La brecha
Desde hace ya muchos años, el país se ha polarizado enormemente. Familias enteras pelean por posturas políticas que cada uno tiene. Esas diferencias han existido por generaciones y antes les denominamos brecha generacional, y ahora existen en su lugar las posturas, mismas que se han acentuado con el paso del tiempo. Pero no solamente se han acentuado entre familias, se ha acentuado entre vecinos, entre ciudadanos o, incluso, entre personas que no se conocen cara a cara sino solamente mediante redes sociales, y uno puede leer cómo se pelean, luchan uno contra otro como si estuvieran contra fantasmas, o como si fuera el Quijote contra los gigantes que no eran más que molinos de viento. Todo gracias al internet y lo que se busca en él.
Verdaderamente, el internet puede ser una herramienta sumamente útil, y es bien sabido que es un arma de dos filos, y más en este momento histórico con la pandemia del coronavirus en la que no solamente estamos expuestos a contraer el mismo, sino que se ha generado una serie de miedos y fobias que pueden llegar a ser peor que el propio virus. Por ese mismo miedo es que la gente abarrotaba los supermercados comprando compulsivamente, por ese mismo miedo (e ignorancia) se ha agredido a doctores, enfermeras y demás trabajadores del sector salud, por ese mismo miedo se agrede a quienes lo han contraído (y lo sufren). Y qué decir de las consecuencias a nivel personal, porque tanto esas mismas acciones e ideas influyen en nuestro ánimo y en nuestra calidad de vida, que ya de por sí se ha mermado por el encierro y el cambio en la vida (o rutina) diaria.
Siempre me ha inquietado el hecho de saber que las ideas (o una sola idea) puede crear revoluciones o destruir individuos. Con el internet y la cobertura que tiene, hay personajes que llegan a volverse sumamente influyentes, y no dudo que estas personas con este alcance de influencia puedan dotar de mucha información y hasta den un seguimiento puntual a las acciones y omisiones de un determinado gobierno, que ayude a dar más transparencia a sus actos y a que se critique y exija. O, por el otro lado, tengan tinte político y eviten que haya confrontación y solicitud de resultados. Otro posible escenario es que, quienes fueron críticos en un momento, en otro sean quienes alaben al gobierno en turno y, aún así, las personas les crean sin atender al sentido común (que puede ser el menos común de los sentidos) y nos quedemos como en la rueda de la fortuna, donde unos suben, otros bajan y los que la sostienen siguen aplastados sin ver qué es lo que ocurre arriba.
Lo anterior me recuerda un pasaje bíblico: “Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, queda desolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no podrá subsistir” (Mateo 12:25), y me deja pensando en el futuro de nuestro país. Ese futuro no existe mientras no eliminemos esa brecha que nos separa, y nos unamos a (re)construirlo. Si tan sólo utilizáramos la energía que se ha derrochado en generar y ahondar esta brecha en exigir de nuestros representantes cuentas claras y resultados (aprovechando el internet como medio de coacción), otra nación seríamos, ya que contamos con bastos recursos naturales y humanos para ser una gran nación pero estamos divididos y, con eso, ya estamos vencidos.