atrás de la torre blanca, se observa que la luz del sol pasa a través de algunas nubes. Se distinguen las tres culturas: prehispánica (las pirámides y ruinas), colonial (templo de Santiago) y el México moderno (Edificios habitacionales).

Son las 18:10 horas al llegar a la plaza, el mismo momento en que, tras una bengala en el cielo, se abrió fuego en Tlatelolco, hace 48 años.

El conjunto habitacional dista mucho de la publicidad exhibida en el museo: “Ciudad Tlatelolco: se proyecta hacia el futuro”. Edificios cerrados, cuarteados y descoloridos, solo dos personas que observan desde las alturas para recordar que esos departamentos –muchos castigados otra vez durante el Sismo de 1985- siguen habitados.

La plaza tiene un aire fresco pero pesado, casi medio siglo desde que «compañeros cuyos nombres y edades aún no conocemos», como dice el monumento a los caídos aquella tarde de octubre, cayeron por exigir mejores condiciones en su vida y educación…

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