Invitados

Cancún

Cancún no despierta,
febrero no olvida,
febrero derramó sangre ese día;
treinta llantos hubo,
treinta gotas se fueron.

Abril no olvida;
las gentes no se dan cuenta,
más bien no quieren:
era tan solo una niña.
Cancún empieza a despertar en junio
cuando la piedra con sangre le grita.
Parece que hay calma en julio, agosto y septiembre,
pero en octubre viene la marea
que golpea con fuerza;
no una, sino tres veces.

Noviembre fue frío, oscuro y amargo
nos apuñaló por la espalda;
cinco mil gentes marcharon y gritaron: “Justicia”
pero las olas del mar se escucharon más
—él, sigue suelto—.

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