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Una pasión microscópica (Segunda parte)

“Algunos alumnos de posgrado han dicho ‘con usted aprendí no sólo parasitología; también a estudiar’”, relató el doctor Francisco Biagi Filizola

Por: Ricardo Lugo / Carlo Aguilar

La medicina “es un reducto de libertad” que me ha permitido publicar más de 200 contribuciones científicas en un lapso de 18 años, manifestó Francisco Biagi Filizola, miembro titular de la Academia Nacional de Medicina, primer mexicano que trabajó como funcionario base en la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el padre de la parasitología mexicana.

Entrevistado en un residencial para adultos mayores ubicado en la ciudad, donde actualmente vive (Tribuna de Querétaro, 640), Biagi Filizola rememoró cuando comenzó a estudiar la úlcera de los chicleros en Yucatán.

“Decidí irme a estudiar esta enfermedad y saber lo necesario para diagnosticarla, curarla y prevenirla.

“Una vez que fui de vacaciones a Tampico, capturé y me traje a México un montón de mosquitos para que me los clasificaran. Era importante saber qué especies había en mi tierra.

“La jefa del Departamento de Entomología del Instituto de Biología me dijo ‘pues aquí está la señorita de Buen, que está estudiando mosquitos y ella se los puede clasificar’, ahí la conocí, a la que después fue colaboradora en importantes descubrimientos y, además, mi esposa.

“En el intervalo en el que yo acababa la carrera y ella se familiarizaba con los flebótomos transmisores de leishmaniasis, iba yo al Instituto de Biología a estudiar entomología, ecología y tomar como oyente diversos cursos de posgrado. También hacían expediciones de colecta frecuentemente a zonas tropicales, y yo me iba con ellos.

“Las leishmaniasis se transmiten por mosquitos muy pequeños, con menos de dos milímetros de largo, así que le dije a ella ‘por qué no además de estudiar zancudos, también estudias los Phlebotomus”. Una temporada hicimos repetidas viajes a la selva tropical siempre verde que había entre Villa Juárez y Poza Rica y recolectamos gran número de Phlebotomus y ella se familiarizó con la clasificación de los mismos. En América hay más de 200 especies de estos minúsculos dípteros hematófagos, y después de 15 años de investigación, descubrimos que sólo una especie transmite la úlcera de los chicleros a las personas, lo cual abrió el camino para desarrollar procedimientos específicos para suspender la transmisión sin alterar el ecosistema.”

 

“Conseguí 500 mil dólares para la investigación”

“Yo en tres años de trabajo reuní toda la biografía científica que hablaba de las leishmaniasis en el mundo; ella aprendió a clasificar Phlebotomus y le propuse matrimonio.

“Cuando era pasante de Medicina nos fuimos a Escárcega, Campeche. Un día mientras estábamos allá un río tumbó un puente del ferrocarril y nos quedamos tres meses atrapados. Monté un laboratorio de diagnóstico y por primera vez en Escárcega se hizo el diagnóstico de tuberculosis, sífilis, paludismo, amibiasis, diabetes y otras enfermedades, demostrando la presencia del microorganismo, o con las pruebas específicas. Corría 1952.

“Después llegué a ser jefe del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina –UNAM– entre 1961 y 67. Conseguí 500 mil dólares para la investigación, cosa que nunca se había dado. En aquel tiempo, en México nadie hacia donaciones a gente que quisiera hacer investigación.”

¿Entonces de dónde venían esas aportaciones? Su respuesta fue que del extranjero.

“Hay muchas revistas científicas en el mundo, son millares. No había Internet, pero había unas como el Index Medicus y el Biological Abstracts que hacían recopilación bibliográfica. Yo iba a la biblioteca y buscaba leishmaniasis u otras enfermedades parasitarias. Compré una cartulina y la corté en cuadritos del tamaño de tarjetas postales y las mandé a imprimir por un lado diciendo: ‘le agradecería me envíe usted sobretiros de sus artículos científicos sobre parasitología’, en español, francés e inglés.

“El correo ordinario se tardaba tres meses en llegar, pero a mí no me urgía. Mandé miles de tarjetas de ésas con mis centavos. Hice una colección de artículos sobre leishmaniasis de metro y medio en el librero. Todos los investigadores de parasitología que había en el mundo se enteraron que en México había un Biagi que le interesaba la parasitología y me mandaban más artículos científicos originales; yo les mandaba sobretiros de mis contribuciones científicas.

