Sueño de una tarde dominical en la alameda central…

Es el título de un espléndido mural de Diego Rivera. Testimonio pictórico de un pueblo en su una época; el mural, una historia contada de lo que el pintor veía y quiso decir.
Cultura de contrastes, 1947 donde la pobreza y la riqueza ahí están, nunca han dejado de estar, a pesar de la Independencia y la Revolución; a pesar de la masa intelectual, las universidades y sus esfuerzos, el mundo de la filosofía, la fuga de cerebros, los movimientos de equidades, y los cambios políticos, la pachanga y los estados de confort, hoy por hoy, se imponen.
Paradoja del momento en que se pintó el mural mencionado y su propósito: siendo Diego Rivera, ícono del momento e incipiente movimiento socialista comunista en México, la post guerra y la ilusión de estar a la altura del 1er. mundo, para que su mural terminara adornando el lobby del lujoso Hotel Del Prado, ubicado justo en la avenida Juárez, frente a la misma Alameda Central de Ciudad de México, y que terminara demolido a consecuencia del terremoto de 1985.
El lujoso Hotel del Prado, como muchos, muchos más edificios emblemáticos de la arquitectura e ingenio nacional, sucumbieron a las fuerzas de la madre naturaleza. ¿Falta de cálculo ingenieril? ¿exceso de corrupción? ¿Exceso de soberbia? El trasatlántico que ahora está de moda, El Titanic, fue presa de ambos factores: la madre naturaleza y la sobrevaloración humana. En fin, el mural fue rescatado y ahora ubicado en su nuevo recinto, considerado un mejor y más “seguro” lugar, igual, frente a la Alameda Central, Museo Diego Rivera.
De una obra maestra de la pintura que surge en medio de la ambigüedad de la Cul-Mex, pasamos a la otra expresión inaudita de la conducta humana, que no es precisamente para celebrar: Destruir para construir e imponer, por poder de mentalidades.
La célebre frase de la conquista: “porque quiero y puedo, lo hago…” sin considerar lo ya realizado y la oportunidad de consolidar los legados, a partir de aportar más y diferentes factores en pro de la comunidad-sociedad.
Primero de julio, una mañana recién lavada por la escasa lluvia, pero al fin lavada y transparente, decidí hacer un recorrido en bicicleta, de sur a norte y de norte a sur por la desventurada avenida 5 de febrero que según declaraciones concluirá en tiempo y forma predichas, es decir, antes de diciembre de este mismo año.
Casi diario tengo que cruzar la mentada avenida, de lunes a viernes, siendo el tramo que padezco, de sur a norte, el de Madero al retorno frente de la Coca-Cola, para regresar de norte a sur hasta Tlacote. El tiempo que emplee, no tiene la menor importancia, ya está registrado como un evento que se registra y se suma como la institucionalización de la violencia y violentación tácita a la ciudadanía.
Hice el recorrido por dos razones, una de qué manera esta concepción de obra urbana, cuida y descuida a la gente de a pie, quienes tienen que caminar por la banqueta, o lo que queda de ellas, o ¿hay que decir campos minados? Igualmente, quise ver cómo las personas de bicicleta, más las ahora empleadoras de patín del diablo eléctrico, también son consideradas y no consideradas.
La experiencia fue divina, dos horas entre que salí de casa y regresé. Bicicleta y rodada de montaña, experiencia similar a la rodada que hice por la 5 de febrero podrían equiparase en lo que a riesgos y empleo de energía se requeriría.
No es mucho ocho kilómetros, sin embargo, la experiencia, sin duda, estuvo a la altura de las expectativas que previamente había pensado: un viacrucis; una Odisea; una manda, como le queramos nombrar. Lo que antes del viernes era tierra, nubes de polvo y calor seco, esta vez el lodo me acompañó a través de todo el trayecto. En los dos momentos, tierra y lodo, sin mucha ciencia y estadística sofisticada, se puede evaluar, en una escala de cero a diez, 0-10, las condiciones de trato para la ciudadanía transeúnte y toda la demás, un cuatro, 4, y con esta evaluación, de nuevo, florece y se consolida el síndrome de la ciudad maltratada, a tal punto de negación alegórica, que se escucha el cuento corto sanador de “…pero, a pesar de todo esto, algún día, se va a ver bien bonito. Bueno, aunque no se resuelva la fluidez vehicular de manera sustancial…”.
Tomé alrededor de 50 fotos a lo largo del trayecto reconstrucción de la 5 de febrero: lo que antes era la circulación sobre puentes, ahora será bajo túneles; donde había semáforos para dar vuelta a la izquierda y derecha los seguirá habiendo, con la novedad de que en algunos cruceros habrá puentes voladores de un carril que llegarán, como antes, a cuellos de botella. Viniendo del Pueblito en el mismo lugar y antes de ingresar al primer túnel, se deja ver cómo es que volverá a ser la trenza caótica entre los autos que quieren seguir por la gran avenida y los que quieren entrar a esta, avanzándose temerariamente y querer meterse, a como dé lugar, más adelante; los autos que vengan del Pueblito y quieran tomar Zaragoza, ya sea poniente, ya sea oriente, se toparán con el viejo amigo semáforo que en la friolera de cuatro tiempos distribuidos en 90 segundos , generarán los mismos y anhelados cuellos de botella en ese crucero tan conocido por el pueblo queretano. El tráfico, con sus embotellamientos ser una renovada y lucrativa verbena de estrés y maldiciones. En el recorrido y al llegar a casa reflexionaba en torno a que, ahora que se concluya la mega obra, será lo mismo, pero en una versión corregida, aumentada y como sí fuese el último grito de la arquitectura e ingeniería vial.
Personalmente, y eso no quiere decir mucho, ni siquiera poco, no alcanzo a ver cómo, ni cuándo, este trabajo urbano termine en tiempo y forma, todo lo contrario, se extenderá de manera impredecible y lloverán argumentaciones y contraargumentaciones reivindicativas, buscando chivos expiatorios sin encontrarlos.
Ojalá y se procediera con actitud de valentía y transparencia en la que se reconozca que esta obra sólo es por lucimiento de una época y no por una necesidad social importante. y personas específicas, tal y como Luis Mi…cantara, parafraseando: “…no culpes a la noche, no culpes a la playa, no culpes a la lluvia: ¿será que no nos pueden hablar con verdad?
Lejos de ser un sueño de una mañana dominical, pasa a ser una pesadilla de una mañana cualquiera por la 5 de febrero…



