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El escrutador

Diez minutos después de las ocho de la mañana del domingo 31 de julio, subí los escalones de la sede de Morena en Querétaro, situada en la calle Ejército Republicano; mi coche lo había dejado en el estacionamiento de Plaza de las Américas, calculando que, entre nueve y las diez de la noche, estaría libre después de participar como escrutador en las elecciones para elegir consejeras y consejeros nacionales y locales en el distrito IV.

A esa hora, apenas si estaban formadas alrededor de cuarenta personas, lo que me hizo creer que el proceso electoral sería moderadamente participativo y no masivo como ocurrió el día anterior en otras entidades en las que miles y miles de personas abarrotaron las casillas y, en algunos casos, las reventaron.

Entre los diez escrutadores, el personal operativo, el presidente y la secretaria del distrito, armamos el tinglado para que la gente votara sin contratiempos y de manera puntual en un horario de nueve a cinco de la tarde, logrando que la primera persona cruzara su boleta a las 9:06, lo que reafirmó mi creencia que la jornada terminaría temprano.

Sin embargo, al igual que el calor del día iba en aumento, apareció una multitud humana que invadió la calle y le dio la vuelta a la manzana. Me percaté que había muchas personas de base del partido, de la gente convencida de tener al alcance la herramienta democrática para incidir en el cambio social, tan anhelado por millones de mexicanos.

Obviamente, al igual que lo vimos todos quienes acudimos a la consulta, también observé que hubo cientos de acarreados, en particular, fotografié camionetas tipo Van, con el logotipo de la empresa “Ejecutivos Starline San José”, con capacidad para catorce personas, que llegaban con gente para dejarla cerca de la sede de Morena para que votara, siempre guiados con alguien con lista en manos.

Al interior de las oficinas, instalamos mamparas y tres urnas, tras de las cuales me coloqué para cuidar que no hubiera relleno de las mismas, situación que no advertí en ningún momento durante la jornada, lo que si alcancé a observar es que las y los votantes consultaban por quiénes iban a votar, con los nombres de los candidatos apuntados en papelitos o en el celular, sin embargo, hubo gente que de plano marcaba algún número para preguntar por quienes hacerlo, por lo que se les indicaba que la mampara únicamente era para votar y no para hablar por celular.

Hubo quienes, al no obtener los nombres de los candidatos, preguntaban qué hacer con las boletas, por lo que les sugería que, si no sabían o no se acordaban por quién ejercer su derecho al voto, escribieran lo que quisieran en las mismas o las dejaran en blanco, pero tenían que depositarlas en las urnas y avanzar lo más rápido posible para no obstaculizar el flujo de la gran cantidad de personas que estaban en espera.

Una mujer que dijo proceder de la colonia Frida Khalo y que no se acordaba si además de votar por Laura Tovar tenía que hacerlo por otra persona, mencionó que le preguntaría a su esposo, por lo que pidió que la esperaran, lo que no fue posible y así introdujo las boletas; una más, que dijo ser de San José El Alto, también metió las papeletas a la urna en blanco porque de plano, dijo, no se acordaba por quiénes le habían indicado que votara; alguien más dejó un papelito en la mesa de votación con los nombres que seguramente transcribió a las boletas: María del Carmen Gómez Ortega y Óscar Edgardo Gutiérrez Zárraga.

Una frase recurrente durante la jornada, dirigida a quienes sufragaban, fue que colocaran las boletas en las urnas y la pluma en la mesa, que no se la llevaran; aun así, en cualquier descuido los votantes se embolsaban el bolígrafo.

Dentro del centro de votación estábamos diez escrutadores, el personal operativo, dos personas encargadas de la cafetería, el presidente y la secretaria del distrito y, por supuesto la fila de gente que entraba a votar. Aun así, la candidata Carmen Gómez exigía que la dejaran entrar y permanecer como observadora del proceso electoral.

No se le permitió el ingreso, a pesar de la insistencia, porque, de otro modo, también habría que haber dejado pasar a Rosa María Córdova, Gisela Sánchez, Israel Pérez, Patricia González Miranda, Guillermo Strafon, Esther Vázquez, etcétera, quienes también estaban ahí, no sólo en calidad de candidatos, sino en espera de votar.

Un poco después de la una de la tarde y ya con la marea incontenible de gente queriendo votar, de las tres urnas instaladas en las oficinas, a petición y solicitud de Ángel Balderas, presidente del Comité Ejecutivo Estatal y candidato a la vez, una urna fue trasladada al estacionamiento subterráneo para agilizar la votación que amenazaba salirse de madre, porque el sol pegaba a plomo sobre la multitud y ésta protestaba por lo lento del ingreso y por la gente que se metía a fuerzas en la fila.

Los altos escalones de las escaleras de acceso a las oficinas, se convirtieron en un obstáculo insalvable para la movilidad de las personas adultas mayores y no se diga de las discapacitadas en sillas de ruedas, en andaderas, invidentes, por lo que, de plano, a un adulto mayor lo tuvieron que subir cargado en brazos para que votara.

Cuando la urna ya estaba lista para las votaciones en el estacionamiento, después de la una de la tarde, la candidata Patricia González Miranda, intentó, a la fuerza, meter en la fila a un grupo de mujeres para que votaran; se le explicó que, si continuaba con su actitud e insistía, la urna sería cerrada, por lo que el grupo de mujeres y la candidata, con lista en mano, se retiraron.