“Con todo ese acervo bibliográfico que llegó a ser de 40 metros lineales en mi biblioteca, de contribuciones científicas originales de todo el mundo, yo estaba al día de todo lo que se había hecho en todo el mundo acerca de diversas enfermedades parasitarias.

“Publiqué más de 200 trabajos de investigación científica original en revistas internacionales y nacionales.”

 

“Me dicen ‘con usted aprendí a estudiar’”

El hombre estricto, disciplinado y alegre no pudo ocultar la nostalgia, cuyo resplandor era evidente en los ojos del prolífico doctor, quien en ese momento se remitía al recuerdo de su ardua carrera ataviada de aventuras, trabajo, dedicación y amor.

“Ahora tengo la satisfacción de que voy a ver a un doctor, le doy mi nombre y me dice ‘oiga, ¿usted daba clase de parasitología?’ O bien, ‘yo estudié en su libro, lo cual me ha servido en mi trabajo profesional’. Algunos alumnos de posgrado han dicho ‘con usted aprendí no sólo parasitología; también a estudiar y a usar bien el tiempo’. Esto vale más que cualquier otra cosa.”

Sin haber intervenido en conflictos dentro de la Facultad de Medicina, y mucho menos anhelarlo, fue cesado del Departamento de Microbiología y Parasitología.

“Casualmente, en la Unidad de Enfermedades Parasitarias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) iban a necesitar un funcionario para llevar a cabo ciertos programas en diversos países, que habían sido acordados en la reciente Asamblea Mundial de la Salud, la cual, reúne una vez al año a los Secretarios de Salud de todos los países miembros.

“Me llegó carta de la OMS ofreciéndome que fuera a trabajar dos años en Ginebra –Suiza–, su sede principal. La Organización tenía 20 años de antigüedad y nunca un mexicano había sido invitado a trabajar en su sede principal.

“Cuando volví dos años después, aún no había posibilidad de reconstruir la organización previa (en la Facultad). Pero siendo la profesión médica un reducto de libertad, podía trabajar como profesor en otra Universidad, como médico en alguna institución de servicios para la salud, o abrir mi consultorio y montar mi laboratorio de diagnóstico.

“A pesar de mi vocación y de los reconocimientos recibidos de otras partes, en bien de mi familia me decidí por el servicio independiente de mi profesión.”

 

El fruto de su pasión

Como testimonio de su trabajo de investigación científica realizado entre 1950 y 1967, quedaron más de 200 contribuciones científicas publicadas en revistas médicas nacionales y extranjeras, entre las cuales están: a) El reconocimiento de Leishmania mexicana como especie nueva; b) El descubrimiento de la especie de flebótomo transmisora de la úlcera de los chicleros; c) La demostración de la posibilidad de erradicar la amibiasis y la ascariasis; d) Los factores que favorecen la virulencia de Entamoeba histolytica; e) La demostración de que la enfermedad de Chagas sí produce miocarditis mortal en México, contrariamente a lo que oficialmente se sostenía; f) El estudio de nuevos medicamentos antiparasitarios que, en comparación con los disponibles antes de 1950, cambiaron radicalmente la eficacia antiparasitaria y la inocuidad para los pacientes (metronidazol, mebendazol y otros); g) El desarrollo de pruebas inmunológicas para el diagnóstico de varias parasitosis, que antes no existían; h) El descubrimiento de nuevas áreas endémicas de alguna enfermedades parasitarias; i) La descripción de la migración de Entamoeba histolytica en el organismo humano; J) La amplia ilustración de la amibiasis cutánea, casi desconocida. Y otros descubrimientos relevantes para el ejercicio de la medicina, que sería largo enumerar aquí.

“Aquí tengo lo necesario. Estoy satisfecho”

Su voz había relatado en dos horas algunos puntos sobresalientes de su vida académica, sin que su ánimo decayera; mientras el sol ya se había ocultado. Esos 30 metros cuadrados albergan a un hombre de gran visión, que comprometió su vida en trabajar por metas relevantes, son ahora el lugar donde escuchamos la historia que dio rumbo a la parasitología médica en México, y la revolucionó.

“Aquí tengo lo necesario. Estoy satisfecho de lo que he realizado”.

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