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MORENA Y LA CARTELIZACIÓN DEL SISTEMA DE PARTIDOS EN MEXICO

Según Katz y Mair (2018), la cartelización de los sistemas de partidos es similar al tipo de competencia que se establecen en los mercados oligopólicos. En ellos, la competencia es simulada, básicamente por dos cosas. Porque hay 1) una unión clara, pero no declarada de los supuestos competidores para dejar fuera a otros posibles competidores, que no pertenecen “al club” y 2) reparto de rentas, es decir, ganancias disociadas de la productividad real o, en el caso de la política, la asunción de políticas que se desvían del interés social medio y políticas que favorecen a los grupos o miembros asociados al cártel. Es pues, un arreglo en el que se sustituye la competencia real, por el acuerdo y la colusión para minimizar pérdidas, repartir ganancias entre unos cuantos y dejar fuera a los “indeseables”.

En México, la cartelización del sistema de partidos tiene varios años, con momentos que la hacen evidente e irrefutable, el primero, el proceso electoral del 2006, que mostró el intento del cartel de partidos por dejar fuera de la competencia – o hacer que no ganara bajo ninguna circunstancia – a AMLO (recordemos el intento de desafuero y la terrible intervención de los podres reales y públicos en contra de López Obrador) y desde luego, el llamado pacto por México, que evidenció la alianza colusiva entre el PAN, el PRI y el PRD, buscando un reparto de beneficios para los partidos y sus liderazgos, pero no para el mexicano de a pie y tampoco para los partidos que no se sumaran a las ideas de la privatización de la industria eléctrica y petrolera del país.

La cartelización, sin embargo, no es eterna y AMLO y Morena se están convirtiendo en el taladro capaz de agujerar ese cerco y reactivar las posibilidades de competencia real en el sistema de partidos en México. AMLO y la 4T representan un conjunto de ideas, actores (con sus notables y terribles excepciones) y políticas que no caben en el conjunto factible de posibilidades del cartel que dominó la política mexicana del 2005 al 2018.

El proyecto de reforma electoral que se atisba en el escenario también parece reforzar esta idea, pues eliminar o reducir los plurinominales, disminuir el financiamiento público de los partidos políticos y otros cambios, llevarán a los partidos no a compartir ganancias rentistas, sino a sufrir pérdidas drásticas sino empiezan a considerar con seriedad los reclamos y necesidades del electorado. O sea, ¡señores del cartel, se acabaron las vacaciones, dejen de vivir de nosotros y pónganse a trabajar! ¡A ver si se acuerdan qué se siente trabajar como cualquier otro ciudadano!

En ese sentido, la supuesta polarización que estamos viendo en el escenario político actual, no es tal, sino a penas el inicio de una esperanzadora reactivación de la competencia real entre alternativas políticas. Tuvimos años de partidos y políticas aburridas, sin diferenciaciones claras y, mucho menos alternativas. La política es lucha y contraste, o no es. Si no es tal, entonces es cartelización.

Esperemos que la 4T avance en este sentido. Es necesario que purgue a su propio partido y a sus gobiernos, para que prácticas como la corrupción o la lejanía de la gente no nos lleve a una nueva forma de cartelización o torcedura política.

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