Articulistas

Absolutos

Demasiados temas. Para el tercer debate presidencial habría sido suficiente con pobreza y desigualdad.

Para entrar a fondo y confrontar visiones de país. Si la fuente de los cuestionamientos fueron las redes, se puede advertir la alta temperatura del malestar social.

Somos lo que discutimos y la manera en que lo hacemos. Los cuatro caballeros del debate reflejan bien al país. El burócrata. El aplicado sabelotodo. El asoleado. El payaso de la fiesta. Cada quien trae su ‘speech’ y ahí te va, es mi tiempo y te aguantas. La clase política está ocupada en sus reyertas de cúpula y la agenda del país poco importa.

También fue un torneo de dioses para quienes la memoria es no sólo desechable, sino un estorbo. Un torneo de dioses pendencieros que nadan en sus propios absolutos. El reino del superlativo. Grandilocuencia. Gesticulaciones.

Recuérdelos con sus ademanes y tremendismo. Anaya: “Estoy absolutamente de acuerdo”. “Lo digo con absoluta seguridad”. “Ya lo he dicho con muchísima claridad”. “No les tengo miedo”. “No tengo ninguna duda”. Escuche ahora a Meade: “Conmigo a ti te va a ir muy bien”. “Yo les voy a dar el trato que merecen”. “Yo estoy absolutamente de su lado”. “Conmigo, en dos años salieron de la pobreza 2 millones de mexicanos”. No importa que el moderador le haya recordado que cuando el presidente Salinas creó el Pronasol había 40 millones de pobres y hoy suman 53 millones.

Por supuesto que necesitamos saber qué piensa hacer y qué podrá hacer realmente el favorito, si efectivamente gana la elección. Pero eso no parece estar importando ahora. Más que un análisis sesudo de lo que le sucede al país, se aprecia un estado de ánimo fincado en una pregunta muy simple y remota: ¿qué dijeron que iban a hacer PRI y PAN y qué acabaron haciendo?

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