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El papel de las mujeres en el cuidado, la alimentación y las iniciativas alimentarias alternativas en Amealco de Bonfil y en México

El municipio de Amealco de Bonfil es conocido como el granero de Querétaro debido a que es la zona productora de maíz más importante del estado. Aunque la mayoría de las familias agrícolas a pequeña escala siguen produciendo el maíz criollo para el autoconsumo, pocas siguen produciéndose bajo el sistema de policultivo de la ‘milpa’.

Este sistema ancestral está compuesto por diversas variedades y especies comestibles como el maíz, la calabaza, el frijol, el chile, el chilacayote, los quelites y también las plantas medicinales. Esta forma de producción contrasta con la producción del maíz en monocultivo que implica el uso de fertilizantes, agroquímicos y semillas híbridas. Este último modelo de producir maíz deriva de una visión agroindustrial, y genera problemas de contaminación ambiental, principalmente de suelo y agua, y ha contribuido a la pérdida de las semillas nativas de la región y con ello también las variedades de alimentos que consumían (Martínez Puente & Chávez Hernández, 2015).

En el municipio de Amealco, nosotras vemos que las familias siguen produciendo maíz y otros cultivos para el autoconsumo gracias a la organización familiar y comunitaria. Estas unidades del paisaje de donde se obtienen alimentos (traspatios, milpas de casa, huertos, nopaleras, bosques) sustentan una importante diversidad de especies comestibles manejadas bajo una gran diversidad de prácticas (siembra, recolección, trasplante) basadas en saberes transmitidos de generación en generación. Al mismo tiempo cada generación va adaptándose a partir de las herramientas, conocimientos y situaciones socio-culturales que tiene a la mano. En las últimas décadas las comunidades y familias rurales han experimentado presiones económicas externas (globalizadoras, homogeneizadoras) que obligan a las familias completas o a algunos de sus integrantes (hombres mayoritariamente) a migrar a las ciudades o a seguir buscando el sueño americano. Esta situación ha generado que las funciones cotidianas repartidas por roles de género ahora caigan sobre las mujeres, quienes además de cumplir nuestros roles, ahora asumimos las tareas asignadas normalmente a los hombres. Estos roles los tenemos que ejercer bajo situaciones de desigualdad, como no ser dueñas de las tierras que hacemos producir y por tanto no tener acceso a créditos productivos o bien, trabajar fuera del espacio doméstico para ganar dinero, pero al mismo tiempo hacernos cargo de la casa, de la crianza, de producir comida para bajar costos de subsistencia.

En las zonas rurales se da todavía la convivencia familiar alrededor de la mesa para el almuerzo, la comida y la cena. En las ciudades se ha ido perdiendo la unidad familiar alrededor de la comida por las prisas y debido a las largas jornadas fuera del hogar. Así, en las urbes es común solo llegar a merendar en casa. La vida urbana y la falta de tiempo hace que cada vez más hombres y mujeres coman en la calle comida rápida denominada ‘fast food’ en inglés y/o que están obligados a comprar alimentos procesados y ultraprocesados en las tiendas de abarrotes y de autoservicio. En la ciudad comer bien, comer sano, es un lujo que muchas familias no pueden permitirse. Esta tendencia de consumir cada vez más comida ‘chatarra’ ha llevado a múltiples problemas de salud en la familia desde los más pequeños hasta los adultos. La inserción al mercado laboral de la mujer y la vida moderna en las ciudades no solo ha cambiado poco a poco los hábitos alimenticios de la mayoría de los mexicanos, sino también ha hecho que la unión familiar alrededor de la comida se vaya perdiendo, tanto en las clases bajas, como en las clases medias y altas. No obstante, en México la comida diaria sigue siendo la labor de las mujeres en los hogares, en las cocinas económicas u otros establecimientos que venden comida preparada, y/o como empleadas en las cocinas privadas y públicas, además que se dedican a otras tareas del hogar (Carreño-King, 1997).

Esta asignación social de la responsabilidad del hogar y el cuidado de la familia ha conllevado a que más de la mitad de las mujeres del país no participan oficialmente en el mercado laboral. En concreto, en enero de 2022 solo 23,8 millones o 40.1% de las mujeres participan en el mercado laboral. Considerando que 51% de la población del país son mujeres, significa que una gran parte de las mujeres no figuran en el sistema económico actual, y/o trabajan en el sector informal y/o dependen económicamente de alguien más (Statista, 2022). Estas cifras son alarmantes debido a que la falta de ingresos fijos y constantes, así como de seguridad social, hace que las mujeres en este país sean mucho más vulnerables en términos de cubrir sus necesidades de forma independiente del suministro económico de terceros.

Lagarde (2018) afirma que “son las mujeres quienes cuidan vitalmente a los otros: hombres, familias, hijas e hijos, parientes, comunidades, escolares, pacientes, personas enfermas y con necesidades especiales, al electorado, al medio ambiente y a diversos sujetos políticos y sus causas”. A pesar de la gran aportación social que brinda a la sociedad en términos de servicios del cuidado, este trabajo a veces es sin remuneración alguna, sin contrato ni seguridad social. En este sentido, los servicios de cuidado van desde “la alimentación, el abrigo, la limpieza, la salud y el acompañamiento, hasta el apoyo y la transmisión de conocimientos, valores sociales y prácticas mediante procesos relacionados con la crianza”, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)” que simplemente se asigna a la mujer (Juárez, 2022).

