Opinión

Desencanto y divagaciones

Jicotes

Por: Edmundo González Llaca

Cuando observo la reacción del gobierno mexicano, insulsa y desdeñosa, ante los casos de evidente corrupción de la cloaca de Panamá y la comparo con la reacción en otros países en los que ha provocado protestas masivas de la ciudadanía, renuncias y crisis de gobierno, me hundo en una profunda depresión de si valdrá la pena ejercer la crítica política.

Como escape me pongo a divagar en algo que me apasiona: mi epitafio. Ahora he considerado poner en mi lápida: “Prohibido anunciarse aquí, quien sea sorprendido será consignado ante la autoridad celestial, ya sabemos que la autoridad terrenal no hace nada”. Espero que mi mensaje sea lo bastante intimidatorio para que en mi lápida no haya ningún grafiti ni publicidad. En fin, divagaciones del desencanto político.

La basura y el chahuistle

A la privatización de la recolección de la basura ya le cayó el chahuistle. Veamos. Después de recibir premios los barrenderos y la ciudad por su limpieza urbana, no se justificó plenamente la privatización; en la licitación ganó una empresa identificada con el PAN y las suspicacias de corrupción son lógicas; el Gobernador declaró su inconformidad a la medida y la deslegitimó; los trabajadores protestaron por considerar violados sus derechos laborales. En el probable escenario de que se mantenga la privatización, la sociedad y la clase política no quitarán el dedo del renglón, lo que hará prácticamente imposible su funcionamiento con costos bajos y de calidad. La protesta estará en la punta de la lengua y la guadaña de la inconformidad penderá permanentemente sobre Marcos Aguilar. Ojalá que su voluntad política tenga reversa. Los costos económicos son lo de menos.

La crisis del sexo

Tanatos, la muerte, nos rodea, estamos infiltrados de ella, su más clara expresión es la violencia, pero hay otros síntomas de muerte: las prisas, el miedo, la rutina, la insensibilidad. El sexo se ha convertido en un instrumento para salir de este fangoso atolladero. Lo que ha producido una extraña contradicción, por una parte, pareciera que la sexualidad es el gran descubrimiento de los últimos siglos, el eje que orienta la mayor preocupación de la humanidad. Por la otra, y como resultado de este empacho de lujuria, no hay empresas más florecientes que las de la pornografía, las drogas y los afrodisiacos. Pruebas claras de que el deseo se está marchitando y se recurre a todo, antes de lo que está al alcance de nuestra propia imaginación. Los amantes están tensos, aburridos, inseguros, somnolientos; obsesionados por la culminación del acto sexual. El sexo no se está viviendo de manera plena, optimista, risueña, satisfecha. La crisis del sexo es la crisis del erotismo.


 

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