Opinión

Cantos dylaneanos

Por: Julio Figueroa

Bob Dylan es una piedra libertaria que encarna el espíritu de protesta de una época y al mismo tiempo es la negación del espíritu panfletario de protesta. Por eso sigue rodando y cantando desde su yo pleno de creatividad. Gustos y diferencias aparte.

–¿Qué se siente ser libre y vivir en libertad?

–Es una dura batalla todos los días dentro de uno mismo en el mundo. Es tomar decisiones: sí, no, no sé, quizá, quién sabe, suspender el juicio… Equivocarse, acertar y seguir siendo, haciendo.

–¿Qué se siente ser como una piedra que rueda cuesta abajo?

–No es un poema ni una canción bonita; quizá una oración.

–¿Qué se siente llegar hasta arriba?

–Recogimiento. Silencio. Seguir tocando.

 

Sin duda hay músicos mejor dotados que Dylan: en la voz, en la guitarra, en la armónica, en el piano, en las letras, en los acompañamientos… ¿Qué es lo que hace grande a Dylan? Su espíritu libertario de época que lo ha conectado sin complacencias con millones de libertades únicas y comunes.

La fiesta de los sesenta se acabó y los ideales terminaron en la basura. Pero la música y el mundo siguen rodando. La tragedia, el amor y la vida están en todas partes. Hay que cambiar con los tiempos que cambian sin dejar de ser uno. Hay que ser auténticos desde nuestras limitaciones y nuestra visión del mundo. Sin la carga de los dioses. Romper los espejos.

La enseñanza del maese Dylan: no tocar dos veces igual la misma rola, porque la rola también rueda como las piedras.

¿Rodar como una pinche piedra o sentarse todo el santo día en la pinche piedra? He allí el dilema. Cada quien decide.

Historias como trenes a ninguna parte, plenas de metáforas mágicas multicolores y explosivas, florean en el alma.

El trovador de Minnesota en Nueva York y el mundo sigue rodando, silencioso, tocando, soñando despierto.

Finge no vernos y fingimos apenas escucharlo, su bajo perfil lo vuelve casi invisible, frente a los mediáticos del espectáculo, la palabra, el estruendo y el movimiento, pero esa piedra es un río tumultuoso de sentidos que fluye y se filtra por todas partes.

Tal vez se apartó del mundo para ver mejor y cristalizar su tiempo: cogerlo, sacudirlo y romperlo.

Venga, maese, venga esa rola y role con los tiempos que siguen rolando.

Yo espero que el sábado 10 de diciembre, desde algún lugar de la tierra, Bob Dylan y la bandota de sus cuates (incluyendo a Lennon y a George Harrison), hagan rolar la música del mundo llamado Tierra a través de todo el Universo, como un canto rodado de libertad y comunión. Así sea. Gracias. Amén.

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