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Caótico y siniestro

Con la eliminación de los privilegios de las élites y la transferencia de riqueza hacia los jodidos, que ya están en curso, mi voto está más que satisfecho.

Voté por Andrés Manuel López Obrador. En 2006. En 2012. En 2018. Y si se abre la consulta de revocación de mandato votaré, por supuesto, porque continúe al frente. Votaré no por el caudillo ni por el mesías ni por el hombre apasionado, votaré por el proceso que abrió, que encabeza y encarna con toda vitalidad. Un proceso lleno de impurezas, lleno de equívocos, lleno de trompicones, pero un proceso genuino y potente, al que se le resisten núcleos poderosos, visibles e invisibles, que con tal de darse a sí mismos la razón festejan puerilmente sus tropiezos.

¿Qué querían sus detractores? ¿A un dios o a un santo sin defectos? Esos están en los cielos y no en el mundo. Tal vez querían a un mudo. No está de más recordar el repudio que cosecharon las otras opciones: 78 por ciento el PAN y 85 por ciento el PRI. Así lo resolvió el electorado no por ser pueblo bueno y sabio, sino por haber llevado al tope el aguante social ante la exasperante acumulación de abusos e incompetencias. Con la eliminación de los privilegios de las élites y la transferencia de riqueza hacia los jodidos, que ya están en curso, mi voto está más que satisfecho. Con que durante el sexenio se coloquen firmes cimientos para la paz y una nueva economía, con eso me es suficiente.

Con agresiva candidez, no pocos lo acusan de polarizar al país. El presidente no polariza, es él mismo un síntoma de una polarización múltiple y compleja, anterior a su presidencia y por la que, de en buena medida, se explica su ascenso al poder. Le hace un útil servicio al país ese político que pone las cartas sobre la mesa y ejercita entre sus métodos la explicitación del conflicto y las contradicciones que están en la base del orden social.

Que la opinocracia lo masacra ad nauseam, todos los días y a todas horas, eso parece. Los medios tampoco son vírgenes puras, son voceros de los intereses de sus dueños y patrocinadores. La mayoría de los medios renunció al periodismo y sirve a causas que sería benéfico explicitaran. Deberían rendir ante sus lectores su 3de3. Bien vistos, más allá del tonito arrogante y el severo juicio que deliberadamente pasa por alto el terrible legado sobre el que se fundó el actual gobierno, pueden ser útiles al proyecto transformador al exacerbar la vigilancia, incluso sobre los agentes de la transformación.

Más allá de eso, pensemos en la novedad de lo que estamos viviendo. En medio del vendaval y del vértigo que trae consigo todo cambio, es preciso recordar lo que el siglo pasado escribió William Burroughs a Kerouac: «México no es sencillo ni festivo ni bucólico. Es un país oriental en el que se reflejan dos mil años de enfermedades y miseria, degradación y estupidez, esclavitud y brutalidad y terrorismo físico y psicológico. México es siniestro y tenebroso y caótico, con el caos propio de los sueños. A mí me encanta».

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