Opinión

2015, año de Morelos

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

Metamorfosis-mepa@hotmail.com

 

Después del puente Guadalupe-Reyes, iniciamos 2015 con nuevos ánimos… y nuevas incertidumbres. ¿Cuáles son tus propósitos de año nuevo?, preguntamos a los amigos por estas fechas.

Más que enunciar propósitos, que implican acciones concretas para modificar nuestra realidad, respondemos con vagos deseos, que reflejan un modo de pensar medio baladí, medio mágico: “Verás que en 2015 nos irá muy bien”; “si todos cerramos los ojos, deseando con fuerza, mucho, mucho, tener paz y prosperidad (¡plop!), así será”.

Numerosos mexicanos anhelan curar la depresión, por los horrores del 2014 y el negro porvenir que vislumbramos. Incluso las cúpulas político-empresarial y eclesiástica presumen unirse al clamor popular (les conviene), aconsejando “olvidar”, “superar el pasado”, “darle vuelta a la hoja”, “hacer borrón y cuenta nueva”, “ver hacia delante”. “Si volteamos atrás, nos volveremos estatuas de sal, como la mujer de Lot”.

En este contexto, resulta interesante (y contradice los mensajes anteriores) la invitación del gobierno federal a repasar la historia, declarando al 2015 “Año del Generalísimo José María Morelos y Pavón”. Quién sabe qué busque la Segob con tal conmemoración, pero al pueblo le es útil, como referente para impulsar, con nuevos bríos, esa transformación social que ya urge.

Recordar a Morelos (autonombrado “Siervo de la Nación”, en franco repudio al título de “Alteza”) contribuye a evidenciar aún más la trágica pérdida de esos valores fundantes del México independiente. A Morelos se le considera “constructor del Estado mexicano” y uno de esos grandes héroes que nos dieron patria.

¿Quién piensa hoy en próceres, cuando es “más divertido” imaginar al Cocacolo-Santa, al Hobbit o a Katniss Everdeen? ¿Quién querría imitar a Morelos, sabiendo que murió fusilado?

Si hoy, a muchos el recuento de la historia les parece “inútil”, la memoria sigue siendo fundamental para la liberación humana.

Morelos logró, como hábil dirigente popular, reunir al Congreso e impulsar la primera constitución del México independiente. En su “Sentimientos de la Nación”, uno de los textos políticos más importantes de nuestra historia, ofrece la base para concretar la emancipación de toda América Latina.

Ese documento suscribe la república y sus tres poderes; establece que “la soberanía nacional dimana inmediatamente del pueblo…”; “que la esclavitud se prescriba para siempre y lo mismo la distinción de castas, quedando todos iguales…”; “que en la nueva legislación no se admitirá la tortura”;  ni a los extranjeros…  “si no son libres de toda sospecha”; “qué la patria no será del todo libre y nuestra, mientras no se reforme el gobierno, abatiendo al tiránico, echando fuera de nuestro suelo al enemigo español que tanto se ha declarado contra esta nación”; “que como la buena ley es superior a todo hombre, las que dicte nuestro Congreso deben ser tales que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia, y de tal suerte se aumente el jornal del pobre, que mejore sus costumbres, aleje la ignorancia, la rapiña y el hurto”; “que las leyes generales comprendan a todos, sin excepción de cuerpos privilegiados…” (No abordo aquí su tendencia católica, que merece otra discusión).

¿Qué hemos aprendido los mexicanos de Morelos?, ¿en qué hemos mejorado en los doscientos años que nos separan de él?

Pareciera que regresamos en espiral a ciertas condiciones del pasado: México no es soberano, sino vasallo del colonialismo neoliberal; emporios extranjeros se adueñan de nuestro territorio y las tropas estadounidenses lo penetran (so diversos pretextos); la esclavitud se legaliza en “outsourcing”; la Cruzada contra el Hambre y demás obras asistenciales de la plutocracia lejos de aliviar, ahondan las tremendas desigualdades que padecemos; para colmo, nuestra clase política (poco dispuesta a asumir la responsabilidad del desastre) se mimetiza con la delincuencia organizada y se comporta de modo similar a viejas monarquías: ignorante, voraz, frívola, cínica y sorda.

El 2015, año electoral, ofrece a los mexicanos importantes desafíos.

Otrora los partidos políticos debatían por establecer “el mejor proyecto de nación, el más justo y benéfico para todos”. Hoy sólo interesa ganar las elecciones (léase: enormes beneficios personales), sin importar lo que haya que hacer para conseguirlo.

Tanto han dañado al pueblo los partidos, que a muchos parece buena opción las “candidaturas independientes”, ésas que enfatizan el afán de un individuo, no un proyecto social, o bien los “partidos ciudadanos” de clanes familiares. (Como si sólo por ser “independientes” o “ciudadanos”, estuvieran libres de toda perversión).

Tanto han dañado los partidos al país, que en 2015 mucha gente (nunca la suficiente) buscará boicotear las elecciones, no importa si esto empeora las cosas, inclinando la balanza en pro del más abusivo y dejando sin base social a quienes gobiernen (pues aún no construimos la estructura alternativa).

Más allá del Atlántico, el pueblo español, harto de monarquías y gobiernos neoliberales, impulsa con fuerza al “Podemos”, que probablemente desbanque a sus partidos tradicionales.

En México, varios movimientos impulsan un Nuevo Constituyente, que haga efectiva la democracia directa, que sancione severamente, expulse y encarcele a quienes dañen al pueblo. Sólo que para lograrlo, no basta esperar a que quienes actúan tengan éxito.

¿Cómo contribuye cada quien (usted, amable lector) a impulsar o a bloquear, aquí y ahora, al nuevo movimiento emancipador?

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