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El presidente más feminista

Pareciera que el presidente sí cree en lo que dice cuando habla de regeneración moral y cuando afirma que no son iguales.

Luego de casi dos años de gobierno, no debería de ser una novedad: el presidente de la República no entiende, ni parece querer entender, las reivindicaciones centrales del feminismo contemporáneo. Y aunque no es sorprendente, no deja de decepcionar.

La polémica más reciente se desató por el registro de la candidatura de Félix Salgado a la gubernatura de Guerrero. A pesar de todo, hay un umbral (por bajo que sea) mínimo que se espera del comportamiento político, del que no se espera casi nada. El probable candidato se encuentra por debajo de él.

El discurso de regeneración nacional es curioso; simplón también, no podía ser de otra manera. No obstante, pareciera que el presidente sí cree en lo que dice cuando habla de regeneración moral y cuando afirma que no son iguales. Y hay que aclarar: no se llega a ser presidente, mucho menos luego de la larguísima lucha que ha mantenido López Obrador, siendo ingenuo.

No debe sorprender, por tanto, que haya acuerdos inconfesables. Algunos pueden incluso ser lógicos (políticamente hablando): ningún gobernante, en ninguna época, ha tenido todo el poder. Por ello, hay que ceder algunos espacios y pelear donde se tienen posibilidades de ganar. Se trata pues, de escoger las batallas.

Por tal razón y volviendo al punto, bajo la lógica de la política no parecería tener sentido dinamitar los puentes con los colectivos feministas: son uno de los sectores que, aunque no se definan dentro del lopezobradorismo, sí representan a un sector de la izquierda progresista. Justamente, la clave está ahí; en lo que a mi parecer es una mala lectura del presidente.

La izquierda, como cualquier colectivo, no es tampoco una masa uniforme. Si acaso, la palabra define a un espacio de disputa y expectativas. En los últimos años, la izquierda se ha entendido desde la perspectiva de los derechos individuales y la reivindicación de actores y actrices políticas: la diversidad sexual, la legalización de ciertas drogas, y la participación de las mujeres en la vida pública. No es la izquierda de López Obrador, que se orienta más hacia otros derechos colectivos de justicia social.

A pregunta expresa en la mañanera de hoy, 25 de febrero, el presidente confesó no saber qué significaba “romper el pacto” y, en la elaboración de su respuesta, consideró que tal demanda era importada, además de una simulación: ¿Qué tenemos que ver con eso si somos respetuosos de las mujeres, de todos los seres humanos?, dijo.

Hay en el enunciado una evidente cuestión generacional, pero también, una idea de las luchas feministas. Al colocarlas como reivindicadoras de ideas “de fuera”, pareciera que se refiere a ellas desde la lógica de la política burguesa (dentro de la lógica del capitalismo y la prevalencia del individuo).

Es lamentable, por decir lo menos, que nadie le haga ver la lucha por la emergencia de actrices políticas en toda la extensión, no sólo en el plano individual; también, que genuinamente se conciba como el presidente más feminista de la historia, pues revela las limitaciones de su discurso: no hay hombres feministas, presidente.

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