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El sentido de las celebraciones

En este ‘mes patrio’ vale recuperar la pregunta de Juan Brom: “Historia ¿para qué?” Responder: “para conocer el pasado”, no ayuda gran cosa. ¿Para qué queremos conocerlo?

Brom recuerda las muchas formas de hacer historia, y de deformarla. Luis González distingue cuatro: la de bronce, la científica, la crítica y la microhistoria.

La ‘historia de bronce’ o la ‘oficial’ se enseña en las escuelas y se impone en el ejército, para generar identidad y cohesión social o afianzar una nación. Busca inculcar, desde el Estado, esa doctrina que distingue a ‘los buenos’ de ‘los malos’.

Así, se canta el himno nacional, pronunciando frases (“…el acero aprestad y el bridón”) o practicando gestos (‘¡Saludar, ya!’) muchas veces ininteligibles para los escolares.

La historia ‘científica’, en cambio, parte de la duda y se dedica a investigar y a ofrecer pruebas sobre lo que ‘realmente sucedió’. La duda da lugar además a ‘la historia crítica’, la que pone en tela de juicio la versión oficial, que es la que imponen los vencedores, sin reconocer lo que pasó con los vencidos. La ‘microhistoria’ puede colaborar con la oficial, o con la crítica (dependiendo de quién la cuente), develando lo que vive ‘la gente común y corriente’, con los grandes acontecimientos.

Así, Bertold Brecht cuestiona que, la historia oficial sólo nombre a los grandes señores (a los faraones, los reyes u hombres ilustres), sin considerar que quienes realmente mueven la historia son los más humildes: los albañiles, los campesinos, los cocineros… Mucho antes que Brecht, Saint Simon preguntaba: ¿qué pasaría si murieran de pronto los principales nobles de Francia (como ahora, la parásita reina Isabel de Inglaterra)?  La gente se pondría triste porque es buena, pero nada más; todo seguiría marchando sin mayor problema. ¿Qué pasaría, en cambio, si murieran los enfermeros, carpinteros, afanadores, cocineros, etc., que son quienes realmente sostienen la nación? Todo se caería en picada.

La ‘historia crítica’ también cuestiona el énfasis en la idea de ‘La patria’, para justificar las guerras. Tanto anarquistas como marxistas pugnaron por una lucha internacional, en pro de la emancipación de TODOS los oprimidos: ‘¡Proletarios del mundo, uníos!’.

En tiempos neoliberales, la historia no importa; hay que desterrarla por ‘inútil’. Lo único que vale es producir e ‘innovar’; ‘vivir el presente al máximo y sólo ver al futuro’. ‘Borrón y cuenta nueva’. ‘No sufran por lo que pasó, denle vuelta a la hoja’.

Además, so pretexto de ‘crítica’, se generó gran confusión, desprestigiando a todo héroe, que pudiera ser convocado en pro de cualquier movimiento de oposición al Gran Capital.

¿Tendrá caso hablar hoy de ‘patria’, cuando quienes gobiernan el mundo son los grandes Emporios Trasnacionales?

Depende. En cierta forma sí. Aunque habría que resignificar el concepto.

Cuando el capitalismo (sobre todo en su versión neoliberal) se ha develado obscenamente como ‘proyecto de muerte’; cuando este sistema está poniendo en peligro de extinción a la especie humana, movimientos internacionales como el de ‘Los indignados’ (Stéphane Hessel), cobran gran sentido. Por su parte, la 4T representa (no sólo para México), un esfuerzo importante por detener el desastre y cambiar el rumbo de la Historia.

Urge detener las guerras identitarias de los humanos entre sí, en pro de una causa común.

Edgar Morin propone pensar en la ‘Tierra Patria’ (¿por qué no mejor ‘Matria’? ¡Basta ya de patriarcado!). Jorge Bergoglio, en su ‘Laudato si’, urge a cuidar la Tierra como Nuestra Casa Común.

Queda la tarea de identificar al verdadero enemigo; no para exterminarlo, sino para desarmarlo y evitar que siga haciendo daño.

¿Qué o quiénes nos impiden hermanarnos para construir ese ‘mundo en el que quepan muchos mundos’ y que NADIE quede excluido del bienestar?

Bienvenidos todos esos movimientos internacionales, que ahora se levantan para evidenciar al Gran Opresor, como quienes impulsan, por ejemplo, el boicot contra FEMSA.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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