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¿Qué nos corresponde?

Frente al imaginario de que las redes sociales aumentan nuestras posibilidades de democracia, se advierte, a la vez, que somos más vulnerables a la imposición del ‘pensamiento único’.

Analistas en todo el mundo señalan que estamos experimentando estertores de muerte del capitalismo en el tránsito a una nueva era (¿y mejor?). Otros afirman que este sistema muestra una inusitada fuerza de auto-reinvención (hoy Revolución 4.0) que podría alargar su existencia mucho tiempo más, si no fuera porque ha devastado de tal modo nuestro hábitat, que lo que viene será más bien la catástrofe final.

En esta agonía confluyen y entran en conflicto múltiples fuerzas que se manifiestan con gran violencia y se alimentan mutuamente “cargándose peligrosamente de energía” (Vigil y Casaldáliga, 2020), tanto en forma de ataque, como de resistencia o defensa.

Más allá de las mini o macro guerras desatadas por doquier, somos zarandeados por gran cantidad de discursos de diversos actores que buscan seducir, para ganar adeptos a su comprensión de lo que sucede y de lo que vendrá, o que se lanzan sin ton ni son, para estrenar su ‘libertad de expresión’, antes tan constreñida, o por simple necesidad de desahogo sin importar las consecuencias.

Frente al imaginario de que las redes sociales aumentan nuestras posibilidades de democracia, se advierte, a la vez, que somos más vulnerables a la imposición del pensamiento único por parte de los grandes monopolios que controlan la información que recibimos, orillándonos a aceptar el nuevo orden mundial. Además presenciamos el surgimiento de varios neofundamentalismos, que ofrecen seguridad frente a este mundo tan descarriado.

En este contexto juegan un papel importante las redes sociales, que descubren, producen y acercan a la gente gran cantidad de información que antes sólo era accesible a los “grandes señores” y sus sacerdotes. Nunca antes habíamos tenido acceso a tantas noticias, a tantos análisis y opiniones, a tantos medios y formas de comunicación. Sin embargo, al parecer, nunca antes tuvimos tantas dificultades para conectarnos y comprendernos mutualmente.

En esta algarabía es difícil distinguir quién es quién y qué sucede realmente, pues gran cantidad de los mensajes que fluyen son banales o están diseñados exprofeso para ocultar o mentir. Por otro lado, no es fácil saber si todos esos fenómenos que nos alarman y nos hacen ver las facetas más oscuras o perversas del ser humano siempre han existido (pero no las conocíamos por mantenerse ocultas) o son manifestaciones propias de la descomposición a la que hemos llegado en la época actual.

Sea cual fuere la respuesta, todo ser humano asume una postura y más vale hacerla consciente para responsabilizarse de ella, en vez de que las circunstancias lo jaloneen y hagan perder el control de su propia existencia. No todos pueden darse el lujo de ser arquitectos de su propio destino por su situación de precariedad, pero cada vez aumenta la cantidad de personas que sí pueden, aunque sea parcialmente. ¿Qué nos corresponde hacer frente a las circunstancias actuales, además de quejarnos, juzgar, denunciar, exigir o lavar culpas con acciones asistencialistas?

He aquí una pregunta, lanzada especialmente a quienes han tenido el privilegio de pertenecer a la clase media, haber hecho estudios superiores, contar con un trabajo estable, una jubilación digna o tiempo libre. Las circunstancias nos convocan a inventar y construir otros mundos posibles, y un sinfín de herramientas se ponen hoy a nuestro alcance para lograrlo. ¿Cómo trascender la situación de malestar que inmoviliza y activar la fuerza creativa del espíritu lúdico, aventurero y esperanzador?

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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