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Desayuno de amigas


Ema: Gracias por desayunar en mi casa, Cande. Una ya no se puede reunir ni con las amigas. Me alegró habernos encontrado ayer en la calle y, más, que me invitaras a tu reunión; primero pensé que se trataba de una fiesta y. por eso, la acepté. Al llegar, vi que no era pachanga, sino algo muy diferente.

Cande: Sí. Unas amigas me contaron, llorando, que sus hijos desaparecieron: fueron a buscar empleo y nunca volvieron. Después de buscar hasta por debajo de las piedras y no encontrarlos, dieron parte a las autoridades, pero no hubo noticias. Por eso crearon el grupo de gente que conociste. Varias mamás, esposas y algunas hijas (todas mujeres) teníamos desaparecidos entre parientes y conocidos; después se juntaron varios señores y muchachos con el mismo problema. Entonces hicimos la Red de Búsqueda, y fuimos a delegaciones, periódicos, a los que pudieran ayudarnos. No descartábamos que la gente perdida se hubiese ido por su voluntad; pero también nos preguntamos: ¿y si se perdieron o tuvieron un accidente?, ¿si los secuestraron o mataron? ¿Al rato regresarán o qué les pasó? Así nos juntamos: con mucho dolor por nuestros parientes o amigos. Ya después nos organizamos, con tropiezos y errores.

Ema: Ahora ustedes ya conocen bien la situación, tienen claro el camino y saben dónde buscar.

Cande: En algún momento creímos eso, Ema, pero la vida da muchas vueltas, se está moviendo siempre y nos enteramos de cosas que ni nos imaginábamos. Por ejemplo: Licha y Memo, dos viejos de la sierra, dijeron adiós a su hija Lola, a Martín (el marido), y a sus cinco hijos (de 4, 6, 8, 10 y 12 años), que se iban al otro lado; pero se quedaron más de dos años en Matamoros, amontonados con 90 familias en un albergue, mientras los dejaban pasar; como no sucedía, Lola y Martín hablaron con unas personas para que pasaran a Martincito con sus cuatro hermanitos a Brownsville; pagaron 1200 dólares a los coyotes para que se los llevaran, pero los dejaron a medio camino; policías gringos los recogieron y los llevaron a un albergue de menores; había más niños, cerca de 700, en condiciones tremendas; los dieron en adopción, por separado; no se sabe dónde quedaron, pero Lucía, la segunda, fue a dar a una familia mexicana, en Milpa Verde; ella cuenta el infierno de sus hermanos y miles de niños más.

Hay investigadores que cuenta esa historia y las de 25 mil niños con el mismo drama; dicen que saben de otros 75 mil, a lo largo de la frontera, que buscan pasar sin compañía de adultos, ya que la Guardia gringa tiene prohibido regresar al lado mexicano a niños solos.

Ema: Cinco amigas fuimos a Colorado, en el auto de una de ellas; llevábamos direcciones de amigos allá, pero nunca los localizamos aunque éramos adultas; ¿cómo les va, pues, a esos niños? En la reunión decían que muchos papás, desesperados, dejan a sus hijos solos en la frontera para que entren y busquen a parientes, sin tener siquiera señas del estado o la ciudad en que viven.

Cande: ¿Ya leíste la hoja con datos oficiales que nos dieron? La traigo todavía. Dice que a diario pasan 500 niños solos –de los que se registran–; que en febrero entraron nueve mil, pero se detectó a once mil. El Departamento de salud de allá anotó, los primeros días de abril, a más de 13 mil niños inmigrantes. La Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza tiene a 5 mil niños; también en esa oficina, pero de Donna, Texas, hay más de 4 mil niños; diario hay 250 ó 300 más. No son cantidades fijas, pues siempre llegan más niños solos que son trasladados a albergues provisionales.

Ema: En otra hoja dicen que, sin imaginar lo que viven los niños, sus padres los meten, aunque queden amontonados en un albergue por días o meses. Es que en su país roban niños para bandas de asesinos, o para la prostitución, para sacarles órganos y venderlos o los lesionan para hacerlos limosneros. Se agrava por la pandemia, además de que unos traen lesiones al huir o en la travesía, o con discapacidades o dolencias desde su lugar de origen.

Necesitan descanso y atención social (viven en fuga), aterrados y desnutridos, falta servicio legal y educativo, deben acoplarse a costumbres y otro idioma. La tarea es enorme. Sólo en la línea fronteriza con México urge albergue para más de 34 mil menores de edad, aparte de los adultos, que son muchos más y con número enorme de desaparecidos. Lo de la reunión de ayer hace ver que, si no se atiende todo el problema, puede corromperse más.

Cande: Los chilaquiles con serrano molcajeteado que preparaste están muy buenos, pero la plática no me dejó disfrutarlos.

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