Opinión

Anonymous: la comunicación de la soberbia y la temeridad

Por José Luis Álvarez Hidalgo

 

“No existe otro mundo en donde todo va a estar bien. Sólo tenemos éste. Sólo esta roca donde estás sentado”

Sean Penn en La delgada línea roja

Ahora que en fechas recientes este grupo de hackers, los autodenominados Anonymous, declaró la guerra frontal en contra de Los Zetas, a través de una operación denominada Operación cártel, que se propuso estallar la bomba informativa sobre decir los nombres de personajes políticos coludidos con el narcotráfico el próximo 5 de noviembre. La operación ha sido cancelada por los riesgos que implica y las amenazas directas en contra de sus miembros y de personas inocentes.

Este grupo se ha erigido como una poderosa asociación virtual de comunicación cibernética con un discurso desafiante, no exento de soberbia, y que muy pronto comienzan a sentir los estragos de su temeraria actitud: uno sus miembros fue secuestrado y luego liberado para la paz y el sosiego de sus anónimos integrantes. Todo pareciese tener visos de una bien lograda película de ciencia ficción, al más puro estilo de la sorprendente y visionaria Matrix de los hermanos Wachowski.

Sólo que la dolorosa realidad se cuela por todos los poros y el tímido envase de la ficción no alcanza a contenerla. No todas las batallas se van a librar en el estrecho, y a la vez infinito, espacio de la pantalla virtual. La sangre salpica de verdad y la guerra por Internet deja de ser un simulacro para alcanzarte de verdad con su mano violenta y vengadora. Los Zetas amenazan y cumplen lo dicho, lejos de esa delgada línea de sombra que separa a la realidad real de la realidad virtual. ¿En qué lugar estamos metidos, que ya no distinguimos con claridad un mundo del otro?

Esta clase de comunicación funciona, ni duda cabe, pero lo hace en la medida en que es controlable y puede contenerse en el margen de lo permisible ética y moralmente. De lo contario, al desbordarse arrasa con todo y destruye más allá de sus aparentes límites. Recordamos los funestos sucesos de la agresión masiva a los Emos en la Plaza de Armas queretana, a cargo de una turba convocada a través de las redes sociales por Internet. Recordamos a los twitteros reprimidos por el gorila descerebrado que gobierna Veracruz y que le tuvo pánico a esta comunicación demoledora. También viene a la memoria la imagen siniestra de los Matazetas realizando su presentación formal ante la sociedad con pompa y circunstancia. Hay muchos ejemplos más.

No se trata de un juego, es la comunicación del día de hoy la que marcará los derroteros de la nueva civilización emergente y es la que enarbolan nuestros hijos en el Facebook; es la guerra sucia que manejan los candidatos a Rector de la UAQ en todas las redes sociales; son las toneladas de videos que día con día inundan el Youtube con imágenes agobiantes; es el twitter la nueva comunicación social y política de los funcionarios holgazanes que no saben escribir algo más allá de los 65 caracteres reglamentarios; es el torrente musical interminable del iTunes; son los cuatro millones de iPhones 4-s defectuosos que se vendieron a granel luego de la muerte de su creador, el todopoderoso Steve Jobs, y su inmenso legado cibernético y para cerrar con broche de oro es la falla sistémica de millones de Blackberrys y que durante un par de días pusieron de cabeza al mundo.

De allí que me parezca riesgosa una comunicación que empieza a perder piso y a borrar toda clase de fronteras, no sólo territoriales, sino éticas y morales; no es que me jacte de ser un purista de la comunicación elemental y trascendental, pues también soy partícipe de estos nuevas tecnologías; no es que quiera negar todas las grandes aportaciones que esta nueva comunicación ha hecho en el terreno de la denuncia, la democracia, la libertad de expresión y la formación de una conciencia libre e independiente; no, al contrario, sin esta comunicación no habría muchos avances al respecto, lo admito.

Sucede que la guerra de las galaxias que pretende Anonymous en contra de Los Zetas puede ser bien intencionada y muy valiente, temeraria, tal y como lo hizo Wikileaks en su momento y que fue una verdadera revolución comunicativa y libertaria en toda la expresión de la palabra. No, sólo que una comunicación cargada de soberbia y exabruptos desafiantes, entraña serios riegos para sus emisores y se puede volver en su contra, tal y como empezó a suceder con este grupo de hackers anónimos, quienes son descubiertos, pierden el anonimato que los protegía y ven expuesta su integridad física.

No hay que perder piso: la comunicación debe ser una herramienta para acercar al hombre con el hombre y para liberarlo de sus opresores. Y si tiene un agregado más, mejor: la comunicación más genuina y eficaz es la humildad.

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