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Venezuela y México, una similitud electoral

Más allá de ideologías políticas, las pasadas elecciones presidenciales de ambos países compartieron el uso desmedido de los medios

Por: Víctor Pernalete

Ni siquiera las ideologías políticas son inmunes a los vicios del poder, y no hay más que observar los procesos electorales de cualquier democracia para entender hasta dónde llega su civilidad.

El año 2012 trajo para Latinoamérica dos procesos electorales de crucial importancia para la zona: México y Venezuela se enfrentaron con su propia historia, y sólo el devenir de la misma dirá si el resultado ha sido positivo o negativo.

Hace unos días estuvo en Querétaro Margarita López Maya, catedrática de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y especialista en temas electorales, quien compartió una breve visión de lo que Venezuela puede exportar con orgullo al resto del mundo en la materia.

“Creo que uno de los avances que ha tenido el sistema electoral venezolano es la automatización al cien por ciento del voto. El día de las elecciones el votante lo hace en un sistema automatizado desde el momento que llega hasta cuando se da el resultado electoral.

“Es un sistema que se ha ido perfeccionando con los años y que ha garantizado de manera positiva los dos derechos fundamentales de ese día, que es el del secreto del voto y la transparencia de los resultados”, manifestó la académica que dictó la conferencia “Procesos políticos y democracia en Venezuela”, realizada en el auditorio de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UAQ.

En ese punto, manifestó que incluso México tendría que voltear a ver con envidia y observar el adelanto tecnológico que un país ha logrado en más de 20 años de democracia “imperfecta”. Es que ahí va López Maya tras exponer las bondades del sistema venezolano; es donde México y Venezuela se encuentran.

“Hay una gran polémica, y es que la gran debilidad del sistema electoral venezolano es que en el proceso que culmina ese día no se respeta la equidad en la competencia electoral. Tenemos una situación paradójica, no tenemos equidad en el derecho a la competencia, pero por otro lado tenemos una situación en el día de la votación que garantiza derechos de secreto y transparencia.”

Hace apenas unos meses, Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Monreal y el equipo de la coalición de los partidos de izquierda (PRD, PT y Movimiento Ciudadano) basaban su defensa en un presunto proceso electoral inequitativo y en donde el clientelismo estuvo a la orden del día.

“Ha sido muy notorio durante la presidencia de Hugo Chávez cómo ha ido avanzando hasta prácticamente constituirse en una característica del régimen político emergente el que el Presidente utilice los recursos públicos para favorecer su candidatura y las de su parcialidad política”, insistió Margarita López, al dibujar el panorama venezolano.

 

El impulso de las televisoras

¿Y qué hay de la exposición mediática? Se ha hablado de la “construcción” que la empresa Televisa hizo del candidato presidencial Enrique Peña Nieto y que su exposición en medios de comunicación fue crucial para llegar a la victoria. Así también Hugo Chávez logró posicionarse.

“El Consejo Nacional Electoral no se avino a controlar las cadenas presidenciales, y con ello Hugo Chávez apareció tres veces más en cadena presidencial de lo que había aparecido en 2006.

“El cálculo que hizo la oposición de las horas que utilizó el Presidente en esos tres meses fue de 47 horas con 15 minutos, lo que le dio un promedio diario de 28 minutos, que la mayoría era proselitismo político, y los estatutos que normaban el proceso decían que los candidatos tenían derecho a tres minutos diarios.”

Es cuestión de recursos públicos, tanto México como Venezuela sufren su piedra en el zapato. Y es que por más esfuerzos que se hagan por normar la fiscalización de los dineros que llegan a las campañas políticas, lo cierto es que las cifras de tan estratosféricas, simplemente se pierden en el aire.

“Hay una normativa que obliga a los partidos a entregar sus informes al final de la campaña, pero ya recientemente, y no lo digo yo, sino el Centro Carter hace unos días cuando presentó su informe de la última elección, que no hay forma de saber cuál es el origen de los recursos que se utilizaron en la campaña presidencial. Es sumamente opaco, por la magnitud una infiere de dónde viene, pero no hay suficientes elementos.”

