Ciberactivos

El Museo del narcotráfico

El alcalde de Badiraguato José Paz López Elenes, de Morena, ha manifestado su apertura para crear en el municipio que gobierna un museo dedicado al narcotráfico. Según López Elenes, el museo ayudaría a deshacerse del “estigma de Badiraguato”. Como argumento principal el morenista sostuvo que no se puede negar la historia del municipio, que se debe reconocer y que sobre esa base trabajarían para valorar el proyecto.

El presidente municipal no ha descartado que en dicho museo se pueda exhibir parte de la vida del Chapo Guzmán, “Si es necesario ahí va a estar, no hay que negar, él es de Badiraguato, no lo sé nada más yo, lo sabe todo el mundo”.  Declaro textualmente el titular del ejecutivo municipal. Desde su particular perspectiva el museo del narco podría contribuir al desarrollo de Badiraguato.

Ante tal propuesta diferentes voces se han hecho escuchar para oponerse a esta iniciativa, como la del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, oriundo de Badiraguato, quien declaró: “No comparto en absoluto y rechazo enfáticamente la idea de construir un museo del narcotráfico en Badiraguato. El municipio en que nací se distingue históricamente por la vocación de trabajo, la bondad y la lealtad de su gente”.

La propuesta es delirante, casi inverosímil, sólo posible en un sexenio en donde el gobierno federal no sólo no ha combatido al narcotráfico, sino que ha contribuido de manera importante a su normalización, crecimiento y penetración en las diferentes estructuras sociales y gubernamentales. El gobierno de Morena ha brindado un comedido trato al crimen organizado, que ha ido desde el célebre abrazos no balazos y la liberación de Ovidio Guzmán, hasta el resurgimiento de Badiraguato como espacio privilegiado para las recurrentes visitas presidenciales.

La aventurada propuesta del alcalde morenista no se da en el vació, tiene lugar en un contexto en donde el discurso presidencial trata a los narcotraficantes como sujetos dignos de todo respeto y consideración; merecedores del reconocimiento puntual y cuidadoso de sus derechos humanos, sujetos exentos de la aplicación de la ley, dados los inconvenientes que esto implica.  En este escenario, los narcotraficantes ganan terreno no sólo geográficamente, también simbólicamente, pues siguen siendo objeto de culto para la industria del entretenimiento y ahora para los encargados de la política publica de Badiraguato.

De materializarse la propuesta, se consumaría una de las iniciativas más descabelladas, surrealistas y contrarias a la promoción de los valores ciudadanos, en favor de la glorificación del narcotraficante y su consolidación como referente de asenso social para las nuevas generaciones.

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