Articulistas

Paridad en Todo

Este tipo de discriminación que se conoce como techo de diamante exige de las mujeres cumplir con estereotipos de belleza o con requisitos especiales de vestimenta.

“El feminismo es la transformación cultural más importante que hemos promovido las mujeres como género en la historia. El feminismo debemos leerlo, escribirlo, olerlo, vivirlo”: Así habla la antropóloga feminista Marcela Lagarde y de los Ríos de uno de los pilares de la transformación de México en el siglo XX: el feminismo y las puertas que éste abrió a las mujeres mexicanas. Hoy, a dos décadas del inicio de un nuevo siglo, el feminismo vuelve a ser el engranaje que está moviendo a nuestro país en el largo camino que aún nos queda para gozar plenamente de nuestros derechos humanos.

La erradicación de la violencia feminicida y el feminicidio se han convertido en la bandera más visible de la lucha de las mujeres; sin embargo, no debemos perder de vista la plétora de derechos que el feminismo nos permite gozar hoy en día y que constantemente se ven amenazados. Esta lucha, de más de 300 años, con frecuencia se enfrenta a corrientes de pensamiento que proponen que las mujeres y los hombres no somos equivalentes; corrientes que proponen que las mujeres debemos vivir nuestras vidas sometidas a los designios artificiales que la sociedad, dominada por hombres, impone a nuestro género.

Estos roles y estereotipos sustentados en valores ficticios han sido los grandes obstáculos que aún tenemos que zanjar en la carrera por el goce pleno de nuestros derechos humanos. La designación de las mujeres como únicas responsables de la crianza, la limitación a las actividades y sueños de las niñas, la desigualdad en los sueldos, la sobre carga de las labores domésticas y la estigmatización de la maternidad sin vínculo matrimonial son tan solo algunos de los lastres impuestos a las mujeres por un sistema patriarcal incrustado en nuestras familias, comunidades e instituciones.

Obstáculos

La lucha feminista constantemente se enfrenta a obstáculos que buscan impedir el ejercicio pleno de nuestros derechos humanos. Estas barreras, principalmente de carácter estructural, han recibido diversos nombres dependiendo de los obstáculos que las mujeres tenemos que sortear, especialmente en el desarrollo de nuestra vida profesional y de nuestra participación política. En primer lugar, se encuentran los techos de cristal, que hacen referencia a las barreras invisibles que impiden en avance de las mujeres para ocupar puestos de dirección y toma de decisión independientemente de sus méritos, capacidades y logros.

Tenemos en segundo lugar el denominado suelo pegajoso, que enmarca las dobles jornadas laborales que las mujeres deben cumplir debido a las labores domésticas y de cuidado que se les atribuyen por roles y estereotipos de género. En tercer lugar, podemos referirnos a la educación sexista, las dinámicas laborales y los horarios y dinámicas masculinas que impactan de forma negativa en las mujeres y a las que se ha denominado techos de cemento. Y, por último, está la discriminación que impide que las mujeres sean valoradas por criterios estrictamente profesionales. En este tipo de discriminación las mujeres son evaluadas por sus apariencias físicas. Este tipo de discriminación que se conoce como techo de diamante exige de las mujeres cumplir con estereotipos de belleza o con requisitos especiales de vestimenta que las coloca en una situación de desventaja y subordinación para aspirar a puestos de toma de decisión.

Vida Pública y Política

El 5 de junio de 2019, en un sin precedentes que cambió la historia de nuestro país se aprobó la reforma constitucional a diversos artículos con el fin de remover estas barreras invisibles y garantizar la participación de las mujeres en el sector público de una forma paritaria. Esta reforma garantiza el derecho de las mujeres a formar el 50 por ciento de las candidaturas para conformar el Congreso de la Unión, las legislaturas locales y los ayuntamientos. También determina que los gabinetes de los tres niveles de gobierno deben ser paritarios y que los organismos públicos autónomos y descentralizados también se conformarán de manera paritaria. Ya algunas instituciones han tomado la iniciativa para incorporar a sus filas a más mujeres.

Tal es el caso del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de la Federación, que en septiembre de 2019 emitió una convocatoria exclusiva para mujeres a fin de incrementar el número de juezas de distrito en la justicia federal y que resultó en el nombramiento de 25 nuevas juezas.

Estas medidas, conocidas de forma coloquial como cuotas de género, realmente son acciones afirmativas, son consecuencia de las recomendaciones emitidas a nuestro país por el Comité para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Comité-CEDAW) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), mismo que señaló que en nuestro país las continúan las barreras estructurales que impiden el acceso de las mujeres a la vida política y pública.

También señaló que la “discriminación racial y por razón de género en los partidos políticos, sigue menoscabando la capacidad de las mujeres de presentarse como candidatas en elecciones estatales o municipales” y que “el aumento de los actos de violencia política contra las mujeres, la falta de un marco normativo armonizado que tipifique como delito la violencia política y los bajos niveles de enjuiciamiento de los autores de esos actos, que pueden disuadir a las mujeres de presentarse a las elecciones en todos los planos, especialmente el municipal”.

En consecuencia, nuestro país tiene la obligación de acelerar la participación de las mujeres en un plano de igualdad en todos los aspectos de la vida pública y política por lo que debe crear las condiciones y medidas necesarias para combatir la discriminación que persiste al interior de los partidos políticos que busca impedir que las mujeres contiendan como candidatas.

La reforma de paridad es un enorme salto hacia la protección de los derechos políticos de las mujeres. Sin embargo, aún queda un largo trecho por recorrer ya que las legislaturas locales han sido renuentes a en adoptar las recomendaciones del Comité-CEDAW, principalmente reconocer como delito y castigar la violencia política contra las mujeres. La paridad es resultado de la lucha de los grupos feministas y sus efectos impactan de manera positiva a todas las mujeres.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba