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El mes del orgullo LGBT+ desde el confinamiento

 

Una de las frases que más me gusta escuchar es la que dice: “No hay libertad política, sin libertad sexual”. Esta es una frase reivindicativa acuñada desde los movimientos de las disidencias sexuales, frase con la que se cuestiona a una democracia en la que no caben todos, todas y mucho menos todes. Una democracia que niega u obstaculiza la participación política, si esta no es blanca, heterosexual, burguesa, por tanto privilegiada.

Frente a estas realidades es que desde la exclusión, desde las periferias, desde las resistencias emergen grupos de las disidencias sexuales estructurando luchas contra la normatividad de la heterosexualidad, dedicándose a defender su derecho a la libertad sexual. Estos movimientos comenzaron inicialmente en Estados Unidos entre los años de 1969-1970, posteriormente en Europa, para después replicarse en gran parte del planeta.

Estos movimientos han puesto el dedo en la llaga al cuestionar la normalización sexual, y a la familia patriarcal, le replantearon al mundo las fronteras sexuales, la familia, la sexualidad, el amor, el género y el poder.

Se suele considerar el punto de partida del movimiento de la liberación sexual estadunidense los disturbios ocurridos en Stonewall en Greenwich Village, en Nueva York el 27 de junio de 1969, cuando personas de la comunidad LGTB+  lucharon contra la policía durante tres días como reacción a una brutal redada en el bar gay.

Dos de las personas que protagonizaron los disturbios fueron Marsha P. Johnson y Sylvia Rivera. Marsha una drag queen afroamericana, y Sylvia, mujer trans latina, ambas trabajadoras sexuales. Una lucha lejana al estereotipo del gay-blanco-urbanizado, ya que fueron las trans, lxs jóvenes con pluma, personas racializadas, drags queens, trabajadoras y trabajadores sexuales quienes jugaron un papel decisivo en los disturbios.

México no fue ajeno al movimiento iniciado en Stonewall, comenzando a gestarse muestras de resistencia social al orden hegemónico predominante hasta el momento. A principios de los años setentas, personajes como Carlos Monsiváis, Nancy Cárdenas y Juan Jacobo Hernández se agruparon bajo el denominado Movimiento de Liberación Homosexual, siendo una de sus primeras acciones una protesta realizada a través de la prensa por el despido de un joven empleado de la tienda Sears por ser homosexual.

Posterior a ello, un grupo de hombres homosexuales llamado Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (FHAR) inició la resistencia social marchando como contingente abiertamente homosexual en la marcha conmemorativa de la Revolución Cubana el 26 de julio de 1978.

Otra fecha emblemática más de visibilización de la comunidad fue el 2 de octubre de 1978, año en el que se cumplían 10 años de la masacre de Tlatelolco, marcha en la que se unió un contingente de varios grupos de gays y lesbianas, lo cual dio pie a que se conocieran y comenzaran a organizar un año más tarde la Primera Marcha del Orgullo Gay en México.

Sin duda, las líneas de lucha emprendidas por los movimientos de las disidencias sexuales fueron contra el estigma tradicional y la ocultación, por lo que expresar públicamente su identidad, su sexualidad, sus afectos y su socialización han sido actos profundamente liberadores y revolucionarios, que rompen con la heterosexualidad obligatoria, que instaura una mirada única de la sexualidad vinculada únicamente con la reproducción. Este rompimiento es tan profundo e importante, ya que coloca la mirada del lado del placer, alejándola diametralmente de la reproducción. 

No obstante, la visibilización que emprendieron estos grupos no ha sido suficiente para que de facto haya un reconocimiento de sus derechos, aunque la mayoría de la población lésbico-gay-bisexual-transgénero-travesti-transexual e intersexual (LGBTTTI) reconoce que la discriminación es un acto ilegal, esto no ha evitado que se sigan produciendo actos que les agreden, les menosprecian, les violentan y les impidan el pleno acceso a sus derechos

Los avances legales en materia de no discriminación, como lo son las legislaciones sobre el derecho a la no discriminación por orientación sexual o identidad de género, o lo referente a matrimonio igualitario son avances en la materia, sin embargo en México la población sigue sin tener pleno goce de estos derechos, con nulas políticas públicas que conduzcan a garantizarles una vida digna.

Tan solo habría que mirar las cifras que presentó la organización Letra S el pasado mes de mayo, en las que se muestra que el 2019, primer año de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, la comunidad lésbico, gay, bisexual, transexual, transgénero e intersexual, vivió uno de sus años más violentos registrando al menos 117 asesinatos por odio a la orientación sexual e identidad de género.

Por tanto, el combate a la discriminación de la comunidad LGTB+ es más que necesario, ya que aún estamos lejos de lograr que se garantice el respeto a los derechos humanos y el acceso a una ciudadanía plena para todas las personas de las disidencias sexuales.

Los movimientos de la liberación sexual han mostrado que la sexualidad también forma parte de un sistema económico, político y jurídico, por lo que el mes de junio desde hace varias décadas se ha convertido en una fecha emblemática para la comunidad, conformándose el mes del Orgullo LGTB+, en el que se realizan mundialmente actos públicos de reinvidicación, visibilización y exigencia de derechos, basándose en que la noción básica del «Orgullo LGTB» reside en que ninguna persona debe avergonzarse de lo que es, mucho menos de su sexualidad.

Debido a la pandemia del COVID19, las marchas del orgullo que desde hace algunos años son realizadas en diversos puntos del planeta, hoy serán celebradas de manera virtual. En Querétaro, el día 13 de junio a las 19 horas se realizará la 4ta. Marcha Virtual del Orgullo. Pueden seguirla a través de la señal de TV UAQ.

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