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‘¡En mi hambre mando yo!’

El hartazgo de la población frente a tanta opulencia, tanto saqueo y despilfarro por parte del mirreynato y de quienes deciden sobre el erario, se desbordó en las urnas. Seguramente esto fue también determinante en el triunfo de López Obrador.

Frente a los 9 millones de ciudadanos que vendieron su voto en estas elecciones, 15 millones decidieron decir NO (según la encuesta de ‘Data PM’ para Acción Ciudadana contra la pobreza). ¿Por qué son más los que ya no aceptan el soborno?

El título de este escrito tiene que ver con la respuesta. Viene de una anécdota que ilustra la capacidad de dignidad y soberanía que podemos tener los humanos.

La frase viene de una anécdota de Salvador de Madariaga en su libro ‘España. Ensayo de historia contemporánea’, y dice: “Ocurrió en Andalucía, en tiempos de elecciones y de desempleo. Faltaba el trabajo y en las plazas se reunían los desempleados. Llegó ahí el capataz de un cacique local que empezó a repartir dos duros a cada uno de los jornaleros parados, para que votaran por los candidatos del cacique. Uno a uno, los desempleados fueron aceptando el dinero y la lista de candidatos, hasta que el enviado se topó con un labriego, que reaccionó diferente: —Tú tienes hambre y nosotros podemos darte lo que necesitas—, le dijo el capataz, mientras le daba dos duros y la lista de candidatos. El campesino tomó y tiró todo al suelo, exclamando dignamente: —¡En mi hambre mando yo!”.

Semejante actitud la tienen muchas personas que han entrado en contacto con ese ser interior profundo y que dicta (más allá del yo individual) la exigencia de preservar al humano, como ser pensante, libre y solidario a la vez. Esas personas, en condiciones extremas están dispuesta a perder el empleo, ir a la cárcel o incluso dar la vida por sus convicciones.

Así, como ese jornalero, han obrado muchos de quienes llamamos ‘héroes que nos dieron patria’. Así obra también gente rara como José Mujica, expresidente uruguayo que, necio, rechazó los múltiples privilegios de su cargo. Siguió viviendo en su misma casa y conduciendo su mismo ‘bocho’ porque: “no soy pobre, soy sobrio, liviano de equipaje, quiero vivir con lo justo para que las cosas no me roben la libertad”.

La austeridad republicana guio los tres proyectos de nación más importantes en México. Morelos pide al Congreso, en ‘Sentimientos de la nación’ que emita leyes que obliguen a constancia y patriotismo, moderen la opulencia y la indigencia. Juárez indicó a funcionarios públicos que no pueden improvisar fortunas, ni entregarse al ocio ni a la disipación, sino consagrarse asiduamente al trabajo, disponiéndose a vivir, en la honrada medianía’. Y una de las principales causas de la Revolución de 1910 fueron los excesos de los terratenientes, capitalistas y jerarcas de la Iglesia católica, frente a las graves penurias de las mayorías. “Nadie tiene derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto”, declaró Díaz Mirón.

Seguramente esto fue también determinante en el triunfo de López Obrador. El hartazgo de la población frente a tanta opulencia, tanto saqueo y despilfarro por parte del mirreynato y de quienes deciden sobre el erario, se desbordó en las urnas.

Frente a la ley de la selva dictada por el neoliberalismo, que alienta y exalta como “valor” al egoísmo voraz; que devasta al ser humano y a la Naturaleza, y que desata corrupciones, mentiras y violencia sicaria, triunfó la sed de justicia y la necesidad de ‘refundar al país desde la raíz’, como dice Raúl Vera.

No bastan bellos discursos para que la dignidad se generalice en México. Ni la transformación radical de México depende de un líder, ni de un partido, ni de una coalición; depende de la fuerza de voluntad, compromiso, responsabilidad y capacidad de consenso y organización, de grandes sectores sociales, para poner riendas a los gobernantes y no dejarlos sueltos nunca más.

No sólo los recién elegidos, sino todos hemos de exigir y construir una nueva estructura jurídica, política, social y económica que garantice el bienestar general.

La Red queretana de Organizaciones de la Sociedad Civil trabaja construyendo una agenda ciudadana, entre cuyas demandas están:

1) Equidad, no discriminación: Primero quienes viven en desventaja; primero los productores locales. No más despilfarros en obras suntuarias. No más privilegios a los pudientes. Nadie sin estudio ni trabajo decente.

2) Democracia participativa. No a la mercantilización de la política; no a los ‘políticos de carrera’; no reelecciones ni permisos para dejar cargos, buscando otros. No sólo los grandes empresarios, también los representantes de barrios, colonias y organizaciones populares deben ser tomados en cuenta en las decisiones.

3) No más privatización de lo público. Lo público es de todos, lo privado, de unos cuántos. El Estado debe garantizar servicios de alto nivel a todos los mexicanos, y cuidar celosamente el territorio y los bienes de la nación.

4) Preservación de la Naturaleza y de la salud física y mental general, por encima del lucro. Más zonas verdes en colonias populares y menos invasión de industrias y plazas comerciales.

5) Más cultura, más arte, más educación cívica, ecológica, científica y menos colonización comercial.

Como bien proclamó Estela Hernández de Amealco: “Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

 

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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