Sin embargo, a los pocos minutos nuevamente retornó con la misma exigencia, pero ahora con un grupo de adolescentes y se le dijo que nadie podía llevar gente para que votara, que ellos mismos tenían que formarse y esperar. Nuevamente se le advirtió que, si seguía con su proceder, la urna sería cerrada, la candidata se fue y ya no insistió.

Durante una parte de la jornada electoral, en la calle, la activista social, Alicia Colchado, con micrófono y bocina en mano, conminaba a la gente formada que no vendieran su dignidad, que no cambiaran su conciencia por unos cuantos pesos, que eran traidores a la patria y a la 4T, quienes acarreaban gente para que votaran porque iba en contra de los principios del partido Morena.

La advertencia llegó demasiado tarde, en la semana previa al día de la jornada electoral, en las redes sociales circuló un video en el que se advierte cómo Maribel Barrón Soto y Carlos Alberto Maya Aguilar, del distrito III, se organizaron para comprar votos y acarrear gente. En el audio se escucha a una persona decirle a una señora: “Necesito que se anote, porque quien no aparezca en la lista no le voy a pagar y el dinero que le toca, yo me lo voy a quedar”.

Después de la jornada electoral, de acuerdo a los resultados del distrito III, Maribel Barrón Soto quedó en primer lugar con 306 votos, en tanto que, Carlos Alberto Maya Aguilar, obtuvo 273, apenas dos votos menos que Mauricio Ruiz Olaes, delegado de Morena en Querétaro, en funciones de presidente, por lo que, a partir del domingo 3, estos personajes, son consejeros estatales de Morena.

¿Qué cantidades de dinero pudieron haber “invertido” para comprar votos y obtener un lugar en el Consejo Estatal de Morena? Imaginemos que Maribel Barrón y Carlos Maya hubiesen pagado a 300 pesos cada uno de los 306 votos que obtuvieron, la multiplicación nos daría un poco más de 90 mil pesos, cantidad a la que se le tendrían que agregar otros gastos operativos, tales como la contratación de autotransporte para acarrear a la gente, así como a quienes se encargarían de la coordinación, por lo que, el total “invertido” pudo rondar los 200 mil pesos, para garantizar dos asientos en el Consejo Estatal de Morena.

En una de las ocasiones en las que salí a la calle, para ver la gran cantidad de gente formada que se estaba tardando hasta tres horas para votar, encontré a Mauricio Ruiz Olaes, delegado en funciones de presidente de Morena, quien se dijo sorprendido y muy molesto por el cochinero que se estaba realizando a plena luz del día, como si no se hubiese enterado que Mario Delgado, presidente nacional del partido, fue quien diseñó la convocatoria para que cualquier persona ajena al partido se postulara y votara en la elección de delegados estatales y nacionales.

Aunque el final de la jornada estaba programado a las cinco de la tarde, por la gran afluencia de gente, se extendió una hora más. Después se hicieron los preparativos para el conteo de votos que, finalmente, dio inicio a las ocho de la noche, con la primera de tres urnas y, el presidente del distrito, Alfredo Fernández y Juana Pérez, secretaria, decidieron separar las boletas por folio, para después cantarlas y contarlas, lo que nos llevó tres largas y cansadas horas.

El presidente parecía ser una persona de buenas intenciones, pero desorganizado y autoritario, al igual que la secretaria; quienes no estaban de acuerdo, tenían una duda, una pregunta o discrepaban de ambos, les indicaban que, si no estaban de acuerdo, las puertas estaban abiertas.

La segunda y la tercera urna las contamos sin separar los folios, pero, de cualquier modo, el proceso fue muy lento, por lo que terminamos el conteo un poco antes de las cinco de la mañana, para cansancio y fastidio de quienes estábamos dentro y desconcierto, desesperación, dudas y especulaciones de las y los candidatos que esperaban los resultados a la intemperie, fuera del edificio.

Las mujeres que obtuvieron más votos fueron Ma. Carmen Refugio Hernández 133, Gisela Sánchez 131, Rosalba Vázquez 129, Laura Andrea Tovar 118 y Carmen Gómez 111. De ellas, para mí y para diversos militantes históricos, Ma. Carmen Refugio Hernández resultó una perfecta desconocida.

Los hombres que ocuparon los primeros cinco lugares fueron, Ángel Balderas Puga con 202 votos, Alejandro Israel Pérez Ibarra 143, José Emanuel Rodríguez Castillo 122, Juan José Jiménez Yáñez 120 y Luis Miguel Galicia Avendaño 105. De los cinco, sólo identifico a los dos primeros, en tanto que los otros, ni idea tengo quiénes sean y qué intereses representan.

Me llamó la atención que, en este distrito, algunos de los cuadros con trayectoria en Morena, obtuvieran muy pocos votos, por ejemplo, Jesús Méndez Aguilar solamente sacó uno, al igual que Eduardo Correa, Agustín López Guerra ocho y Fernando Peñafiel Soto, hermano de Carlos, embajador de México en Corea del Sur, uno.

Finalmente, después de casi veintiuna horas de trabajo continuo, el presidente del distrito colocó la sábana con los resultados a la vista de quienes esperaban, a esa hora salí del edificio situado en Ejército Republicano, sin embargo, tuve que dejar mi auto en el estacionamiento de Plaza de las Américas porque estaba cerrado.

Lo bueno fue que Cristina Ibarra y Sergio Calles me hicieron el favor de llevarme a mi casa, al igual que a César Pérez Guzmán, quien, dicho sea de paso, también participó como escrutador y no le pesaron sus más de ochenta años para seguir luchando por un país que haga propio el pensamiento de Obrador: no mentir, no robar, no traicionar.

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