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El PRI y las nuevas generaciones del PAN tendrán que aprender a ser opositores. Los primeros nunca lo han sido, no lo fueron ni con Vicente Fox ni con Felipe Calderón y no lo han sido en los estados gobernados por el PAN; más bien han sido cómplices y condescendientes con el poder en turno

Este primero de diciembre asumió la presidencia de la República Andrés Manuel López Obrador (AMLO), luego de un largo recorrido personal que, quizá, arranca con su adhesión a la “corriente democrática” del PRI; corriente que provocó un cisma en el PRI con su salida de ese partido en 1987 y 1988. Los líderes principales de esta corriente fueron Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Carlos Tello, Rodolfo González Guevara y varios más.

López Obrador sale del PRI con este grupo y emprende su largo camino como opositor al sistema neoliberal, impuesto en nuestro país de manera salvaje mediante el fraude electoral de 1998 que impuso en la presidencia de la república a Carlos Salinas de Gortari con la complicidad del PAN y de personajes oscuros como Diego Fernández de Cevallos. Ese fraude es también el nacimiento del “PRIAN”: la colaboración de los antes opositores panistas con el poder en turno.

López Obrador fue presidente nacional del PRD y jefe de gobierno de la Ciudad de México. El último trayecto comenzó con el intento de desafuero orquestado de manera antidemocrática por Vicente Fox para que AMLO no fuera candidato a la presidencia de la República. El panista Fox sabía muy bien que el gobierno del PAN había sido un rotundo fracaso, por lo que los panistas tenían miedo de perder las elecciones presidenciales de 2006.

Al no poder frenar la candidatura de AMLO debido a una enorme movilización popular, los panistas instrumentaron el fraude electoral más documentado de la historia para imponer en la presidencia a Felipe Calderón; esta vez con la complicidad del PRI, partido que se había desfondado en ese proceso electoral. El PRIAN usó malas artes con tal de impedir la llegada de AMLO a la presidencia, en complicidad con el Instituto Nacional Electoral (INE).

Este artículo se escribe antes del primero de diciembre, pero es previsible que la toma de posesión haya sido una verdadera fiesta popular, muy distinta a la de Enrique Peña Nieto —el primero de diciembre de 2012—, que se da en medio de una gran represión en la Ciudad de México y de grandes movilizaciones en todo el país en contra de la asunción de Peña Nieto luego de otro monstruoso fraude electoral, avalado una vez más por el PAN y por el INE.

El camino de AMLO no ha sido el de una sola persona. Muchos lo hemos acompañado desde el desafuero, otros se incorporaron en la lucha en contra del fraude electoral de 2006, otros se incorporaron al Movimiento Nacional en Defensa del Petróleo, otros, más jóvenes, se sumaron en la lucha contra el fraude electoral de 2012, otros más se sumaron a la formación de Morena y, quizás, los últimos fueron todos aquellos que a partir de 2012 han venido dando la batalla contra las reformas estructurales impulsadas por el PRIAN junto con el PRD y otros partidos menores en el sexenio de Peña Nieto, la lucha contra las reformas laboral, energética y “educativa”.

Este 1 de diciembre cristaliza muchas luchas que vienen desde muy atrás, en las que se han hecho muchos esfuerzos por tener una verdadera democratización en el país por respetar los procesos electorales, por frenar reformas lesivas a los derechos humanos. No ha sido la lucha de un caudillo, a pesar de que sus detractores acusan a AMLO precisamente de eso. Él solo no estaría en donde está. Ha sido una larga lucha colectiva y multilateral desde distintas trincheras, desde partidos políticos (como fue el inicio del PRD), sindicatos y organizaciones civiles. Usando distintos medios, desde la movilización popular hasta la lucha electoral que ha permitido cambiar la correlación de fuerzas en el Congreso y en el Senado, al ganar Morena la mayoría en ambas cámaras legislativas.

Así como la lucha de AMLO no ha sido solitaria, tampoco su gobierno se podrá sostener por la voluntad de un sólo hombre. Hay un gran equipo que se ha venido conformando a su alrededor a lo largo de los años, con una fuerte componente de izquierda (no todos los afiliados a Morena o todos sus representantes populares son de izquierda). El gobierno de AMLO llegará hasta donde lo acompañe el pueblo. No hay que bajar la guardia. Es el momento de grandes transformaciones en nuestro país y todos estamos involucrados.

El PRI y las nuevas generaciones del PAN tendrán que aprender a ser opositores. Los primeros nunca lo han sido, no lo fueron ni con Vicente Fox ni con Felipe Calderón y no lo han sido en los estados gobernados por el PAN; más bien han sido cómplices y condescendientes con el poder en turno. Y tampoco la mayoría de los panistas han sido oposición. No lo fueron con Salinas de Gortari, ni con Zedillo ni con Peña Nieto. Recibieron el beso del diablo al avalar los fraudes electorales del PRI y al instrumentar los fraudes propios.

Por más que se ofendan, el PRIAN existe y el pueblo lo sabe. De ahí los 30 millones de mexicanos que el pasado 1 de julio dieron un “no” rotundo a las políticas neoliberales instrumentadas por PRI y PAN en los últimos seis sexenios. El PAN ha sido cómplice del PRI desde 1988. Tienen 30 años de concubinato por lo que ya casi no queda ningún panista que si haya sido un verdadero opositor. La hora cero de la república ha llegado, ya está aquí.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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