Reelección: el cisma

El liberalismo económico contra el socialismo del siglo XXI, dos conceptos que parecen tan dispares, pero que en la práctica muestran colores similares. Sin embargo, entre México y Venezuela existe una diferencia sustancial: la reelección.

71 años de gobiernos priistas dieron la impresión de que en México había alternancia, y en Venezuela, cada proceso electoral en el que Hugo Chávez sale avante le legitima en el poder a pesar de llevar en él casi 15 años, con la perspectiva legal de mantenerse al menos 21 años.

Si bien algunos hablan de pueblos masoquistas, otros prefieren el término “democracias virtuales”.

“El principio de la alternancia se ha debilitado mucho en Venezuela, lo mismo que la independencia y la autonomía de los poderes públicos, que me parece que son dos condiciones muy importantes para que se pueda hablar de una democracia robusta, lo mismo del pluralismo político que también se ha debilitado en Venezuela ahora con las leyes del Estado comunal, que de acuerdo a las mismas no hay pluralismo político, según las leyes todos tienen que avocarse a la construcción del socialismo del siglo XXI.”

Lo cierto es que en plano palpable, México no permite la reelección, esto como un Estado revolucionario fundado en la premisa: “Sufragio efectivo, no reelección”. Pero así como hay quienes pretenden desfasar el legado histórico del nacionalismo petrolero, otros se avocan a mostrar su simpatía por las reelecciones.

“Yo pienso que si es una reelección inmediata y son periodos constitucionales de cuatro años, que sucede en algunas democracias occidentales, prácticamente es como un referéndum consultivo, si lo estás haciendo bien sigue y puede ser hasta por ocho años. La reelección indefinida sí creo que hiere, sin duda”, aseguró la especialista en temas electorales.

Desencanto por la democracia representativa

Tener el control de la administración pública y así generar cotos de poder parece ser el común denominador tanto entre funcionarios de izquierda como de derecha. Ganar las próximas elecciones, a como dé lugar, todavía es la línea de acción de todo gobierno.

Entonces, ¿cómo observar los procesos democráticos, que más allá de mostrarse sólidos en los cómputos finales, dejan cada vez más dudas en el devenir de los mismos? Margarita López Naya dilucidó la respuesta.

“Estamos en plena discusión en América Latina de eso, porque de alguna manera ha habido un gran desencanto por la democracia representativa, por la democracia liberal como la habíamos entendido en el siglo XX.

“Ese desencanto ha hecho que las instituciones interamericanas estén diciendo que parte de ello viene de la incapacidad de nuestra democracia representativa de dar la justicia social y la igualdad que se esperaba de ellas: desde la transición democrática hasta la consolidación democrática, ése es el gran desencanto.”

Por último, y a pesar de haber estado concentrada en su proceso local, Margarita López compartió su breve impresión respectó a los resultados de los comicios mexicanos, que culminaron el sábado 1° de diciembre cuando Enrique Peña Nieto recibió y lució la banda presidencial, imagen que perdurará por los próximos seis años, cuando también Hugo Chávez se juegue la Presidencia de Venezuela, una vez más.

“La vuelta a la viejas formas de hacer política. Lo que se vio por la prensa no solamente era que regresaba el PRI, sino la utilización de recursos públicos durante la campaña, el clientelismo como una forma de asegurarse los votos, pero al mismo tiempo hay organizaciones civiles que aparecen, movimientos estudiantiles, fenómenos ciudadanos.

“Entonces América Latina parece estar imbuida en este proceso buscando una salida que le sea más ajustada a su cultura, ciudadanos, idiosincrasia; y que en ese ensayo y error, llegan nuevas formas políticas, pero se quedan las viejas. Hay tensión entre ambas”, concluyó.

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