En cuestiones de la alimentación, a lo largo de la historia muchos procesos fundamentales para la supervivencia de la humanidad han sido encabezados por las mujeres, desde la selección de semillas hasta el procesamiento y la preparación de la comida. El 70 % del trabajo agrícola de pequeña escala en el mundo es hecho por mujeres (Leisa, 2021). En México, por la migración de los hombres a las ciudades y al extranjero, se ha ‘feminizado la agricultura’ con enormes desventajas, ya que actualmente tienen que enfrentar problemas como falta de titularidad de las tierras (los dueños son los hombres, muchas veces emigrados), acceso a créditos (sistemáticamente se les niegan), a recursos y a asistencia técnica (CEDRSSA, 2018). Además, el “93.5 por ciento de las mujeres rurales mexicanas son vulnerables por las carencias sociales (alimento, educación, servicios de salud, servicios públicos, vivienda y otros)”.

En México, en las zonas urbanas la mayoría de las mujeres combinan el trabajo doméstico con el trabajo fuera del hogar cumpliendo muchas veces dobles o triples jornadas de trabajo. Esta realidad lo denuncian cada vez más mujeres en las redes sociales al hacer hincapié en que “se espera que las mujeres trabajen como si no tuvieran hijos, pero que críen a sus hijos como si no trabajaran” y a pesar de esto son ellas quienes están juzgadas y etiquetadas por la sociedad. En zonas rurales, a pesar de que las mujeres (aunque no siempre las madres, sino también las abuelas, tías, hermanas, comadres) juegan un rol protagónico en el cuidado del hogar y de integrantes de la familia, al mismo tiempo tomaron un rol más activo en la producción agrícola y ganadera. No obstante, es paradójico que a pesar de que ellas contribuyen a la seguridad alimentaria del país, el 38.1 % de las mujeres de zonas rurales tienen problemas para cubrir sus necesidades básicas alimentarias (García, 2022). Por esto, es de suma importancia dar visibilidad y valorar los aportes que hacemos las mujeres a la soberanía alimentaria en los territorios rurales.

Así mismo, normalmente las mujeres nos preocupamos por la salud y el bienestar de nuestras familias y muchas veces son las que generamos movimientos y comenzamos iniciativas alimentarias alternativas como son los tianguis y mercados alternativos, las canastas solidarias, los cooperativas de consumo, entre otras, que no solo impulsan una alimentación saludable y más natural, sino también fomentan el rescate de la comida tradicional con ingredientes locales y la protección de los recursos naturales. No obstante, nuestro papel en los movimientos sociales con respecto a la alimentación y otros aspectos de la vida cotidiana ha sido invisibilizada. Por lo que la 9a Feria del Maíz y la Milpa que se lleva a cabo el 5 de marzo de este año en San Miguel Tlaxcaltepec, municipio de Amealco de Bonfil (Querétaro) tiene por título “Mujeres, tierra y vida”. Se organiza por el Comité de la Feria integrado por habitantes de comunidades, colaboradores de la Universidad Autónoma de Querétaro (Campus Amealco), y representantes de otras iniciativas locales y regionales en temas socio-ambientales. Así, no es coincidencia que la mayoría de las personas que participan en la organización de la feria del maíz y la milpa, somos mujeres organizadas por el bien común. Sabemos que, si andamos juntas, el camino es mejor para todas.

*Docentes e investigadoras de la UAQ- Campus Amealco, fundadoras de la Red Socio-Ambiental Amealco e integrantes del Comité Organizador de la Feria del Maíz y la Milpa y madres de familia.

Referencia bibliográfica

– Carreño King, T. (1997). La Cocina Mexicana a través de los siglos. VII. El pan de cada día. Editorial: Clío, libros y videos, S. A. de C. V. / Fundación Hérdez, A. C

CEDRSSA, (2018). Visibilizar trabajo agrícola no remunerado de mujeres campesinas: CEDRSSA. Recuperado, el 09 de enero de 2023 de: http://www.cedrssa.gob.mx/post_visibilizar_-n-trabajo_agrn-cola-n-_no_remunerado_de_-n-mujeres_campesinas-n-_-n-cedrssa-n.htm

– García, A. K. (2022). Inseguridad alimentaria: 4.8 millones de mexicanos no han comido hoy, la mayoría son mujeres y niños. Recuperado de Ell Economista, el 09 de febrero de 2023 de: https://www.eleconomista.com.mx/politica/Inseguridad-alimentaria-4.8-millones-de-mexicanos-no-han-comido-hoy-la-mayoria-son-mujeres-y-ninos-20220709-0017.htm

– Juárez, B. (2022). Trabajo de cuidados en México, ¿quiénes lo ejecutan y quiénes pueden pagarlo?. Recuperado de El Economista, el 09 de enero de 2023 de: https://www.eleconomista.com.mx/capitalhumano/Trabajo-de-cuidados-en-Mexico-quienes-lo-ejecutan-y-quienes-pueden-pagarlo-20221011-0093.html

– Lagarde, M. (2018). Mujeres cuidadoras: entre la obligación y la satisfacción. Recuperado el 09 de febrero de 2023 de: https://rebelion.org/mujeres-cuidadoras-entre-la-obligacion-y-la-satisfaccion/

– Leisa, (2021). Simposio Temático: Las mujeres en los sistemas agrarios y rurales sostenible. Recuerado el 09 de enero de 2023 de: https://www.leisa-al.org/web/index.php/lasnoticias/biodiversidad/2627-simposio-tematico-las-mujeres-en-los-sistemas-agrarios-y-rurales-sostenibles

– Martínez Puente, J., & Chávez Hernández, Á. (2015). Ciclos sociales y culturales de maíz en San Ildelfonso Tultepec, Amealco, Querétaro. Santiago de Querétaro: Instituto Queretano de la Cultura y las Artes.

– Statista (2022). Distribución porcentual de la población económicamente activa en México en abril de 2022, por género. Recuperado, el 09 de enero de 2023 de: Población económicamente activa por género en México abril de 2022 | Statista

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