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Relatos sobre el Antropoceno carrillense

Recientemente concluyó el curso de verano de la Casa de la Vinculación Social, de Carrillo, Querétaro (CVS), organizado por el grupo Micelio Urbano y varios colaboradores independientes, dedicados al arte, la historia y la promoción cultural.

Este grupo se integra mayoritariamente por jóvenes veinteañeros, comprometidos con la horticultura urbana, la divulgación de la ciencia y la educación ecológica. Tiene además un proyecto llamado El Tlacuache, con el que se propone montar una ‘Expo-barrial de residuos subterráneos’ o del ‘Antropoceno’ (esa Era geológica en que la humanidad aparece y genera grandes transformaciones en el planeta).

En México se les llama ‘tlacuaches’ a pequeños animales que tienen una bolsa externa o ‘marsupio’ en la panza, donde sus crías terminan su desarrollo. Como su rabo parece chamuscado, dio lugar a una leyenda por la que se considera una especie de Prometeo prehispánico, pues se atrevió a robarle el fuego a la Señora Lumbre, para entregarlo a los humanos. Por eso el tlacuache también se relaciona con el conocimiento, pues “da luz en la oscuridad”. Además, tiene que ver con la canción de ‘Cri-Cri, de ‘El ropavejero’ que va por todas las calles de la gran ciudad, comprando y vendiendo, no sólo trebejos o cachivaches, sino también problemas sociales: chismes, berrinches, regaños y pleitos…

‘El Tlacuache’ es un reciclador y en Carrillo hay muchos ‘tlacuaches’ o ancianos que antes eran campesinos, pero se volvieron “pepenadores” o “chachareros”, por los grandes cambios que sufrió el pueblo, al ser invadido por la industria y el comercio.

La idea de la ‘Expo-barrial de residuos subterráneos’ surgió de un imprevisto que enfrentó ‘Micelio Urbano’, al intentar construir un huerto en la CVS, pues la tierra resultó altamente contaminada por grandes cantidades de basura muy tóxica, enterrada ahí por más de 50 años.

Varios ancianos del ‘Círculo de narradoras de historias’ (que también participan en la CVS), narran con gran nostalgia, cómo Carrillo fue un pueblo agrícola y ganadero, con las tierras más fértiles del Bajío, pero con la agresión de la industria y del comercio neoliberal, se volvió una de las zonas más contaminadas y desordenadas del país.

El proyecto de ‘Micelio Urbano’ implica hacer recorridos o mapeos barriales, para reconocer cómo se dan ahí las relaciones entre Naturaleza y humanidad. Así que, en el curso de verano se formó un grupo de chavas(os) ‘ecodetectives’, para observar y registrar lo que hay en los alrededores.

Semejantes recorridos debieran ser tarea cotidiana de los funcionarios del Municipio de Querétaro pues, al parecer, poco se enteran de lo que sucede en los lugares que gobiernan (o si se enteran, parecen no darse por aludidos).

Muchas preguntas surgen con esta práctica, pues resulta inevitable contrastar los hechos en las colonias populares, con los cínicos discursos de quienes detentan el poder en el “mejor municipio del mundo” y con “el mejor presidente municipal de México”.

En esas caminatas pudieron constatarse, por ejemplo, veladoras en las banquetas, para recordar a ese chavo que mataron a puñaladas en una riña; murmullos sobre los balazos que hubo pocos días después en otra calle cercana; indigentes que habitan terrenos baldíos, improvisando su guarida con basura; calles enlodadas sin urbanizar o sin mantenimiento; fugas de agua que llevan meses sin atender, cables tirados; serios problemas de movilidad por el exceso de automóviles, señoras cocinando con leña, luego de que les robaran (¡cuatro veces!) sus tanques de gas (lo único valioso que tenían) y, sobre todo, enormes cantidades de basura, tirada por doquier (en especial desde que el servicio de limpia fuera privatizado por Marcos Aguilar).

Es cierto que lo que ven los ojos adultos en esos recorridos, no es lo mismo que lo que ven los ojos infantiles o adolescentes (y viceversa), pero en el momento de poner en común la información recabada, hubo coincidencia en señalar el grave deterioro del lugar.

Los funcionarios municipales alegarán que “falta presupuesto”. Y es que resulta prioritario restaurar los bienes ostentosos y superfluos, instalados por la corrupción y el desinterés en la población, como la maqueta de la Alameda Hidalgo o las cinco estatuas de Santiago Apóstol, así como desmontar las funestas casetas ‘tipo Dubai’.

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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