Opinión

Bajo el volcán

Punto y seguido

Pot: Ricardo Rivón Lazcano

Hace más de 20 años la leí por primera vez (novena reimpresión de la editorial ERA). Pesada lectura. En alguna parte Lowry escribe “¿Qué es el hombre sino una minúscula alma que mantiene en su vida a un cadáver?”

 

Hace unas semanas encontré, en un remate, el libro que recoge la correspondencia de Malcolm Lowry de 1926 a 1957. El editor le puso como título “El viaje que nunca termina”. Leo en la página 123 (escribe desde el número 24 de la calle de Humboldt, Cuernavaca, Morelos, el 2 de enero de 1946): El escenario (de la novela) es México, lugar de encuentro, según algunos, de la misma humanidad. México, fuego que consumió la vida de Bierce, el del Diccionario del Diablo; México, lugar de saltos mortales para artistas gringos, como por ejemplo el poeta suicida Hart Crane.

Territorio antiquísimo –dice Lowry–, de conflictos raciales y políticos de toda especie, donde un pueblo nativo, genial y pleno de color, tiene una religión que, a grandes rasgos, podríamos describir como una religión de la muerte; por lo mismo es un buen lugar, por lo menos, tan bueno como cualquier condado inglés.

Cuernavaca sitúa el drama, pero el verdadero campo de batalla es el hombre singular, el uno mismo que lucha contra las potentes fuerzas del bien y del mal.

Podemos considerar a México –continúa–, como el mundo, o el Jardín del Edén, o como ambas cosas a la vez. O como una especie de símbolo intemporal del mundo en el que es posible situar el Jardín del Edén, la Torre de Babel y, de hecho, todo lo que nos apetezca. Es un lugar paradisíaco, e indudablemente infernal.

En realidad se trata de México, el país del “pulque” y de las “chinches”, y es importante recordar que la historia –la ficción– se inicia en noviembre de 1939, el Día de los Muertos, y precisamente un año después de que el cónsul, personaje central, ha sido lanzado al abismo. Siempre el abismo de uno.

Hoy entiendo mucho mejor la novela. Es una versión reunida a fuerza de los fragmentos que son la vida real. Debo decir, mejor, que creo entenderla porque Lowry afirma que habla, principalmente, de ciertas fuerzas existentes en el interior del hombre que le llevan a sentir terror de sí mismo (¿metamorfosis kafkiana?). También habla de la culpa del hombre, del remordimiento, del ascenso incesante hacia la luz bajo el peso del pasado, y de su último destino.

La borrachera del cónsul se emplea en cierto plano como símbolo de la borrachera universal de la humanidad durante la guerra, o durante el período inmediatamente precedente, que es casi lo mismo, y la profundidad y el sentido final existente en su destino –del cónsul– debieran ser considerados también en relación con el destino último de la humanidad.

Entiendo, creo entender. Uno es el lugar de todos los lugares en que suceden todas las historias.

El viaje que nunca termina finaliza con una carta dirigida AL QUERIDO SEÑOR DIOS:

Te ruego encarecidamente que me ayudes a ordenar este trabajo, aunque parezca feo, caótico y pecaminoso, de modo que sea aceptable a tus ojos, para que de ese modo, según parece a mi cerebro desordenado e imperfecto, pueda alcanzar los más altos cánones del arte, abriendo, no obstante, nuevos caminos y rompiendo viejas reglas cuando sea necesario; tiene que ser estimulante, tempestuoso, atronador, la vivificante palabra de Dios debe resonar en él proclamando la esperanza para el hombre, y sin embargo tiene que ser también equilibrado, grave, lleno de ternura y compasión, y humor: como el escritor se halla él mismo cargado de pecados, si se le deja solo no puede escapar a conceptos en ocasiones falsos e inanes, y somete su voluntad a la de una bandada de becacinas que lo llevan por senderos equivocados.

¿Delirio? Muy probable. Sin embargo es clara la intensidad de las emociones y el respeto por la escritura y una vocación de la que, suena raro, no tenía escapatoria.

106 cartas que muestran a un hombre entregado a la literatura, lector minucioso, obsesivo, conocedor del mundo editorial con todo y sus envidias, desencuentros, y gente noble.

 

rivonrl@gmail.com

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