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EZLN y Morena: Dos proyectos, ¿un camino?

La comandancia buscó el diálogo una y otra vez bajo condiciones de hostigamiento, de guerra de baja intensidad, órdenes de aprehensión, asesinatos selectivos y matanzas numerosas de comunidades zapatistas.

Aún nos encontrábamos asimilando el aplastante triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las elecciones del 1 de julio cuando, dos semanas después, y sin que aparentemente nadie se lo pidiera, el sacerdote Alejandro Solalinde –destacado por sus críticas al gobierno y su vital apoyo a las y los migrantes que atraviesan Oaxaca-, invitó al Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) a acercarse al proyecto del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) e iniciar un diálogo para, así como así, llegar a la paz entre el gobierno y la mundialmente conocida guerrilla de encapuchados.

La respuesta, enviada, como ya es costumbre desde el 1 de enero de 1994, desde algún lugar de la selva Lacandona o desde las montañas del sureste mexicano, no pudo ser más tajante. El EZLN no buscaría besar la mano de aquel con quien habían protagonizado más de un sinsabor en sus casi 25 años de levantamiento, sin importar el puesto que ahora está por ocupar. El exdirigente nacional del PRD, López Obrador, por su parte, no ha tenido mayor dificultad en dar la mano, repartir abrazos y no balazos, así como elogios a sus otrora adversarios y críticos, como Peña Nieto, Meade, Slim, etc. Inclusive Fox ya está haciendo fila para que le toque.

La negativa, entregada por el compa subcomandante insurgente Moisés, no cayó bien en las filas de Morena; al grado que Solalinde acusó –no necesariamente sin tener algún grado de verdad- que entre los neozapatistas revolucionarios y el nuevo gobierno reformista se interponía un cerco de “mestizos” que defendía a capa y espada la pureza del ejército indígena repitiendo figuras paternalistas y colonialistas supuestamente rechazadas por el EZLN. A la memoria de muchas y muchos, vinieron los recuerdos de aquel primer encuentro de la sociedad civil con la muy otra, muy rebelde y muy digna guerrilla, en agosto del 94, con motivo de la realización de la primera Convención Nacional Democrática. Cuando en ese viaje al centro de la selva se toparon, tras numerosos retenes militares, con un último y particular retén: uno de mestizos de la Ciudad de México que, haciendo uso y abuso de la tarea designada por el subcomandante Marcos y los suyos, dieron una bienvenida no muy grata a los miles de simpatizantes.

Evidentemente, la intención de Solalinde habrá sido en buenos términos. Sin embargo, su respuesta queda un tanto a deber. Se le olvida que la comandancia buscó el diálogo una y otra vez bajo condiciones de hostigamiento, de guerra de baja intensidad, órdenes de aprehensión, asesinatos selectivos y matanzas numerosas de comunidades zapatistas, topándose con la sucesiva cerrazón de los gobiernos de Salinas de Gortari, Zedillo Ponce de León y Fox Quesada –quien resolvería la situación en Chiapas en “15 minutos”-, llegando a la determinación de que esa vía no se volvería a recorrer. Los acercamientos con Calderón Hinojosa y Peña Nieto fueron inexistentes. En cambio, desde el 2005 y el 2006, emprendería la “Otra Campaña”, bajo una elaborada Sexta Declaración de la Selva Lacandona, que rompía cualquier posibilidad de dialogar con partidos políticos adscritos a un modelo electoral que mantuviera un sistema capitalista y, por ende, explotador y exterminador de las grandes mayorías, incluyendo a las numerosas minorías indígenas, ya no sólo de México, sino del mundo.

Por supuesto, Solalinde ha de considerar, lo mismo que los millones de votantes de Morena que hace más de dos décadas se pusieron el pasamontañas, que López Obrador es otro boleto, un subcomandante de la sociedad civil. ¿Lo será? ¿Realmente es un “cambio verdadero” un gobierno que tiene entre su gabinete propuesto a ex secretarios de De la Madrid Hurtado, Zedillo y Fox? Está en veremos. Eso sí, está en sus manos desarrollar una política diferente al respecto de las naciones, comunidades y pueblos indígenas, la mayoría en condiciones muy adversas; al fin y al cabo, ¿requerirá el Ejecutivo entablar mayores acercamientos con el EZLN para, por ejemplo, aprobar y llevar a cabo los Acuerdos de San Andrés? Interesantes días le esperan a las izquierdas mexicanas que, diferencias aparte, habrá que celebrar que se han puesto a discutir y a analizar nuevamente.

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