Articulistas

El fin de la reforma “educativa”

Hoy los cómplices de PRI y PAN se escandalizan porque una nueva mayoría abrogó su reforma “educativa”. Para eso son los cambios de mayoría, para eso la gente vota por partidos distintos, para cambiar de rumbo no para mantener leyes agresivas para la población.

En septiembre de 2013 el mal llamado “Pacto por México”, formado principalmente por PRI, PAN y PRD, aprobaron una reforma laboral, para el magisterio de las escuelas públicas, disfrazada de reforma “educativa”.

Dicha reforma implicó la modificación del artículo tercero constitucional y de la Ley General de Educación así como la promulgación de una nueva ley, la Ley General del Servicio Profesional Docente (LGSPD). Es en esta última en la que concentraron los aspectos laborales.

Los partidos políticos que integraron ese pacto hicieron valer su mayoría tanto para reformar la constitución como para promulgar las relativas leyes secundarias. En esta aprobación participaron panistas queretanos como Ricardo Anaya Cortés, el recientemente derrotado excandidato presidencial de Acción Nacional; Francisco Domínguez Servién, actual gobernador; Marcos Aguilar Vega, expresidente municipal de la capital y el actual Secretario de Educación del Estado, José Alfredo Botello Montes, entre otros.

Sin embargo, el año pasado los mexicanos votamos por un cambio profundo que llevó a la presidencia de la república a Andrés Manuel López Obrador, el que prometió en su campaña la derogación de la mal llamada reforma “educativa”. 30 millones de mexicanos votamos por ese cambio. Parte de esos millones fueron cientos de miles de maestros de todo el país y sus familias.

La reforma “educativa” neoliberal se centró en amenazar la estabilidad laboral de los docentes, de preescolar al nivel medio superior, mediante un vulgar examen llamado pomposamente “evaluación”. Tan laboral era esa reforma que ligó la permanencia en el empleo al resultado de una serie de exámenes frecuentes.

Durante dos años la reforma no se aplicó, PRI y PAN se esperaron al resultado de las elecciones intermedias de 2015 y una vez que pasaron éstas, intentaron la aplicación a rajatabla de exámenes hechos a la carrera, mal diseñados, mal aplicados y mal evaluados. Tenían prisa para imponer su reforma pues sabían que en 2018 habría nuevas elecciones.

Hoy los cómplices de PRI y PAN se escandalizan porque una nueva mayoría abrogó su reforma. Para eso son los cambios de mayoría, para eso la gente vota por partidos distintos, para cambiar de rumbo no para mantener leyes agresivas para la población. Esto es perfectamente democrático. Sucede en todos los países en donde funciona medianamente la democracia, lo hace la derecha y lo hace la izquierda. Funciona en Europa y funciona en América. Cuando sube al poder la derecha deroga leyes aprobadas por la izquierda (como ha sucedido en Brasil, Argentina o Ecuador) y viceversa cuando sube al poder la izquierda deroga leyes aprobadas por la derecha (como ha sucedido en Francia, España o Uruguay y hoy en México). Y esto es perfectamente legítimo.

El pasado jueves 26 el Senado de la República aprobó los cambios a la Ley General de Educación, previamente propuestos y aprobados por la Cámara de Diputados. Estos cambios forman parte del paquete de las leyes secundarias asociadas a los cambios hechos al artículo tercero constitucional. Los cambios han sido impulsados por Morena y sus partidos aliados como parte de la plataforma política con la que compitieron en las elecciones presidenciales del año pasado, así que no hay nada nuevo bajo el Sol.

La derecha mexicana debe dejar atrás sus berrinches y tendrá que acostumbrarse a que 30 millones de mexicanos impulsamos en el país a una nueva mayoría.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba