Articulistas

Benjamin, José Agustín y Janis

“Equivoca destinos al pasar, provoca encuentros insólitos y sueltos, es el viento un portento de máquina aleatoria”.

—Gabriel Zaid / Julio Hubard

Walter Benjamin (1892-1940): Portbou, última estación

Aferrado a un manuscrito más importante que él mismo… Ahora se aferraba a la tabla de salvación que le ofrecían sus amigos de América. Talento oceánico disperso y fantasmal… que aventuraba audaces ideas en los campos de la estética la mística y la política que había vivido en la oscuridad y la indigencia los últimos años. Benjamin con su desesperada formalidad su gratitud de hombre bueno y su extrema debilidad física.

En las desbocadas diásporas en las fugas hacia ninguna parte en los exilios hacia la muerte. A la intemperie sin familia sin cédula profesional prángana ambulante. ¿Cómo fue el martirio de Benjamin? ¿Sus últimas horas? ¿Sus ideas finales? ¿Suicidio o asesinato? ¿Dónde quedó la famosa maleta con su manuscrito más importante que él mismo? ¿Se perdieron para siempre sus últimas reflexiones? Del muerto hoy nos hablan vagamente las voces de otros muertos. Peor que matar a una persona es querer matar y enterrar para siempre su espíritu.

José Agustín (Acapulco, 1944)

Apenas lo supe el año pasado por su propio hijo, José Agustín Ramírez Bermúdez. Me preguntaba: ¿Dónde está José Agustín? ¿Por qué ya no escribe? ¿Por qué no participa en las polémicas culturales de nuestro tiempo? ¿Dónde está su ‘Tragicomedia Mexicana’ del Siglo XXI? Aunque la primera no me gustó, por sus simplificaciones en blanco y negro, arriba y abajo, alta cultura y cultura popular y de la onda: fue muy comentada y celebrada y se hace necesario el cuarto tomo dedicado al siglo de la Edad Luz, pienso. José Agustín es un espléndido narrador, pero no un gran ensayista con ideas resistentes, creo.

Y entonces supe lo de la caída. Quedé conmovido. Sigo conmovido y ahora nos dice más su hijo, ¿quién sigue sus pasos locos y con su prosa chispeante y burbujeante? La caída. La admiración y el acoso de sus fans orillándolo al abismo. Naturalmente fue un accidente. ¿La locura de Dios o el rencor de la grandeza?, se preguntaría Federico Nietzsche. Yo pienso que fueron las tres cosas: el azar, el destino, la libertad. La vida personal, el accidente y el rencor de los dioses.

Si mi memoria literaria no me engaña, José Agustín fue el primer escritor que empecé a leer de chavo con placer y en serio: ‘La Tumba’, ‘De Perfil’, ‘Autobiografía’, ‘La nueva música clásica’, ‘Inventando que Sueño’, ‘Abolición de la Propiedad’, ‘Se está Haciendo Tarde’, ‘Ciudades Desiertas’, ‘La contracultura en México’…

Bautizados por Margo Glantz y confirmados por Carlos Monsiváis, ya luego supe que era la nueva literatura de la onda: Gustavo Sainz, René Avilés Favila, José Agustín, Parménides García Saldaña, Jesús Luis Benítez… Inventar el lenguaje de tu tiempo y romperles la madre a las palabras. ¿Cuántos quedan? ¿Qué fue lo que dijeron y en dónde está todo lo que hicieron?

Ah, la locura de los dioses y el rencor del éxito. Querido maese José Agustín, un doble trago de luz y salud de luz, gracias, tus palabras buena onda nos liberaron y las diferencias nos enriquecieron. ¡Salud de luz, maese, gracias!

Janis, soledad en la multitud

A 50 años del festival de Woodstock celebrado en Nueva York en 1969, amor y paz, hippies y piedras rodantes, música y drogas, música y sexo, amor libre y otras vainas… ‘Plaza de Armas’ de Q tiene el tino periodístico local de recordar en la ciudad capital queretana, otra hora levítica, pueblerina y colonial, monástica y conservadora, y hoy abierta a todos los vientos cruzados de México y del mundo.

La garganta del Bajío y el paso hacia el Norte es también el crucero del trasiego del narco, la violencia y el huachicoleo. Y en la plana editorial de ‘Plaza de Armas’ (01/02/2019), esta perla de Janis Joplin: “En el escenario le hago el amor a 25 mil personas diferentes. Luego me voy sola a casa”.

Recorté toda la página para guardarla un minuto en el corazón. ¿Lágrimas en los ojos? No, es el desierto del amor de los perdidos en el espacio por todo el universo. Volteo la hoja y al otro lado encuentro al Cronista de Q y al Querétaro del siglo XIX, con apenas unas pinceladas del actual: Ahora este espacio del Jardín de La Corregidora es un lugar para turistas donde hay restaurantes y bares, en que los “enganchadores” para asistir a uno de esos restaurantes se han vuelto un elemento molesto y nocivo, además del descomunal ruido y malos olores.

¿Todo tiempo pasado fue mejor y el sector privado moderno no es tan pulcro y eficiente como quieren hacernos creer? No sé nada de eso. Sólo sé que el tiempo transcurre y no vuelve. Janis y Del Toral, el corazón y la memoria, la pólvora y el azúcar. ¿Quién crónica e historia la Edad Luz del Querétaro XXI? Cierro ‘Plaza de Armas’ y me acuesto y me arrullo con la desolación infinita de Janis, ¿otra vez estoy llorando? Carajo. Pinche palabrero llorón.

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