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Visibilización del trabajo de la mujer campesina

No ha faltado momento en nuestra historia y en la actualidad donde no se hable del trabajo campesino, su resistencia ante nuevas alternativas de producción, las carencias que se muestran en las prácticas tradicionales como hacer milpa y el trabajo en el campo de hombres y mujeres en comunidades rurales. Si bien, existe una fuerza social y cultural que se mostró invisibilizada, aquellas manos y esfuerzo de mujeres que trabajan la tierra por tradición y que transforman la experiencia, una planta y una semilla en alimentos para nuestros hogares.

El trabajo campesino de las mujeres siempre ha sido permanente, los roles del trabajo de campo se basaban en la fuerza y tradiciones familiares que aún permanece de generación en generación.

Ahora bien, hablar de una mujer campesina no solo es identificar el rol de genero impuesto por la sociedad como las prácticas en la cocina, la crianza, curación tradicional, partería etc, es hacer memorias, reencarnarlas, cuestionarlas y revalorizar los esfuerzos femeninos en contextos vulnerables.

Al preguntar a nuestras ancestras un testimonio de vida en el campo se puede percibir una conexión entre la milpa y la fuerza de la mujer como identificación cultural, por diversas practicas tradicionales como el ciclo lunar, creencias religiosas, mitos y elementos culturales que conectan la vida campesina con la familia y valorar la labor de todo el proceso agrícola en el que también participan.

Contaba una mujer amealcense que desde muy pequeña por ser la mayor de sus hermanas sus padres la mandaban a cortar leña e ir por agua al pozo, aprendió a seleccionar semillas, a sembrar y cosechar, poco dé pues a nixtamalizar y echar tortillas así como cocinar lo que cosechaba, mencionaba que no era algo que le gustara hacer puesto que era pequeña y le costaba mucho trabajo pero era una obediencia familiar que con el tiempo se hizo habito y aprendizajes de vida que logro hacerlo con amor y ahora trascienden en generaciones. Es importante reconocer que el trabajo de las mujeres campesinas está presente desde diversas actividades como cortar leña, llevar alimentos a la milpa para sus familiares que solían sembrar que por lo general era a sus esposos, padres o hermanos, la nixtamalización, moler maíz y hacerlo tortilla, tamales o memelas para alimentarse o comercializarlo, sin embargo, se debe considerar que es un trabajo colectivo y ser valorizado a partir del reconocimiento y remuneración.

En la actualidad existen diversos factores que influyen en el aumento del trabajo campesino en mujeres, uno de los principales es la migración de varones a otros lugares en busca de trabajo para mejorar sus condiciones de vida, no obstante, el trabajo en las tierras sigue permanente lo cual se percibe en algunas comunidades donde se ve reforzado y permanete el trabajo de la mujer en la milpa.

Actualmente las mujeres campesinas han abierto camino al desarrollo a pesar de las diferentes líneas que se han establecido en las políticas públicas enmarcadas a partir de condiciones de las masculinidades como principales sujetos, puesto que existe un desafío donde el desarrollo generalmente está enfocado a las actividades de los hombres limitando la participación de las mujeres e inclusive haciendo políticas hechas para los hombres.

Las relaciones de género se van transformando a partir de diversas manifestaciones colectivas en defensa de la igualdad. Bien sabemos que, en diferentes contextos, persiste el machismo y resistencia por parte de mujeres que luchan por sus condiciones de vida.

Poco se muestran los procesos de lucha de género que han dado resultado para el reconocimiento de la mujer campesina, ha incrementado la inclusión de mujeres a ser beneficiaras de apoyos gubernamentales para el sector campesino y su participación en los programas y políticas públicas del sector agrario lo cual es un favorable avance para su reconocimiento participativo.

La mujer y la milpa representan memorias en cada rostro campesino, identidad, fuerza, cosmovisión y lucha. Mujeres que a través de su trabajo y resistencia ante procesos políticos van tejiendo redes de apoyo local compartiendo saberes y estrategias de visibilizar su trabajo mediante producción, intercambio y comercialización de sus alimentos.

La conciencia de consumo y hábitos alimenticios es un apoyo a los procesos de género campesino en contextos rurales, la mayoría de mujeres campesinas aprenden hacer milpa desde niñas, al compartir sus saberes en los alimentos que consumimos valoramos su trabajo e identidad ya que la milpa es distinta en cada región, como distintas son nuestras cocinas. Así como la milpa tradicional debe ser valorada ya que es un principio vital de la cosmovisión de los pueblos indígenas es importante que las comunidades tengan voz y el trabajo de las campesinas y los campesinos puedan ejercer su autonomía para preservar las tierras y su reestructuración trabajando de forma colectiva ayudando a mantener la integridad de los pueblos campesinos.

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