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La derecha mexicana y su proclividad para servir a intereses extranjeros

La derecha mexicana es atípica. A diferencia de muchas derechas europeas (la española, la italiana, la húngara, la francesa, etc.), la derecha mexicana es altamente proclive a servir a intereses extranjeros, mientras que las derechas antes mencionadas son nacionalistas y defensoras de los intereses de sus propios países.

La derecha mexicana tiene un largo cordón umbilical de estar a favor de intereses extranjeros y de solicitar o permitir la intervención extranjera en los asuntos exclusivos de nuestro país.

En la lucha por la independencia, los antepasados de los derechistas de hoy estuvieron del lado de los españoles, pues querían que nos siguieran gobernado. En la Reforma, los ancestros de los derechistas de hoy se fueron a Europa a buscar un príncipe europeo para que nos viniera a gobernar.

Desde la época de la revolución mexicana para acá, la derecha mexicana se ha dedicado a favorecer intereses extranjeros. En el porfiriato se vestían a la moda francesa y estaban contentos con que fueran los anglosajones los que dominaran nuestros hidrocarburos y nuestra electricidad.

Tan felices estaban de que los anglosajones controlaran nuestra riqueza energética que en 1938 se opusieron a la nacionalización del petróleo y en 1960 se opusieron a la nacionalización del sector eléctrico. De hecho, el PAN, es un partido que nació con ese objetivo, defender los intereses de las grandes transnacionales extranjeras.

Hasta antes de la nacionalización, nuestra riqueza petrolera estaba controlada por la London Trust Oil-Shell, la Mexican Petroleum Company of California (ahora Chevron-Texaco), la Huasteca Petroleum Company, la Tamiahua Petroleum Company, la Tuxpan Petroleum Company, la Pierce Oil Company, (subsidiaria de Standard Oil Company, ahora Exxon-Mobil), la Californian Standard Oil Co. de México, la Penn Mex Fuel Oil Company (ahora Penzoil), la Petroleum Company of Mexico (ahora ARCO), la Mexican Sinclair Petroleum Corporation y la Mexican Gulf Petroleum Company (luego llamada Gulf), entre otras.

Con la reforma energética del PRIAN, en 2013, se modificaron los artículos constitucionales 25, 27 y 28 para permitir contratos en el sector energético, sin poner ningún tipo de candados a la inversión extranjera. Se legalizaron contratos que habían sido concedidos de manera ilegal.

Hasta antes de 2013 correspondía exclusivamente a la nación generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer energía eléctrica que tuviera como objeto la prestación de servicio público, el PRIAN no sólo comenzó a permitir que extranjeros generaran energía eléctrica, sino que modificó la constitución para que transnacionales extranjeras pudieran participar en todas las demás actividades de la industria eléctrica.

Como resultado, hoy en día, transnacionales extranjeras controlan casi el 40 por ciento del total de las gasolinerías del país. Por ejemplo, a marzo de 2022, British Petroleum tenía 509 gasolineras, Exxon Mobil 495, Respsol 262, Shell 251, Total 226, Chevron 225, Arco 205 y Gulf 144. Lógicamente, las ganancias por la venta de gasolina terminan fuera de México y van directamente a sus casas matrices en Estados Unidos, en el Reino Unido, en Francia o en España.

En el caso del sector eléctrico se entregó el 62 por ciento de la generación de energía eléctrica a manos particulares, en su inmensa mayoría extranjeros. Proyecciones de 2021 señalaban que, a ese paso, al final del sexenio, las transnacionales extranjeras dominarían el 85 por ciento de la generación de energía eléctrica y por lo tanto fijarían las tarifas, con un enorme dañado para la población y para las pequeñas y medianas empresas.

Para esto el PRIAN quiere regresar al poder, para servir a sus amos extranjeros.

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