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¿De veras eres disruptivo?

Con el segundo informe de Marcos Aguilar (MAV) aprendimos la palabra: “disruptivo”, cuando afirmó, que desde el primer día de su gobierno ha tomado decisiones que lo han catalogado como un alcalde “polémico y disruptivo”.

El diccionario ‘significados.com’ explica que una “conducta disruptiva… es característica de alguien de mala educación, insolente, falto de cooperación, irrespetuoso, desobediente, agresivo, provocador, impulsivo, entre otros…”.

Da como ejemplo la usual forma de portarse de los estudiantes “ya que éstos se identifican por querer llamar la atención y causar un gran estrés en el profesor…” (sic). Obviamente éste no es el sentido que quiso dar el alcalde a dicho adjetivo. Otra acepción señala que “el adjetivo ‘disruptivo’ sirve para calificar a aquello que produce una ruptura brusca”, o “a algo que genera un cambio muy importante o determinante”.

Para comprender mejor el término, me remito al libro ‘Cambio’, de Paul Watslawick, psicólogo austriaco-estadounidense, que compara dos tipos de modificaciones: El ‘Cambio 1’ es superficial, sólo muda la forma; no trasciende los esquemas tradicionales, mucho menos transforma un sistema. El ‘Cambio 2’ (el disruptivo) es radical, profundo, innovador, original, creativo; rompe estructuras y genera nuevas relaciones, antes inexistentes. “Disruptivo”, en el contexto en que el alcalde capitalino lo usa, constituye un autoelogio.

En la teoría freudiana, se llaman ‘mecanismos de defensa’ a ciertas estrategias psicológicas inconscientes (relativamente saludables), de autoajuste básico, que activa un sujeto para mantener el equilibrio y la buena autoimagen, cuando debe hacer frente a una realidad difícil y estresante.

Entre ellos se encuentra la ‘formación reactiva’, consistente en “darle vuelta a la tortilla” y aceptar con agrado una crítica que, de otro modo, causaría dolor: “No soy monedita de oro, así nací y así soy” (y me gusta ser así) es una frase mexicanísima de autoafirmación.

Este mecanismo ayuda a bajar la tensión. MAV reconoce que ha cometido errores y que ha sido muy criticado por ellos, pero en vez de paralizarse, aprende y se moviliza: “Soy un presidente que le apuesta a hacer cosas diferentes para alcanzar un resultado diferente, sin importar el costo político”.

La palabra “disruptivo” se puso de moda en el medio empresarial, cuando el investigador de Harvard, Clayton Christensen, publicó ‘El dilema del innovador’ (1997), donde la explicó. Veinte años después, la revista ‘#DiálogosExpansión’ advirtió sobre la actual tendencia a abusar de esa palabra, confrontando a quienes presumen de ser innovadores, en su artículo: ‘¿De verdad eres disruptivo?’, ya que “…hacer algo nuevo o diferente no es hacer disrupción”.

La escéptica pregunta de esa revista vale también para MAV: ¿De verdad eres disruptivo?, pues a la gente que vive en la periferia de “Querétaro: orgullo de México” y “la mejor capital del país”, no le queda clara la diferencia entre éste y otros alcaldes, que no logran ver ni atender las zonas periféricas de la ciudad, donde vive el populacho y que llevan décadas de abandono.

Tanto MAV como otros presidentes han presumido de que “nunca antes se había hecho” lo que ellos hicieron. Unos y otros pertenecen a la clase pudiente y (aunque su origen haya sido humilde) viven en colonias exclusivas, a las que el resto de la población no tiene acceso. MAV presume incluso de que autorizó casetas de vigilancia, para dar seguridad a ciertos colonos e impedir el paso a “los extraños”.

Unos y otros confunden ‘informar’ con ‘hacerse publicidad’, a través de enormes lonas o espectaculares con su imagen (que ahora sean digitales, es la “gran innovación” de MAV). Unos y otros son presidencialistas y concentran el poder, pero se dicen “cercanos a la gente” y se toman fotos con niños o ancianos humildes.

Todos presumen de hacer incluso lo que no les toca, para dar “un plus”, como repartir miles de laptops a niños y maestros (y hacer negocios con la empresa que las vende).

Unos y otros siguen la ideología empresarial del “éxito” sin importar que la estrategia para lograrlo acreciente la desigualdad: pulir o hacer obras faraónicas en la parte turística de la ciudad, sin ver que en “la otra banda” del Querétaro más viejo, hay calles sin urbanizar, sin alumbrado, sin red de agua potable, ni drenaje, ni banquetas, ni zonas verdes, pues la gente de ahí, no se ve, ni importa.

Sería realmente disruptivo alguien que, en vez de concentrar el poder, lo distribuyera en una estructura más democrática y participativa; que en vez de privatizar los bienes y servicios públicos, generara más y de mayor calidad; que atendiera primero las zonas más viejas, degradadas, feas y míseras de la capital.

Ojalá que nuestros gobernantes fueran realmente disruptivos y no tuvieran que mercantilizar su imagen, porque la gente más jodida los conoce, por las buenas obras que hacen ahí, donde ella vive.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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