Hebe de Bonafini. Por la memoria y contra el olvido

El pasado 20 de noviembre, falleció Hebe María Pastor de Bonafini, más conocida como Hebe de Bonafini, memorable activista argentina, cofundadora de la asociación Madres de Plaza de Mayo, organización de madres de detenidos desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar, que gobernó Argentina entre 1976 y 1983, régimen que dejó alrededor de treinta mil desaparecidos y unos cuatrocientos niños sustraídos de sus hogares y entregados a otras familias, los cuales, las madres de Plaza de Mayo, han buscado durante décadas, localizando a 130 de ellos.
Antes del arriesgado activismo que, con mucha determinación, iniciaron las madres y abuelas mencionadas mientras aún existía la dictadura, Hebe y la mayoría de ellas llevaban una vida bastante normal, alejada de una participación política, eran, en sus propias palabras, “mujeres del montón”. Hebe, por ejemplo, sólo cursó estudios hasta la primaria, se casó a la tierna edad de catorce años y, desde entonces, se dedicó a ser ama de casa, apoyando a sus tres hijos. Sin embargo, esa monotonía se vio cruelmente rota en 1977, cuando su hijo mayor, Jorge Omar —de 26 años, militaba en el Partido Comunista Marxista Leninista—, fue secuestrado y desaparecido en febrero. Entre abril y mayo, el primer grupo de mujeres acudió a protestar frente a la Casa Rosada y en la Pirámide de Mayo, que simboliza la libertad, demandando información sobre el paradero de sus familiares y que se les entregasen con vida. Cada jueves repitieron la caminata durante media hora, rodeadas de policías y perros. No obstante, en diciembre, ocurrió lo mismo con su otro hijo, Raúl Alfredo —de 24 años, militante del mismo partido— y, por si el drama no fuera suficiente, en mayo de 1978, su nuera, María Elena Bugnone Cepeda, esposa de Jorge, fue víctima del mismo crimen. Esta desgraciada circunstancia y su afán por recuperar a sus familiares, compartida por todas ellas, las llevó a prestar atención a la situación política y económica de su país, entradas en sus cincuenta años.
Desde 1979 fue la presidente de la asociación —la cual se dividirá en los ochenta, sosteniendo posturas divergentes, polémicas y enfrentadas en diversas ocasiones; división que también ocurrió con “las abuelas”—, entregándose a la lucha por los derechos humanos en Argentina, con sus icónicos pañuelos blancos cubriéndoles el cabello, hechos de tela para pañales en recuerdo de sus hijas e hijos. Vinculadas a Amnistía Internacional, lograron resistir los embates físicos y mediáticos de la dictadura y de los gobiernos de la transición, los cuales, no necesariamente compartían las exigencias de las madres de Plaza de Mayo. Transición que, como bien se retrata en la película Argentina 1985, recientemente realizada, fue un proceso por demás complejo. La justicia para las víctimas, en muchas ocasiones, se esfumó entre el tiempo, el silencio y la niebla. A lo largo de los años, se dieron disputas, incluso legales, entre Hebe, las madres y distintos funcionarios, como con los ahora expresidentes Carlos Menem y Mauricio Macri.
En ese plazo, Hebe Pastor o Hebe de Bonafini se convirtió en uno de los principales emblemas de la lucha por los derechos humanos en aquel país. Reitero, no sin polémicas. Sus llamados a la protesta, evidentemente, no eran bien recibidos por todos los sectores sociales o todos los grupos políticos, por lo que siempre cargó a cuestas con señalamientos que afirmaban que su figura “polarizaba” a la sociedad argentina o incluso más allá, por ejemplo, cuando realizó críticas al imperialismo estadounidense poco después del atentado a las torres gemelas en el 2001; por sus acercamientos con personajes como Fidel Castro o el subcomandante Marcos; o su llamado a reivindicar a sus hijos como revolucionarios, fueron tema de amplio debate en la Argentina.
Tras su fallecimiento, el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner —recientemente con una controversial sentencia de cárcel en su contra—, declararon su pésame y tres días de luto nacional en memoria de la activista, una sencilla ama de casa transformada en un enorme símbolo del cambio.



