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Una dulce tradición

El verdadero trabajo artesanal compite contra los productos en serie disfrazados de folclor

Doña Isabel, última heredera de El Dulce Elegante, aprendió el oficio a base de llagas y quemaduras

Por: Ana Karina Vázquez

El andador 5 de mayo, en el Centro Histórico de la capital, luce vacío, casi desolado, sin los muchos carritos amarillos que lo habitan de jueves a lunes.

El adoquín pisado por turistas, pasajeros ocasionales, es testigo de tiempos en que llegaron a él por primera vez para usarlo como aparador de las artesanías que fabricaban los pobladores, hace ya más de 15 años.

La historia ha pasado por gobiernos y administraciones. Un tendedero, pulseras, bolsas, bordados… artesano, artesanía, el producto elaborado con las manos, moldeando el material del que está hecho, casi acariciándolo, haciendo humano un producto, con paciencia, una por una, la artesanía es parida por la tradición.

Paralelo al andador, a la altura de la fuente, en la calle de atrás, Independencia, están los portales; parece que el tiempo no hubiera pasado por ellos, el adoquín renegrido de tantos pies que han pasado por ahí, la escribana ocasional, auxiliadora de los desvalidos en las letras… y luego, entre la farmacia y la puerta que hoy conduce a la óptica: la confitera, Doña Isabel Rico.

Un carrito adecuado a las necesidades del negocio, vitrina y caja de plástico transparente para los dulces de leche, el marco azul y la bombilla de luz amarilla arriba y a la izquierda, acompañan a Doña Isabel los lunes, jueves, viernes y sábados. Es su trabajo, acude religiosamente todo el año, de 10:30 de la mañana a 8:30 de la noche, horario que su propia disciplina se ha impuesto desde que su esposo falleció, en el año de 1997. La herencia de El Dulce Elegante.

Años antes de que al presidente municipal interino, nieto del homónimo de los años 30, Noradino Rubio Espinoza de los Monteros, se le ocurriera que la vestimenta de Don Juan Sánchez, -esposo de Doña Isabel- era demasiado elegante para el oficio tan humilde que ejercía, al Querétaro de mocasines blancos se le vino encima el decreto de la prohibición del comercio ambulante.

En 1980, El Dulce Elegante se quedó sin calle para lucirse. Desgracia para la familia Sánchez Rico, cuando su más fuerte entrada de recursos se vio obstaculizada sin misericordia.

La entonces activa y jovial Isabel alternaba la fabricación casera de los confites con el trabajo de empleada doméstica que supo hacer desde niña. El sustento en su hogar nunca faltó, siempre hubo madre y padre trabajadores para los siete hijos de Isabel y Juan.

El trabajo también fue herencia. Isabel cuenta: “Mi suegra hacía sus dulces y los vendía aquí en una farmacia que se llama la Farmacia San José, pero te estoy hablando desde que estaba el mercado aquí en la Plaza Constitución”.

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