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Médicos tradicionales: hombres y mujeres de saber

Los hombres y mujeres de saber representan particularidades en los grupos sociales, ellos emergen bajo circunstancias específicas y sus capacidades y habilidades se muestran, casi siempre, tras una situación emocional crítica o una dolencia grave.

La vida de cada ser humano conlleva, necesariamente, una continua interacción con diversas circunstancias, condiciones y el establecimiento de una serie de relaciones de variada naturaleza como son las de carácter social, económico, relacional y ambiental, por mencionar sólo algunas.

Esta continua interacción requiere, para el buen desempeño del individuo, establecer patrones homeostáticos o de equilibrio. Pero también, durante las mismas, se desarrollan contradicciones, las cuales de no resolverse positivamente provocan, en estos, afecciones de diversas características.

Para mantener los equilibrios y resolver las contradicciones, en todos los pueblos, culturas y épocas, han emergido hombres y mujeres de saber, los cuales han sido nombrados por sus semejantes de múltiples maneras; y cuya función es, precisamente, la de mantener y restablecer la armonía de los organismos: entre éstos y su entorno, en aspectos biológicos, económicos, sociales, entre otros.

Los hombres y mujeres de saber representan particularidades en los grupos sociales, ellos emergen bajo circunstancias específicas y sus capacidades y habilidades se muestran, casi siempre, tras una situación emocional crítica o una dolencia grave, su sobrevivencia hace que el conglomerado social  los vincule a lo sagrado.

Estos hombres y mujeres han sido nombrados de múltiples formas, han sido reverenciados, temidos, odiados, castigados, según la época y las circunstancias, pero tanto los tratamientos positivos como negativos hacia ellos han emergido de la ignorancia y miedo a lo desconocido, presente históricamente, en las poblaciones humanas.

La ignorancia, el miedo a lo desconocido y a la incertidumbre han impulsado la construcción de paradigmas, superestructuras y cosmovisiones que explican de forma relativamente “racional” los fenómenos y procesos que rodean a los individuos y sus conglomerados sociales, con base en la época y el desarrollo alcanzado por cada grupo social.

A lo largo de la historia, los hombres y mujeres de saber, bajo todas las formaciones socioeconómicas, sufrieron persecuciones, incomprensiones, pues sus saberes, procedimientos y formas de interpretar el origen y causas de las afecciones y dolencias han trasgredido lo hegemónico y dominante.

Algunos de los eventos que pretendieron destruir los saberes, habilidades y capacidades de esos hombres y mujeres de saber fueron: la Santa Inquisición y el Santo Oficio, las guerras de conquista y colonización, el advenimiento del complejo médico farmacéutico y los modelos científicos occidentales y positivistas.

A pesar de todo los procesos destructivos de ayer y hoy, los hombres y mujeres de saber han sobrevivido y trascendiendo la realidad común y los procesos históricos. Sus capacidades, habilidades y técnicas -desconocidas para las superestructuras hegemónicas-, poseen un lenguaje verbal y corporal particular. Sus ideas y explicaciones están generalmente fuera del ámbito de lo denominado “racional” y “científico”, por lo que incluso se les nombra con adjetivos como “mágico-religioso” o cualquier otro que denota una diferencia -jerárquicamente inferior-, a los paradigmas modernos y científico-positivistas.

Los médicos tradicionales poseen habilidades y capacidades, nombradas coloquialmente “dones”, los cuales sanan dolencias y afecciones orgánicas y emocionales, algunos de estos son: Poder de sanar los aspectos orgánicos -corporales mediante el uso de la herbolaria -la cual no sólo incluye el consumo de plantas medicinales bajo diferentes formas terapéuticas, sino también partes animales y minerales-, así como técnicas terapéuticas como las sobadas, el temazcal, el sahumado, las limpias, la predicción, entre otras.

Sanar los aspectos emocionales explicando al doliente las causas y orígenes de sus afecciones. En el aspecto psíquico, orientan a los afligidos en la recuperación de su sentido de vida y su rol dentro de la comunidad. En el ámbito espiritual guían a los afectados a recuperar el equilibrio con el entorno natural, a fin de retribuir a la naturaleza por todo lo que se obtiene de ella.

Algunos de estos especialistas conocen las señales climatológicas y meteorológicas y pueden aconsejar sobre cuándo y cuánto sembrar. Reconocen que la salud o el equilibrio orgánico y espiritual tiene un carácter predominantemente comunitario; por ello orientan a los sanados por sus “dones” a trabajar por el bien común, como una forma de retribuir a la comunidad una parte de lo recibido.

Los fundamentalismos religiosos, científicos y tecnológicos limitan la diversidad de otras manifestaciones e interpretaciones por considerarlas no racionales o no apegadas a las religiones hegemónicas. Las virtudes, los beneficios y la efectividad de las capacidades y habilidades de los hombres y mujeres de saber se demuestran cotidianamente.

Por ello es necesario construir un nuevo paradigma de salud ecuménico, donde se acepte e incluya de todo aquello que contribuya a sanar el cuerpo y el alma de los afligidos, así como los ambientes social, económico, relacional y natural, como matriz de lo humano, independientemente de las potenciales explicaciones y racionalizaciones que puedan llevarse a cabo.

 

Más información en: El Ahuehuete, Herbolaria. (Niños Héroes #41 -esquina Matamoros-, Local 3. Tequisquiapan, Querétaro). Teléfonos: 442-377-5127, 414-107-0194 y 427-121-2508. Correo electrónico: contacto@elahuehuete.com.mx / www.elahuehuete.com.mx

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