Se dice en el barrio

LA LUNA SE COMIÓ AL SOL

Los martes, como hoy, mis nietos llegan a mi casa tan hambrientos, que a veces le he pedido a su papá que los vea el médico: no sea que tengan problemas. Por segundos, mi hijo me ve fijamente y se echa a reír ‘naturalmente’ y me pregunta: ¿«acaso no recuerdas cómo tragábamos yo y mi hermano, como si no comiéramos por muchos días? Es la edad del crecimiento».

Cuando llegaron, fue más mi desconcierto. En lugar de sentarse, como siempre, en el comedor, mis nietos me llevaron al patio para que les explicara el eclipse del día anterior. ¿De pronto se les fue el hambre?, ¿ya dejaron de crecer y no necesitan comer?, ¿los amenazaron sus padres para que no llegaran a mi casa a devorarlo todo?

“Abuelo ─me dijeron sin disimulo─: la maestra dijo que quería que explicáramos cómo veían los eclipses nuestros antepasados. Antes no había estudios científicos como hoy, sino que tenían mitos. Por eso nos pidieron que entrevistáramos a los antiguos, y por eso te preguntamos”.

Mis nietos me ven como algo “antiguo”, y me preguntan sobre los mitos, como si yo los representara. No se dan cuenta de que el tiempo es mucho más largo de lo que vive una persona. Estoy viejo, pero no me «jodan». Como sea, «hice de tripas corazón», y les conté algunas cosas que oí de mi bisabuela, cuando yo apenas sabía hablar.

Comencé queriendo justificar lo que podría significar para nuestros antepasados el que, de repente, se les oscureciera un día: podían pensar que ellos estaban enfermos y se morirían o, si tenían una idea cosmogónica, pensaban en el fin del mundo, o hasta en un castigo divino (si tenían alguna idea de que la realidad dependía de seres extraordinarios). Mis nietos nomás abrían los ojos todo lo que podían, como espantados. Yo bien sabía que no me estaban entendiendo.

Enseguida, intenté explicarles que, cuando uno no sabe qué pasa, muchos acontecimientos extraños pueden dar lugar a ideas fantásticas, o hasta a miedos. De ahí surgen algunos mitos y religiones. Como el caso de algunos grupos mayas, que pensaban en el Sol como la fuerza suprema, a la que nada se le oponía, con excepción de la Luna. Como ella era la diosa de la fertilidad y el parto, a final de cuentas, como quien no quiere la cosa, llevaba la voz cantante en la naturaleza. El sol era fuerza, pero la luna era gestación y vida. En su reconocimiento, nuestros antepasados tenían muchos ritos lunares. Para ellos, el eclipse podía sugerir que la Luna podía más que el Sol: era el pájaro emplumado o la Gran Serpiente, que devoraba al Sol para dar lugar a un mundo nuevo. ¡Bueno!, algunos lo pensaban así.

Ya metido en la teogonía del Anáhuac, les dije que a algunos mesoamericanos les aterraban los eclipses solares: como el sol desaparecía en el día, pensaban que nunca resurgiría. Por eso, los veían como manifestaciones de fuerzas sagradas que no podían controlar.

Algunas de esas ideas han quedado en la mente de la gente de hoy, que ve en los eclipses un presagio de males. Por eso, sugieren que no salgan de sus casas, hasta que pase el eclipse. Otras personas, cuelgan cobijas o telas muy gruesas en ventanas y puertas, para que no entre ni un rayo de luz del sol oscurecido. Hay mujeres que, al estar embarazadas, temen que el eclipse produzca en su criatura alguna deformidad, por lo que se ponen un hilo rojo en el vientre.

Aunque el tema sigue dando miedo a algunas personas ─expliqué a mis nietos─, hay que tener en cuenta que son fenómenos naturales del universo, y que existen desde miles o millones de años antes de que nosotros hubiéramos nacido. También les dije que me gusta que a los escolares les hagan investigar sobre temas como los de los eclipses, las mareas, las estaciones del año y más fenómenos, para que conozcan ciencia y tradiciones y, también, para que, al platicar los niños con la gente mayor de su casa, aprendan unos de otros y aprecien el mundo y les quiten lo mítico a los fenómenos naturales.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba