Opinión

Ayotzinapa: barbarie y descomposición institucional

Por: Ángel Balderas Puga

“Por esos muertos, nuestros muertos, pido castigo. Para los que de sangre salpicaron la patria, pido castigo. Para el verdugo que mandó esta muerte, pido castigo. Para el que dio la orden de agonía, pido castigo. Para los que defendieron este crimen, pido castigo. No quiero que me den la mano empapada con nuestra sangre. Pido castigo. No los quiero de embajadores, tampoco en su casa tranquilos, los quiero ver aquí juzgados en esta plaza, en este sitio.”

Pablo Neruda, fragmento del poema “Los enemigos”.

La gravedad de la agresión a los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, el pasado 27 de septiembre, fue de tal magnitud que deberían haber de intervenido, de manera inmediata, los tres niveles de gobierno, el federal, el estatal y el municipal, sin embargo, el gobierno federal se vio totalmente omiso. Como ha sucedido en otras ocasiones, diversas autoridades, para justificar su omisión, alegan que pueden investigar una desaparición hasta después de que hayan pasado 72 horas, dizque para verificar que en realidad se trate de una desaparición forzada. Sin embargo, eso hasta parece complicidad pues, como en todos los casos de desaparecidos, esas 72 horas son de vital importancia para salvar la vida de una persona secuestrada. Desde la misma noche de la agresión era evidente que se trataba de desapariciones forzadas, por lo que la Procuraduría General de la República o la Procuraduría Estatal de Guerrero deberían haber intervenido inmediatamente, pero no lo hicieron.

El 12 de diciembre de 2011 ya habían sido asesinados dos estudiantes de la misma Normal de Ayotzinapa cuando elementos de la policía federal desalojaron un plantón que los estudiantes habían establecido en la autopista del sol.

Es importante que haya un deslinde de responsabilidades, pues ya desde el año pasado se había denunciado al presidente municipal de Iguala como mandante del asesinato de tres líderes sociales y nunca se investigó nada. A eso conduce la impunidad.

Esta masacre de estudiantes se da a pocos días del cuadragésimo sexto aniversario de la matanza de Tlatelolco. Este nuevo hecho de barbarie es una muestra más del retroceso histórico en México.

Cuando en el gobierno de Felipe Calderón el investigador Edgardo Buscaglia se refirió a México como un “Estado fallido” muchos políticos pusieron el grito en el cielo y se escandalizaron, alegaron que el Estado mexicano era “débil” pero que no se llegaba al extremo de ser un “Estado fallido”. Sería interesante ver qué opinan esos defensores del gobierno de México ante la barbarie que poco a poco se va instalando en nuestro país. La infiltración de la delincuencia organizada a diferentes estructuras del gobierno en sus tres niveles (municipal, estatal y federal) confirma que en México falla el Estado en una de sus obligaciones centrales: proporcionar seguridad a sus gobernados.

Muchos mexicanos nos preguntamos ¿dónde está la frontera entre los delincuentes y los cuerpos de “seguridad” del Estado? En Iguala, aparecieron lonas firmas por el grupo delincuencial “guerreros unidos” pidiendo la liberación de los policías que han sido detenidos como presuntos responsables del asesinato y de la desaparición de los normalistas. ¿Cuándo se ha visto que delincuentes defiendan a los policías? Esto no sería posible si no hubiera complicidad entre ambos grupos.

La saña con la que actúan algunos cuerpos de “seguridad” del Estado mexicano lindan ya en acciones de terrorismo de Estado y de esto es culpable, sin ninguna duda, nuestra clase política, la gran responsable de la degradación de las instituciones.

La protesta

El pasado miércoles 8 de octubre, miles de mexicanos salimos a las calles, en al menos 25 estados de la República, para mostrar nuestra solidaridad con los estudiantes normalistas agredidos, marchamos en decenas de ciudades de México pero también se marchó en el extranjero; en Europa, en Estados Unidos y en América Latina se alzaron voces de repudio contra la inutilidad y la irresponsabilidad del gobierno mexicano incapaz de dar una respuesta decente a este hecho bochornoso. “Vivos se los llevaron, vivos los queremos” fue la principal consigna de la movilización. Esta protesta me recordó los días en los que se mostraba, a nivel nacional, el repudio al candidato Enrique Peña Nieto, en las pasadas elecciones presidenciales, movilizaciones casi espontáneas convocadas, principalmente, en redes sociales con muy poco tiempo de anticipación; sin embargo, la respuesta de la juventud es bastante alentadora, lo que muestra también que muchos jóvenes se mantienen informados a pesar del bloqueo sistemático de los principales medios de comunicación, comenzando por las televisoras oficiales, tan críticas en otras ocasiones en cosas sin importancia y tan omisas, igual que el poder, en hechos relevantes y fundamentales para la sociedad mexicana.

anbapu05@yahoo.com.mx

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